PERAZZO: “PARA PREVENIR HAY QUE INTEGRAR A LA SOCIEDAD”
“La problemática de los menores no es exclusiva de Santa Fe, pero en esta ciudad se potencia por ser una comunidad que tiende al aislamiento, donde hay barrios que elaboran sus propios códigos de convivencia fuera de la norma vigente”. La afirmación es de Leyla Perazzo, abogada, jefa de Policía de la provincia, quien presentó el diagnóstico de la institución sobre la problemática de la minoridad en riesgo y de aquélla en problemas con la ley penal ante el numeroso auditorio, que asistió a la convocatoria que la Asociación Conciencia realizó, días atrás, en el Consejo Superior de la UNL.
Perazzo se niega a identificar pobreza con delito y no cree que la solución pase por bajar la imputabilidad de los menores. Al contrario apunta a la integración de la sociedad y a una tarea multidisciplinaria del Estado para rescatar a la minoridad en riesgo. Pero, además, advierte sobre los graves problemas que le genera a la Policía, el menor alcoholizado y que corresponden a una franja social media y alta. Por eso, la fuerza distingue el problema de la minoridad que está en riesgo, de la que llegó al delito y de la que sale por la noche a perturbar la tranquilidad de los vecinos.
La jefa de Policía admite que hace varios años que se venía advirtiendo y estudiando la problemática de los menores, “pero estalló”. Destacó el trabajo de formación que, auspiciado por el Ministerio de Gobierno, comenzó hace dos años en integrantes jóvenes de la fuerza para conocer la legislación del menor y saber actuar ante ellos. “La fuerza de los acontecimientos hizo que el tema menores no ocupara los primeros lugares de la tarea policial durante mucho tiempo. La especialización del personal con la temática fue quedando atrás, pero las nuevas circunstancias hicieron que desde el año pasado comenzáramos a dar cursos para formar personal para tratar con niños y adolescentes. Es inevitable el primer contacto del chico en riesgo o en conflicto con la ley sea con la policía”, explica.
Unos 600 integrantes de la fuerza se capacitaron aunque todavía no está definido si habrá una división especial en la Policía sobre la temática. “El curso tendió a instruir sobre tratados internacionales de los Derechos del Niño que ahora están receptados por la nueva ley nacional que en un solo cuerpo legislativo consagra los principios constitucionales e internacionales de los menores y saca el patronazgo de los jueces y lo transfiere al Estado”.
DATOS QUE ASOMBRAN
La policía ajustó la elaboración de estadísticas sobre los problemas con menores. Así determinó, por ejemplo, que en los últimos treinta días hubo actuaciones por 764 casos de menores fuera de control y 242 con presunción de haber delinquido con edades que oscilan entre los 6 y los 17 años.
Para Perazzo, Santa Fe se diferencia totalmente de otras ciudades. “Hay barrios que pese a estar a treinta cuadras de distancia con el centro hay menores que nunca llegaron. Se quedan encerrados en el barrio porque los mismos padres prefieren que no vayan al centro porque los detienen por falta de documentos o porque tienen miedo que las bandas del mismo barrio, que ya han entrado en el delito, los agredan”.
Comenta que integran “comunidades donde se manejan leyes propias y no respetan las leyes comunes. Esta es la causa esencial de los hechos violentos que tenemos en Santa Fe e incluso los homicidios donde los menores son víctimas y victimarios y generan una reacción extremadamente violenta”.
Entiende que estas normas en el barrio se generan por el aislamiento. “Cuando el sujeto no participa del movimiento social, cuando no tiene acceso a las cosas que ofrece la sociedad, se aísla, su mundo pasa a ser el barrio. Al ser su mundo el barrio y sentirse ignorado, también crea sus propias reglas. Perazzo observa que Santa Fe tiene un casco céntrico y núcleos periféricos con reglas propias.
“Esta situación motiva que el chico de los barrios que viene al casco céntrico no viene a su hábitat, viene como incursión”. Los chicos que deambulan a la madrugada no vuelven a su casa ni van a la escuela. Ahora, la tarea de la Policía es llevarlos a una casa abierta por Promoción Comunitaria que al día siguiente busca a los padres que, en muchos casos, no los aceptan. “Esta es la semilla que nos lleva al menor que comete después el delito. Son menores a la buena de Dios, son unos 700”, sostiene para después rescatar que desde hace tres meses hay un trabajo más integrado con las secretarías de Promoción Comunitaria y de Derechos Humanos. “Estamos tratando de integrar la tarea policial, el primer informe, con el resto del Estado a los que la ley les otorga el patronato”.
CIUDADANÍA EN ALERTA
Perazzo reconoce que la ciudadanía está alarmada por muchos hechos adjudicados a menores y prueba de ello son las continuas llamadas que recibe la Policía, especialmente en horario nocturno. Sin embargo, apuesta a la integración. “No contamos con la familia clásica, hay que tratar de integrar al grupo de chicos a la sociedad. Debemos trabajar por la integración, no por comunidades para que se aíslen y generen normas propias. Esta es la mejor prevención”.
De todas maneras aclara que la problemática del menor no se limita a los de bajos recursos. “Hay que abordarla en su totalidad y darle al careciente el aporte material y afectivo que carece pero no ignorar que muchas de las quejas de la inseguridad no las genera el menor pobre. Pobreza no es sinónimo de delito. La Policía tiene serios problemas con el menor que va de fiesta, que va al boliche, que sale a la madrugada con exceso de alcohol que no está trayendo más problemas que el adicto”.
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