PELIGRO EN LAS CALLES CON LOS REPARTIDORES A DOMICILIO
Circulan a toda velocidad. Cruzan semáforos en rojo. Doblan en contramano. Transitan por la vereda sin respetar la seguridad del peatón. Estas son las infracciones que cometen algunos motociclistas que prestan el servicio de reparto a domicilio y que fueron detectadas por El Litoral.
Todos los repartidores consultados reconocen que es frecuente ver este tipo de irregularidades en la calle, en donde pasan gran parte del día, aunque la mayoría señala “a otros” como responsables de cometerlas.
La situación laboral de cada uno de ellos difiere según la empresa para la que trabajan. Algunos son monotributistas; otros están en relación de dependencia y efectivos; hay grupos que reciben una remuneración mensual pero además comisiones por los viajes que realizan; y otros directamente trabajan en negro y como paga obtienen sólo un peso por viaje.
Éstos últimos son los que están más apurados, con la urgencia de llegar antes que sus compañeros para hacer más repartos y ganar más dinero. No pierden tiempo ni siquiera en dar una vuelta manzana y seguir el sentido establecido de las calles. Y mucho menos en ponerse el casco.
Gustavo tiene 27 años y comparte el trabajo de repartir pizzas a domicilio con otros cinco compañeros. Reconoció que “andamos rápido porque nos pagan por pedido entregado. Por turno haremos unos diez viajes y los fines de semana un poco más porque la gente sale, se junta”. De todos modos aseguró que “el tiempo de entrega lo dispone cada uno, los dueños no nos presionan, sólo nos recomiendan que la comida llegue caliente”.
En un comercio que elabora hamburguesas la entrega está a cargo de tres cadetes. De lunes a jueves reparten entre 60 y 70 pedidos cada día, pero los fines de semana esta cifra asciende a los 250 pedidos. A pesar de que no cobran por viaje, la urgencia por llegar a tiempo y cumplir con los clientes domina el trabajo porque la demanda es muy elevada.
Sin seguro ni ART
Las infracciones que cometen pueden costarles caro en caso de que sufran un accidente. Más allá de que ponen en riesgo la propia vida y la del resto de los ciudadanos, al no estar inscriptos no están cubiertos por ninguna ART y muchos no tienen seguro.
“Con los delivery hay competencia desleal porque hay comercios en la ciudad que ofrecen sus productos más baratos pero no pagan ni seguros de vida ni del ciclomotor, ni aportes sociales, ni nada, y cobran el envío al cliente. Acá están todos inscriptos como corresponde por si tienen un accidente, chocan o lesionan a alguien. Y esta es la diferencia con otros lugares en los que el día que sufran un accidente no hay quien se haga responsable de nada”, aseguró un empresario gastronómico al ser consultado por El Litoral, que prefirió reservar su identidad.
Algunos propietarios, preocupados por cuidar la imagen del negocio, remarcan a los repartidores la importancia de respetar las normas de tránsito, “porque tanto ellos como las motos están debidamente identificadas con el comercio y si cruzan un semáforo en rojo queda mal la empresa. Desde el momento en que están identificados se genera otro tipo de compromiso”.
También están los que circulan casi en forma anónima, sin una sola calcomanía que identifique al comercio para el que realizan los repartos.
Jóvenes apurados
Pablo Paván trabajó como repartidor en una casa de comidas en donde le pagaban por hora. “A los dos días que ingresé tuve un accidente. A partir de ahí, el dueño nos aseguró la moto a todos y nos obligó a circular con el casco puesto. Sólo nos exigía ir rápido para que llegue la comida caliente al cliente”.
Como le pagaban por hora “no nos convenía ir rápido, es decir, no nos modificaba en nada, al contrario si llegabas primero hacías más repartos. Pero veíamos a los otros chicos que nos pasaban a mil, cruzaban como tiro porque estaban peleando por hacer más viajes para ganar más. Por lo general no tienen ninguna cobertura y si hay un accidente cada motociclista tiene que hacer frente a los gastos, el comercio no se hace cargo de nada”, confesó.
Para muchos jóvenes, ser cadete o repartidor de comida es una de las primeras opciones laborales cuando terminan el secundario. “A esa edad no se mide el riesgo, no importa nada, piensan que nunca les va a pasar nada, y por eso andan como locos.
Nuevo rubro comercial
En los últimos días ingresaron dos proyecto en el Concejo para regular el servicio de reparto a domicilio. Uno de ellos, de la concejala Marta Fassino (socialismo), prevé que el municipio tengan injerencia en la habilitación, supervisión, y control de la empresa como así también la contratación de personal y responsabilidad que le compete.
“Esta actividad ha experimentado en los últimos tiempos un notable crecimiento, siendo cada vez mayor el número de empresas (estimadas en 50) y con un promedio de 30 empleados por firma”, fundamenta Fassino.
La edila sostuvo que “vemos la necesidad de definir un mínimo de obligaciones que hacen a la seguridad de quienes trabajan en las calles de nuestra ciudad, y por otro lado, garantizar en lo que nos compete un buen servicio a los vecinos”.
Por otro lado, el concejal Eduardo Carreras (UCR-Encuentro) propone regular la actividad pero sin confundirla con el servicio de cadetería y mensajería.
Según el edil, hay que evitar “invadir materias que no le son propias al Estado municipal, pero teniendo en cuenta que el municipio debe ser el primer defensor de los derechos y garantías de los ciudadanos santafesinos”.
Finalmente, el justicialismo también presentó otro proyecto
“El Estado, quizás por el vacío normativo o por la dispersión de normas que existe al respecto, no ejerce el poder de policía que le corresponde. Se puede afirmar que en relación a las personas que cumplen la labor de reparto, se desconoce bajo qué condiciones lo realiza”.
“Tampoco se sabe si los vehículos utilizados cumplen o no con las condiciones mínimas al efecto de desarrollar la actividad”, afirmó el edil.
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