PASARÁ 10 AÑOS PRESO POR FACILITAMIENTO DE PROSTITUCIÓN
Comenzó a prostituirse a los 13, y dos años después quedó embarazada. Su mamá dejó que se mudara con un vecino de Carcarañá que, según comprobó la Justicia, le conseguía clientes y por ello cobraba una “comisión”. El hombre, de 54 años, acaba de ser condenado a una década de prisión, aunque afirma que es inocente y apeló el fallo del juez Julio Kesuani para que lo revise la sala II de la Cámara Penal.
La sentencia es poco común en los tribunales locales ya que el delito de facilitamiento de la prostitución difícilmente se denuncia. Y cuando las presentaciones por fin se concretan, no resulta fácil conseguir pruebas. En este caso, quien advirtió a las autoridades fue la madre de la víctima, de 42 años, el 20 de febrero de 2004. Viuda y residente en Carcarañá, informó a la policía que su hija de 16 años era explotada por un tal Diablito, a quien ella misma había autorizado expresamente y por escrito para que viviera con la menor.
A esa altura del partido, la chica tenía una beba de diez meses de la cual se hacía cargo y además sostenía una pésima relación con su mamá, a quien incluso llegó a acusar de su incursión en el mundo de la prostitución tres años antes. Su descarnada declaración desnudó una sórdida historia que no la tenía como única protagonista: también otras adolescentes y mujeres adultas “trabajaban” para el ahora condenado en su vivienda de las afueras de Carcarañá. Por la noche, la muchacha “atendía a dos o tres clientes y los fines de semana a más de cuatro”, según consta en la resolución. Había llegado hasta allí en un marco de miseria y desatención familiar, a través de una amiga que también se prostituía desde niña.
En el pueblo semejante actividad era un secreto a voces. Por las noches, especialmente los fines de semana, en un terreno contiguo a la casa de Diablito se amontonaban autos y remises, declararon los vecinos. Hubo quienes señalaron un movimiento permanente de chicas de entre 16 y 18 años, pero nada cambió hasta que se radicó la denuncia.
Entonces el sospechoso fue detenido –aún se encuentra en esa condición– y procesado por la jueza de instrucción Ana María Bardone, de Cañada de Gómez. La fiscalía lo acusó de haber facilitado y promovido la prostitución de la joven al prestarle su casa para que practicara sexo por 30 pesos, de los cuales debía entregarle diez, sin contar que para permanecer en la vivienda estaba obligada a tener relaciones con él.
Esta situación se prolongó hasta que, denuncia mediante, un juzgado de Menores de Rosario devolvió la chica a su madre. Los dos hermanos se enteraron recién en ese momento de la actividad que la víctima sostenía como medio de vida, en plena calle, en hoteles o en los domicilios de los clientes, según ella misma admitió. La ventaja de la casa de Diablito radicaba en que tenía donde dejar a su pequeña hija.
En el otro extremo, el acusado se defendió atacando a la menor. Dijo que ella se le había acercado pocos días después de dar a luz a su bebé y que, como tenía problemas familiares, la albergó por “lástima”. Pronto iniciaron una relación que nunca estuvo mediada por el dinero, amén de que ella se escapaba para tener sexo “por plata”. Por último la echó, cansado de su rebeldía.
Al movimiento de vehículos, lo justificó por la gran cantidad de gente que iba a comprarle pescado, carnada, o simplemente a visitarlo. Pero el tribunal ordenó un informe ambiental que no detectó en la casa mercadería que se correspondiera con su supuesto oficio de pescador.
De éste y otros elementos –fundamentalmente el detallado testimonio de la víctima– se valió el juez Kesuani para dictar la condena, a pesar de que la defensa pregonaba la absolución. Ahora los camaristas Ramón Ríos, Juvencio Mestres y Humberto Giménez estudian el caso para ratificar o revocar el fallo.
Diablito no fue el único imputado en la causa. También un tal Cati fue señalado como explotador, pero antes de que finalizara el juicio murió tras las rejas. La menor lo había señalado como la primera persona que le prestó su casa “para trabajar”, y también como un amigo que le dio de comer cuando quedó embarazada, dada las dificultades para conseguir clientes.
TRATA DE BLANCAS: UN DELITO QUE MUEVE MILLONES Y CUENTA CON UN SILENCIOSO CÓMPLICE
Según las Naciones Unidas la trata de blancas mueve siete mil millones de dólares anuales e involucra a unas cuatro millones de víctimas en el mundo. En América latina, según el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social de Costa Rica, 1.2 millón de niños y niñas son sujetos de trata.
“La prostitución infantil es horrorosa para nosotras”, sostiene la secretaria general de la Asociación de Mujeres Meretrices de Rosario (Ammar), Claudia Lucero. “Los clientes después son consultados y dicen que no sabían que las chicas eran menores (tal cual se vio en la investigación judicial por los hechos de Carcarañá). No es cierto, porque las buscan y las prefieren. Lo denunciamos desde hace tiempo, ya lo advertía Sandra Cabrera y después de su muerte vimos a varias menores en la Terminal y lo volvimos a denunciar”, continuó Lucero.
“El otro día una mujer nos contó que en la zona sur hay menores y preguntó si las podíamos rescatar de alguna manera. Estamos en contra de la prostitución infantil porque defendemos la niñez pero no nos corresponde hacernos cargo de esas chicas. La gente debe denunciar y el Estado hacerse cargo”, opinó la titular de Ammar. En el caso que juzgó Julio Kesuani, por lo menos el barrio en el que vivía Diablito estaba al tanto de la existencia de un prostíbulo en su domicilio, pero ningún vecino ni autoridad intervino para denunciar o corregir la situación. “Si una persona mayor decide ejercer la prostitución es otra cosa, pero las menores no entienden nada, no conocen los riesgos de la calle y del sida, no saben cuidarse”, concluyó Lucero.
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