PENÚLTIMO PASO.
Las sensaciones y los pálpitos de los hombres cuando tienen por delante el fútbol suelen chocar muchas veces. Demasiadas. Pero este Boca que está en Cali desde anteayer unifica a los caleños de América detrás de una idea: para ganarle a ese gigante que es por aquí el equipo de Bianchi hay que jugar muy bien. Su más nítida referencia de un partido que se dio vuelta en la revancha es su choque con River en cuartos de final. Eso les da fe, pero saben —y lo dicen— que Boca es distinto. Más duro, más áspero, más feo para enfrentarlo.
La de esta noche es una historia de fútbol que promete emociones: a matar o a caer, a seguir o a enfrentar el camino de la decepción. Bianchi y Boca lo saben. Y aunque todavía no existe —al menos desde el lado del equipo argentino— la tensión que rodea a un partido que va a marcar un antes y un después para los dos, se palpa toda la carga que va a tener este partido.
Que va a ser mucha. Estará el estadio Pascual Guerrero con más de 45.000 hinchas de América y una porción mucho más chica de seguidores de Boca; habrá clima del complicado de superar en esa cancha, y ahí comenzarán a pesar esos valores que trascienden la capacidad para jugar al fútbol, y estará, claro, un América que se la va a tener que jugar para levantar ese 2 a 0 con el que los mandaron a casa Schiavi y Tevez una semana atrás.
Con este clima, se mezclan las cosas: se habla de la historia, de lo que pueden dar los equipos y de los jugadores capaces de romper el molde. Y ahí, lo saben argentinos y colombianos, gana Carlos Tevez, el hombre con más posibilidades individuales de los que habrá en la cancha.
Fernando Castro, el Pecoso, tiene la boca abierta desde hace unos días: ya sea para levantarles el ánimo a sus hinchas, para pedirles buen comportamiento o para asegurar que si una vez América pudo hacer suya una historia que era de otros, no hay razón para que no lo repita. En la mañana de ayer, de hecho, de las dos horas de entrenamiento, una de ellas se consumió en la ejecución de penales. Y casi todos los periodistas colombianos dicen lo mismo: a los penales. Es la apuesta, es el sueño.
Pero también hay temores. Que la solidez de Boca, que lo difícil que es hacerle un gol, que es un equipo que jamás baja los brazos. Ayer fue el día del entrenamiento de Boca a puertas abiertas: para hinchas y periodistas argentinos y colombianos. Más de 200 personas observando cada uno de los movimientos del equipo que dirige Bianchi. Y el Virrey, claro, no dejó ver ni un elemento de juego con el que pueda hacerse una proyección para hoy. Como símbolo, quizá, todo terminó con un picado en el que los arqueros fueron Carlos Tevez y Raúl Cascini y hubo un golazo de cabeza del kinesiólogo.
El clima externo es tranquilo. Cuando Boca pisó el aeropuerto de Cali casi no había hinchas ni periodistas, y en la puerta de su hotel no se generaron los clásicos amontonamientos. En ese sentido, lo único para comentar es un hecho menor sucedido al término de la práctica, cuando un hincha le tiró agua a Bianchi y éste se dio vuelta y lo retó con dureza. Sólo la mala educación de un hincha que se sentía impune en el anonimato, y que tembló cuando el DT lo encaró.
Boca tiene una idea madre, que es la de no defenderse cerca de su arco y lograr que los intentos de un América cargado de fuerzas por la hazaña mueran en su línea de volantes. Logrado eso, obvio, va a ir por otro nocaut. Para América no hay muchas vueltas: debe atacar de manera sostenida para ponerse dos goles arriba. Para eso hay dos delanteros, un enganche y todo lo que intentará con los volantes exteriores.
La historia también pesa: Carlos Bianchi ganó dos Libertadores con Boca y una con Vélez. Y por aquí, por Cali, es como una leyenda. Nueves veces jugó Boca la semifinal de este torneo, y en seis oportunidades pasó a la final (cuatro veces fue campeón). América tiene sobre sus espaldas cuatro finales perdidas, tres de ellas de manera consecutiva. Y de eso se acuerdan todos, especialmente los hinchas del Deportivo Cali, muchos de los cuales esta noche se pondrán la camiseta de Boca.
Así están las cosas. Ahí estaban, anoche, los jugadores de Boca viendo cómo el Santos se clasificó finalista ante Independiente Medellín. Soñando con enfrentarlo la semana que viene. Sólo horas antes del todo o nada, del partido que los puede dejar a 180 minutos de la gloria. Esta noche, en el Pascual Guerrero.
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