“Pasaron cosas”
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Editorial. Del “hay que pasar el invierno” al “todo iba bien, pero pasaron cosas”: la lobotomía como forma de sobrevivencia (*).
En el momento en que se escribe este editorial, se celebra –no está mal expresado- un paro general puente que demuestra, por fin, que las medidas de fuerza sirven y de mucho.
Promueven el turismo, fomentan las relaciones familiares, obligan al ejercicio físico y a la planificación gastronómica, además de avivar el patriotismo ante la gesta nacional frente a Nigeria –quizás cuando usted lea esto nos insulte con o sin razón, de eso se trata el fútbol- y demás beneficios que los dirigentes sindicales han tomado nota para protestar con alegría y sin que se note tanto.
Como siempre, a la izquierda troskista –esa que hace volantes larguísimos con letra chiquitita – tampoco esto le gustó y movilizaron como pudieron. La militancia tampoco tenía una gran motivación para salir a la calle porque, prácticamente, no había tráfico con lo que les faltaba la puteada de los automovilistas como incentivo para cortar las calles.
Tal es así que la figura de la jornada de protesta tuvo como máximo exponente al Pollo Sobrero, un ya sexagenario dirigente ferroviario que se hace el Nito Mestre, dejándose las lanas cual si fuese el bajista de “La máquina de hacer pájaros”, expresión autóctona del Flower Power sesentista.
Sobrero dejó claro que antes, no está ni el huevo ni la gallina, sino el Pollo, por lo que mostró muy en alto su pata muslo a la hora de denunciar a la CGT por su complicidad con el gobierno a la vez que le exigió a la central obrera “un plan de lucha hasta que caiga Macri”… ¿quién entiende a los troskos? Pretenden que los propios socios del gobierno se auto boicoteen hasta auto echarse del gobierno. Algún giro en la sintaxis falló, pero parece que ese sería la razón por la que no termina de concretarse el levantamiento popular que produzca la revolución socialista… desconciertan al pueblo que ya no sabe si protestar contra el gobierno, la CGT, o directamente responsabilizar a Adam Smith por la endeble teoría del equilibrio del mercado mediante la oferta y la demanda.
Ese es el problema de la izquierda, son queribles, simpáticos pero el pueblo no sabe cómo apoyarlos. Están contra el sistema y la falsa democracia y sus argumentos son tan convincentes que cuando se presentan a elecciones no los votan por solidaridad, para que no se sientan obligados a cambiar sus ideas y gobernar. La realidad demuestra, claramente, que la sociedad argentina es tan de izquierda que vota a la derecha para que los zurdos puedan ser dignos oponentes con argumentos sólidos y levantar bien alto sus banderas para que no se vea que atrás no hay nadie.
Claro está que el descontento con Macri es tan fuerte que pintó el bajón entre los más combativos que ya ni ganas tienen de manifestarse durante el paro. Se tuvieron que fumar el caño del FMI -que les pegó mal- y venían de un torneo exigente con la despenalización del aborto… necesitaban un pequeño receso para estar con la familia y practicar puteadas mirando por tv a la Selección. Es que el mundial es tan importante para el argentino promedio que hasta el descontento y la bronca se concentran en que la pelotita entre o no.
Nunca se dijo la frase de Berthold Brecht completa que era “hay quienes luchan un día y son buenos, otros lo hacen un año y son mejores, pero hay quienes luchan toda la vida y esos son unos amargos insoportables pechos fríos que no sienten la camiseta ni en los mundiales.” No hay constancia de que haya sido esa la expresión, pero tampoco se filtró el audio así que pruebas no hay.
No sólo pasan cosas en Argentina
Parece que Trump se anda probando el filetito de bigote debajo de la nariz y tiene un plan de algo así como dominar el mundo y China también –claro está que China es otro planeta en donde jugó Tevez al fútbol– sigue con la guerra comercial contra los orientales comunistas y eso hace que las bolsas del mundo se desplomen mientras que el mundo se le hace más barato a los norteamericanos con la suba del dólar. Los planes de Trump se conocieron al momento que se impuso la triple sede para el mundial. Es que en 2026 la FIFA determinó que el evento deportivo se realice en México, EE.UU. y Canadá. Al ser consultado el presidente del jopo, si estaba enojado porque no le dan a su país la organización del torneo en exclusiva, éste se sonrió maléficamente recordando aquello de “América para los americanos”.
Por lo demás, es notable cómo el mundial aporta al combate de la inseguridad: hay menos homicidios, femicidios, robos, la gente del espectáculo se pelea menos no se filtran audios ni videos íntimos… hasta Comodoro Py se prende a la TV y se olvida de las causas contra la pesada herencia.
No sería malo que, de una buena vez, se cambie esa maldita costumbre de hacer mundiales cada cuatro años, debería ser un torneo permanente. Ese sí sería un aporte del deporte a la paz mundial o al menos a la ignorancia de la guerra.
“Mejor no enterarse” dicen los cornudos… y bueno esa sería la idea del autismo perpetuo frente al televisor.
Verdaderamente la sociedad argentina evoluciona, el turismo sindical ya no exige, sino que ejerce, tal es así que se está estudiando en reducir de facto la jornada laboral y ampliar las vacaciones. El proyecto sería paros diarios de 20 horas, para reducir la jornada a 4 horas, paro total los jueves y viernes con el fin de tener 4 días de descanso y tres de trabajo y estado de asamblea permanente por si hay onda como para organizar alguna actividad recreativa antes de terminar el día.
Hay que terminar con eso de que el sindicalismo sólo sirve para enriquecer a los gordos, esta sería una forma de tomar el poder para el proletariado sin que nadie se dé cuenta.
Al fin y al cabo, sería la forma de darle el poder a los troskos sin que tengan que oponerse a ellos mismos.
Una medida de fuerza permanente y contínua con manifestaciones recreativas. Nacería una nueva concentración semántica cuando los trabajadores dejen de serlo, pero eso se verá después de la revolución, que no es para tibios. Ya lo dijo el eterno Aldo Rico: “La duda es la jactancia de los intelectuales” … y la certeza de la izquierda.
(*) Del “hay que pasar el invierno” frase que inmortalizó al ideólogo de Carlos Menen, Alvaro Alsogaray, en su paso por el Ministerio de Economía en los finales de la década del 50, a “el que apuesta al dólar pierde” de Lorenzo Sigaut, ministro de Hacienda en 1980, o “el que depósito dólares recibirá dólares”, llegando al post moderno “todo iba bien, pero pasaron cosas” del presidente Mauricio Macri, todo cambió bastante al punto de la banalidad en un grado de insoportable pragmatismo que obliga a la lobotomía como forma de sobrevivencia.
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