PATOVICA DE UNA DISCO ACOSÓ A UNA CHICA Y LUEGO GOLPEÓ AL NOVIO
Uno de los agentes de seguridad privada de una conocida discoteca de Arroyo Seco golpeó en el interior de ese local a un joven cliente, y lo abandonó a su suerte en la puerta, sin que nadie lo socorriera. Según el padre de la víctima, domiciliada en Rosario, la empresa le negó la debida asistencia médica al muchacho de 25 años que luego demandó una cirugía reparadora y diecinueve puntos de sutura en el labio inferior. Además, remarcó el denunciante, una patrulla policial que estaba frente al boliche se negó a intervenir y a brindar ayuda. La denuncia fue asentada en la comisaría 27ª de esa ciudad.
Sebastián Dolce y su novia, Marcela Herrera, suelen cubrir los veinte kilómetros que distan de Arroyo Seco para ir a bailar a Pasacalle, un reconocido boliche de esa ciudad. Y como tantas veces, el sábado pasado volvieron a hacerlo, desde la casa de él, en Arijón 61.
Ayer en esa casa, Carlos Dolce, el padre del muchacho, estallaba en indignación: “No se puede creer tremenda impunidad, que uno despida a su hijo sano y luego lo encuentre todo golpeado y con la cara rota”, despotricó. Él tuvo que salir de prepo cuando Marcela lo llamó: “Carlos, venga rápido; a Sebastián le pegaron y se está desangrando”.
La pesadilla se desató hacia las seis de la mañana, cuando el boliche todavía no había cerrado sus puertas. Sebastián dejó sola a su novia, porque fue hasta la barra a pedir unos tragos. Al regresar, se encontró con un patovica del lugar –según los Dolce, es encargado, se llama Daniel y tendría unos 35 años– que asediaba a su novia con otros más.
“Todos estaban molestándola y acorralándola”, recordó Sebastián, no sin esfuerzo para hablar por la cirugía de diecinueve puntos que se le debió practicar para repararle el labio inferior. Cuando pretendió que ese grupo dejara a su novia en paz, el empleado de seguridad lo tomó del cuello y le tiró un trompis “con un objeto de metal tipo manopla”, según el joven. De ahí en más, los otros del grupo empezaron a golpearlo en el torso, la espalda y los brazos.
El brutal golpe asestado por el patovica le abrió el labio inferior y la sangre empezó a brotar hasta preocupar a los matones. “Cuando vieron que la cosa se ponía fea, nos metieron en una habitación parecida a una sala de enfermería, ubicada afuera y al lado de un pasillo que da a la calle. Después cerraron con llave el ingreso al interior del boliche y nos dejaron abierta la puerta de salida, con clara intención de que nos fuésemos enseguida”, contó Marcela, todavía compungida por el mal momento.
La chica pidió auxilio a los policías del patrullero estacionado frente a la puerta del boliche. “Pero los agentes nos dijeron que ellos no podían ingresar y que sólo debían custodiar desde afuera”, cuestionó la joven.
Indignación ante la impunidad
“¿Cómo puede ser? ¿La policía interviene sólo cuando los que agreden son los muchachos que van a bailar y no cuando ellos son los agredidos?”, se preguntó con indignación Carlos Dolce sin comprender cómo su hijo pudo ser agredido de esa manera absurda y bestial y, luego, abandonado “tanto por la policía como por los responsables o propietarios de Pasacalle”. Ayer, desde su casa del barrio Saladillo, el hombre también disparó a viva voz “contra la falta de respuesta del personal de la comisaría 27ª de Arroyo Seco, que sugirió no radicar la denuncia con el argumento de que el pibe había hecho algo”. Fue el propio Dolce quien debió viajar a Arroyo Seco y traerlo hasta el Hospital Italiano, donde se llevó a cabo la operación.
Dolce aseguró que efectuará la correspondientes denuncias penales contra los dueños del boliche y el patovica, quien de acuerdo a su versión, “también sería el jefe de seguridad de otro boliche rosarino”.
Según trascendió “uno de los dueños de Pasacalle vive en el barrio Saladillo”. Para el hombre “la impunidad de los patovicas se debe terminar y también sus víctimas, que siempre son chicos jóvenes”.
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