PEKERMAN MOVERÁ EL TABLERO
De José Néstor Pekerman no hay que esperar frases explosivas. Ni siquiera salió al cruce de las declaraciones de algunos personajes ilustres de nuestro fútbol que dudaron de sus condiciones por su falta de experiencia en la conducción de equipos de mayores. Pero sí habrá que entender sus mensajes. En cada nota que dio desde que se hizo cargo de la Selección, Pekerman dijo claramente que su preocupación era que “la transición fuese lo menos traumática posible”. Y la transición (de Bielsa a Pekerman) se puso en marcha con una victoria sobre Uruguay (4-2) y un empate frente a Chile (0-0). Es decir, la cosecha en números fue buena y en lo futbolístico fue de un extremo al otro. Del brillo de Uruguay a la palidez frente a Chile.
En esas dos horas y minutos que duró el trasnochado vuelo entre Santiago y Buenos Aires, fueron pocos los que descansaron. Pekerman fue uno de ellos. Se analizó en profundidad el partido con los chilenos, se hicieron balances y proyecciones.
La cómoda marcha en las eliminatorias provocó que la mirada ya esté posada en el Mundial de Alemania y las especulaciones apuntan a cómo hay que llegar a ese torneo. El año que viene Argentina tendrá la oportunidad de hacer un ensayo general cuando juegue la Copa de las Federaciones, precisamente en Alemania, con los restantes campeones continentales. El cómo llegar al Mundial no es un detalle menor. La Selección de Bielsa era una aplanadora siete meses antes de Corea-Japón y luego cayó abruptamente. No llegó a la competencia en plenitud. Estaba a punto mucho antes. Esa es un tema que se quiere evitar y del cual ya se habla.
Mientras tanto, en este largo camino hacia le Mundial no extrañaría que la Selección siga probando jugadores y esquemas.
Un desgaste exagerado. La primera razón que se encontró para justificar la actuación del miércoles fue que los jugadores no pudieron responder físicamente en el mismo nivel del sábado. Ese partido en el Monumental era una prueba muy especial. No sólo por el debut del técnico sino porque había algunos futbolistas que volvían a ocupar un lugar en la Selección, como Riquelme y Cambiasso y daban una prueba extra. También fueron extras los nervios y la ansiedad de esa tarde que se pagaron cuatro días después en Santiago. A eso habrá que agregarle que “ellos se jugaban la vida”, según comentó uno de los pasajeros en el avión de regreso.
Una luz roja. También se habló de la preocupación por los desacoples defensivos. Se agiganta la figura de Roberto Ayala, ausente por lesión, y sorprende el mal momento de Walter Samuel. En ese sector habrá cirugía para encontrar nuevas variantes. Frente a Venezuela no pueden jugar ni Samuel ni Heinze y Ayala es una incógnita.
Un duelo en el medio. Una de las conclusiones es que si juega Juan Román Riquelme lo ideal sería que el apoyo defensivo se lo brinde Javier Mascherano y no Esteban Cambiasso. Pero hay alternativas. También están Pablo Aimar y Andrés D’Alessandro con aportes diferentes para la función creativa.
Número fijo. El Kily González cumplió con las dos fechas de suspensión y tendrá un lugar en el equipo. El Kily de los últimos tiempos aparece como insustituible.
Mucho y bueno. No tendría que ser un problema, pero a veces lo es. Pekerman tiene una buena cantidad y calidad de jugadores para la Selección. Y aparece el dilema. Hasta se pueden cometer errores o injusticias en la elección.
Cuando el avión aterrizó en Buenos Aires, el técnico ya tenía una infinidad de conclusiones y armaba el plan para la nueva Selección que se verá frente a Venezuela. Con retoques incluidos.
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