PASAN 50 TONELADAS DE COCAÍNA AL AÑO
Fueron 60 kilogramos de cocaína los que volaron a Madrid. En las ahora famosas cuatro valijas se trasladó una mínima parte del narcotráfico que se mueve por la Argentina. La primera magnitud podrá encontrarse en la cifra total de secuestros de cocaína el año último: 3061 kilogramos. Aporta ese dato la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar). Los especialistas en estos temas reconocen que, en el mundo, está establecido que sólo se secuestra un porcentaje de entre el 5 y el 7 por ciento del volumen de drogas que pasa por un país.
La proyección de esos 3061 kilogramos decomisados en 2004 da una mayor dimensión del problema de seguridad: circulan por la Argentina 50 toneladas de cocaína.
Expertos de fuerzas de seguridad que analizan cada dato sobre el narcotráfico reconocen que “se intenta apuntalar un muro de contención que cada vez se hace más pesado”. Las rutas de entrada y salida de las drogas son variadas, porque una de las características del negocio del narcotráfico es su capacidad para mutar y adelantarse a las respuestas de un Estado.
La marihuana es la droga más consumida en la Argentina y este año fueron decomisados 54.786 kilogramos. El número parece alto si no se tiene punto de comparación. Pues bien, en el Sedronar afirman que ingresan en el país unas 3500 toneladas de marihuana cada año. Toman esa cifra de los datos brindados por las autoridades paraguayas, que estimaron la producción en su país a partir del rendimiento de las hectáreas cultivadas. El volumen total de la marihuana cosechada en Paraguay es de 18.000 toneladas.
El viernes último en Ezeiza se secuestraron 26 kilogramos de heroína que se intentaba transportar a Holanda. Las autoridades de ese país tienen buenos contactos con las fuerzas de seguridad nacionales, por el corredor de drogas de dos vías que se detectó hace un par de años. Heroína y cocaína son embarcadas rumbo a Amsterdam, donde se cambian por drogas sintéticas para el mercado argentino.
Esa ruta tiene su inicio en Colombia, donde las drogas son enviadas por vía aérea a Ezeiza, con escalas previas en Ecuador, Perú o Brasil.
La línea internacional de narcotráfico que nace en Colombia tiene como destino principal de la cocaína a España, Bélgica, Portugal, Holanda y Alemania. Pero una segunda línea no menos importante es el traslado de heroína desde Ezeiza hasta la costa oeste de Estados Unidos.
Tanto la vía aérea rumbo a Estados Unidos como la dirigida a Europa tienen dos variantes. Por un lado, la droga es trasladada por las llamadas mulas (personas que llevan cantidades menores de cocaína en su equipaje, despachado o de mano), que son reclutadas por células instaladas en la Argentina.
Una segunda variante que empezó a explotarse es el traslado, por caminos terrestres y sin drogas, de las llamadas mulas a Brasil, donde reciben el cargamento de cocaína que transportarán en vuelos a Europa y la costa este de Estados Unidos.
El camino de los camellos
A diferencia de las mulas, los denominados camellos llevan la cocaína dentro de sus cuerpos, en cápsulas. Este tráfico minorista se da, por el momento, más como forma de entrar la droga en el país que para exportarla. Más de cincuenta personas fueron detenidas en 2004 por esa manera de introducir cocaína en la Argentina.
En el tráfico fronterizo se usan caminos terrestres que comunican con Bolivia, para intentar el ingreso de cocaína procesada en ese país y en Perú. El paso internacional de Salvador Maza, en Salta, es un conocido punto de entrada del narcotráfico.
Como los narcotraficantes tienen sus propios centros de acopio, donde almacenan los diferentes cargamentos minoristas que gotean por las fronteras, hasta los envíos postales son usados como vías válidas para el mercado de drogas. A partir de esos centros pueden abrir novedosos caminos transversales por el país.
La frontera norte es porosa a los vuelos ilegales por la falta de control aéreo, situación que el Ministerio de Defensa procura evitar con una ley que habilite el derribo de aviones. No hacen falta pistas clandestinas, sino apenas una ruta o un campo donde arrojar desde el aire los cargamentos.
Uno de los problemas más graves en el tráfico de drogas tiene que ver con la reglamentación del Mercosur por la cual no pueden abrirse los contenedores en tránsito. El titular del Sedronar, José Granero, reclama la compra de scanners para verificar el contenido de los contenedores en el puerto de Buenos Aires, otra de las reconocidas vías de salida de droga.
El Gobierno confía en su primer plan nacional antidrogas para contener, al menos, la oferta y demanda de drogas. Mientras tanto la vulnerabilidad del país quedó en evidencia con el escándalo de Ezeiza.
Por Daniel Gallo
De la Redacción de LA NACION
Ochenta mil detenidos en una década
En informes reservados de fuerzas de seguridad se admite que “hay un aumento del tráfico y del consumo de drogas; crece también la participación de colombianos y peruanos en el armado de células en la Argentina; el macrotráfico y el microtráfico están en constante diversificación y mutación en cuanto a estructuras de las organizaciones y la forma de operar”.
El caso de Ezeiza es sólo uno de los puntos que mostraron sus flaquezas a la hora de controlar el paso de narcotraficantes.
Algunos números darán otra dimensión al mercado del narcotráfico. En 2004 se detuvo en la Argentina a 8908 personas acusadas por traficar drogas y a otras 22.244 por consumir sustancias prohibidas. El Sedronar maneja cifras aún más fuertes: en los últimos diez años fueron arrestados 80.603 traficantes y 166.231 consumidores.
Los grupos de traficantes aprovechan la endeble situación económica para convencer incluso a familias enteras a portar drogas a cambio de una recompensa monetaria. Muchas de esas mulas son detenidas en Ezeiza por los equipos de fisonomistas, que están atentos a detalles de la ropa, el calzado y el nerviosismo que por lo general exhiben los inexpertos traficantes minoristas.
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