Parque Jurásico
No hace tanto, para una Semana Santa, ante una segura afluencia de turistas, a alguien se le ocurrió armar una carpa-museo, en medio del desierto que conforma el Valle de la Luna, para exhibir las piezas halladas en la zona y reconstruidas con paciencia tibetana y amor latino por los expertos del lugar.
Pero la carpa resultó tal éxito y tal atracción que fue imposible sacarla. Hoy, la administración del parque destina la mitad de lo que se cobra de entradas a la edificación de una estructura que permita dejar allí para siempre un museo. Igualmente, lo que hay, no es poco.
Es posible encontrarse en Ischigualasto con antecesores de los temidos dinosaurios. Los hallazgos entre la arena permitieron dar con reptiles que comenzaron a aparecer en el primer período del terciario, mientras que sus hermanos por venir, llegaron recién en el segundo, o sea, 45 millones de años después.
Además de reconstrucciones, el museo reúne ejemplares bien conservados de “cerodontes”, primitivos amos del lugar, del tamaño de un chancho y –se especula- andar lento y rastrero. Los más antiguos de estos animales de aspecto espantoso datan de 230 millones de años atrás, de modo que, aún cuando no tienen derecho de propiedad, poseen legítimo derecho de considerarse primitivos pobladores de Ischigualasto.
Pero para los voluntarios y profesionales que trabajan en la búsqueda, no es nada sencillo la tarea –una vez hallados- de proceder a la limpieza. María Eugenia, estudiante de biología y guía en el museo, es capaz de pasar 5 horas por día para apenas limpiar una superficie de 3 centímetros.
Y los “cerodontes” no vivían solos. Basta con preguntar por el “sabrosucos” para pensar un instante que podría aparecerse algún eslabón perdido. Por fortuna no será más que la imaginación, porque los extintos, que tenían hasta 12 metros y se parecían a un cocodrilo, ya no andan por allí.
Claro, si después vinieron los dinosaurios, aprendieron a posarse en solo dos patas y depredaron todo lo que pudieron. No en vano apareció por el Valle “herrerasaurio”, el ejemplar más voraz hallado en todo el mundo. ¿Y cómo fue que desaparecieron del Ischigualasto y de todo el planeta?
Pues según los científicos, una inundación descomunal creada por deshielo acabó con ellos. Y no lo dicen por antojadizos, sino porque han llegado a la conclusión consultando a antropólogos forenses que determinaron, por la posición en que son hallados la mayoría de los fósiles, que el destino final fue morir ahogados. Y no habrá que lamentarse tanto, al fin y al cabo, usted no podría estar leyendo esto, ni yo contándolo, si es que estos señoritos hubieran perdurado.
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