PARA NEWELL’S, HOY PUEDE SER UN GRAN DÍA
Podrá Newell’s? Con sus fantasmas, con sus temores. Con sus ilusiones desbordadas. Con el entusiasmo creciente de su gente. ¿Podrá quebrar la hegemonía de los poderosos? ¿Podrá con el peso del favoritismo? ¿Podrá reconciliarse con su rica historia en éste, un domingo que puede ser de gloria? ¿Volverán a revolotear esta tarde por el Parque Independencia los duendes de Mario Zanabria, de Gerardo Martino, de todos aquellos que alguna vez abrazaron la gloria de un título?
Ahí están Américo Gallego —siempre con gesto grave, listo para desatar un show— y sus muchachos para dar las respuestas. De ellos depende. Será hoy. Quizás la semana próxima. Es Newell’s el dueño de su propio destino. Para conseguir el premio mayor antes deberá atravesar 90 minutos calientes, a puro tensión. Ante un oponente como Gimnasia y Esgrima de La Plata que, más allá de las suspicacias, está urgido de resultados, apretado por la tabla de los promedios. Que nadie crea entonces en regalos navideños. Que nadie imagine un oponente dispuesto a participar de la fiesta desde fuera.
El partido de esta tarde, claro, ofrece aristas para analizar. A Newell’s le quedan incómodos los desarrollos trabados, con oposición férrea y mezquina. ¿Lo saldrá a buscar entonces su adversario? O por el contrario, como sucedió con Lanús y Olimpo de Bahía Blanca, que se llevaron un punto de Rosario en las últimas dos presentaciones de Newell’s, el equipo platense lo esperará para alterarlo, para sacarlo del plan que Gallego armó con paciencia durante la semana. “Lo mejor de Newell’s se vio cuando lo salieron a buscar. Ojalá jueguen de igual a igual”, comentó a modo de deseo el Tolo. ¿Se dará?
El triunfo propio, además del empate entre Estudiantes y Vélez, sus más inmediatos perseguidores, puede terminar con las proyecciones. Con las matemáticas y los distintos escenarios, tan cambiantes, que ha presentado el torneo. Si se dan esos resultados, Newell’s celebrará el quinto campeonato de su historia. Un logro por el que espera desde hace 12 años. Las postales del Clausura 92, aquel que tiene como una figura emblemática a Marcelo Bielsa, ya aparecen ajadas, amarillentas. Newell’s quiere renovar aquellas viejas instantáneas.
En la cancha, anhelantes, estarán 30 mil almas pintadas de rojo y negro. Y le darán un marco multitudinario al estadio del Parque Independencia. Jugarán, a su manera, un partido. En la semana se agotaron las entradas, aunque la cabecera sur, la de los visitantes, mostrará espacios vacíos —más de 9.000— por una disposición del Comité de Seguridad Deportiva.
Y Rosario, claro, se paralizará durante esos 90 minutos. Incluso los hinchas de Central estarán pendientes de la suerte de su más enconado adversario. ¿Cómo no hacerlo? ¿Importará realmente lo que suceda en el Monumental, cuando el equipo de Zof —sí, de don Angel, aunque el viejo maestro continúe recuperándose en la sala de un hospital— enfrente a River? No. Todos aguardarán lo que una pelota caprichosa, antojadiza, impredecible, pueda hacer en el Coloso. Hoy es la hora de Newell’s. Ahí están Villar y Borghello. Vella y Ortega. Rosada, Marino, Belluschi y Scocco para ganarse un pedazo de historia. ¿Podrá Newell’s? Los jugadores, como siempre, tienen la última palabra.
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