“PEDIMOS QUE EL NOMBRE DE MI PADRE NO SE USE CON SENTIDO CONSUMISTA”
El futuro Centro Cultural Che Guevara que se constuirá en la Plaza de la Cooperación deberá ser un sitio muy especial: el diseño arquitectónico deberá ajustarse al contenido de un lugar que “tiene que ser sólo del pueblo”, pidió ayer Aleida Guevara a la Municipalidad de Rosario. También pidió que provoque en quienes lo visiten y se apropien de ese espacio público el pensamiento o la reflexión en cuanto al valor, la tenacidad, la justicia y la capacidad para amar. “Creo que eso transmitía mi padre, por eso pedimos que su nombre no se use con un sentido consumista sino con compromiso y contenido social, para los chicos y los jóvenes, para que conozcan, tomen o critiquen sus ideas pero que crezcan”. Los secretarios municipales que estuvieron con ella Juan Carlos Zabalza, Mirta Levin y Marina Naranjo aclararon que el centro cultural en cuyo programa e idea se trabaja será un espacio formativo y donde se conjugen las posibilidades “del estudio, la creación y el pensamiento”.
Aleida fue ayer hasta la sede del Registro Civil a retirar la partida de nacimiento de su padre. Allí donde los empleados se acercaron a saludarla estaba un hombre, un detenido cumpliendo con una tarea. El hombre levantó su camisa y en la espalda tenía un importante tatuaje con la cara del Che. Aleida enseguida le explicó que eso no era bueno para él, para su piel y su salud. Médica al fin, la hija de Ernesto Che Guevara, conjugó sus roles cuando habló del derecho a la salud de los pueblos y su visión latinoamericanista con el convencimiento de que la imagen de su padre no puede ser una de esas que “se utilicen para sacar plata o para que alguien viva un poco mejor, por eso el Che Guevara tiene que ser sólo del pueblo y esa es la condición que ponemos o la opinión que damos cuando nos preguntan”.
Esa idea-fuerza la planteó un rato más tarde en el encuentro que en el salón Carrasco de la Municipalidad tuvo con los secretarios de Gobierno Zabalza, de Planeamiento, Levin y de Cultura, Naranjo. La hija del revolucionario no ocultó la molestia personal y se entiende que la familiar y la de los cubanos porque “su imagen se use en lugares en los que nada tiene que ver con lo que pensaba y sentía”.
Aleida no se quedó en el discurso entrañable del recorrido por la investigación familiar en la que puso en duda que el departamento de calle Entre Ríos al 400 que se conoce como el que ocupó apenas nació su padre haya sido efectivamente ese lugar. “No importa el lugar físico, pero sí que nació en esta ciudad”, dijo y recurió a una cita de su madre cuando dice que “este argentino rompió las fronteras, por eso puede ser tomado por culturas tan diversas”.
Aleida Guevarad habló de los hijos del Che y del objetivo de la visita a Rosario: “Rescatar la partida de nacimiento de papi”. La referencia tan cercana y familiar sonó rara respecto de quien se conoce con tantos adjetivos y ocupaciones, desde el motociclista al revolucionario con un profundo sentido de unidad latinoamericana. “Papi decía que sus hijos no tenían que ser nada especial, sólo ser hijos del pueblo”, respondió esta mujer de apariencia sencilla, figura amable y voz firme, vestida con camisa roja, saco y pantalón negro, que varias veces esquivó las bromas de génesis futboleras.
“Soy médica pediatra y tres de nosotros –se refiere a sus hermanos-hemos integrado las brigadas internacionales en Nicaragua y Angola, somos hijos de la Revolución, hijos de nuestro pueblo, trabajamos y para eso vivimos”.
En el salón Carrasco, Aleida Guevara le pidió a Zabalza las máximas garantías para que el futuro centro que se construirá en la actual plaza de la Cooperación “no sea utilizado como elemento de consumo ni para el progreso económico de alguien en particular”. Las palabras de los tres secretarios expusieron la visión de la Municipalidad sobre el que será no sólo un lugar de recuerdo y homenaje a uno de los hijos de la ciudad sino a “quien mantuvo una coherencia entre pensamiento, etica y acción en favor de la justicia y la unidad Latinaomericana”.
Durante 2005 se trabajará en el programa y en los fundamentos del proyecto y en 2006 se pensará en el aspecto presupuestario, sugirió Mirta Levin mientras que Marina Naranjo resumió la charla y el intercambio que se realizará con quienes trabajan en el Centro de Estudios de La Habana: “El centro rosarino será un sitio para el estudio, el debate y la reflexión, un espacio público para el pensamiento. No se trata de constuir un lugar más sino de darle desde antes el contenido”.
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