PERPETUA POR UN CRIMEN ATROZ
Un hombre fue condenado a prisión perpetua, la máxima pena posible según el Código Penal, por la violación y el asesinato de Andrea Belfiore, de 16 años. Fue en marzo de 2003 que la joven llegó a la casa ubicada en Guido Spano 1079 de Villa Gobernador Gálvez para cobrar una deuda a una mujer que convivía con el acusado del homicidio, Iván Tizzone. Tras llamar a la puerta, Tizzone, sólo dos años mayor que ella, la hizo pasar, la golpeó, la violó, la apuñaló tres veces, la enterró en el pozo ciego, la tapó con tierra y escombros y finalmente 36 horas después reconoció ante la policía el crimen. La sentencia fue apelada y es ahora la Cámara quién deberá decidir la suerte del imputado.
El juez de Sentencia Julio César García lo halló responsable de los delitos de abuso sexual con acceso carnal agravado por el uso de un arma y homicidio criminis causa (cometido para garantizarse la impunidad) en concurso real. Su abogado, el defensor de oficio Oscar Loberse, apeló el fallo, por lo cual el expediente será revisado por la Cámara Penal. Mientras, Tizzone seguirá preso, condición en la que se encuentra desde el 11 de marzo de 2003, cuando fue hallado el cuerpo de Andrea cubierto de tierra y escombros.
Entonces el sospechoso confesó la autoría del crimen, aunque dijo que había mantenido relaciones sexuales consentidas con la adolescente. La autopsia refutó sus dichos: la víctima presentaba lesiones genitales propias de una violación, incluidas las heridas que le provocaron sus vanos intentos de resistencia al ataque.
El principio del fin fue el 9 de marzo a las 11 de la mañana, cuando Andrea llegó en bicicleta a una casa ubicada a sólo cuatro cuadras de lo de su abuela, con quien vivía. La chica vendía productos cosméticos a domicilio y planeaba cobrarle 11 pesos a la concubina de Tizzone. Su clienta no estaba en ese momento, pero el muchacho que la atendió la hizo pasar. Luego le golpeó la cabeza con una botella, que pudo ser secuestrada, y la violó anal y vaginalmente. Con una cuchilla “tipo frigorífico”, que también incautaron más tarde los investigadores, le aplicó tres puñaladas, dos en el tórax y otra en el abdomen.
Finalmente, Tizzone enterró el cadáver junto con las armas empleadas y las pertenencias de la víctima en un pozo “negro” que había dentro de su casa. Después, al percatarse que aun tenía la bicicleta de la chica, la llevó hasta el anfiteatro de Villa Gobernador Gálvez, donde la dejó abandonada.
Por la noche, el padre de Andrea, que residía en San Lorenzo, denunció en la comisaría 26ª la desaparición de su única hija. El 11 de marzo a la madrugada, con una orden de allanamiento del juez de Instrucción Jorge Eldo Juárez, la policía entró a la casa de Tizzone y confirmó la peor sospecha. A 2,80 metros de profundidad yacía la adolescente.
Casi de inmediato, al ser interrogado en la comisaría, el imputado admitió el hecho, sólo que introdujo la insólita versión de que había mantenido sexo con Andrea Belfiore bajo su consentimiento. Y que como ella no quería guardar el secreto discutieron, hasta que él tomó el cuchillo y se lo clavó en el medio de la pelea, sin saber si el apuñalamiento se produjo porque la chica se le aproximó o él se acercó demasiado a ella.
Sin embargo, la prueba colectada en el transcurso del juicio fue amplia y sepultó sus argumentos defensivos. Para el juez García, fue “tremenda” la violencia ejercida por Tizzone para cometer el abuso sexual. Luego, el asesinato se concretó para ocultar la violación. Por ambos delitos, si la Cámara de Apelaciones confirma, Tizzone deberá pasar el resto de su vida en la cárcel.
VIOLENCIA BASADA EN LA INEQUIDAD Y EL GÉNERO
El brutal crimen de Andrea Belfiore se encuadra dentro de la categoría de femicidio, es decir el asesinato de una mujer por razones asociadas a su género. Se trata de la forma más extrema de la violencia basada en la inequidad de género, entendida ésta como la ejercida por los hombres contra las mujeres para obtener poder, dominación o control. En este caso, el asesino se apropió de la vida de una jovencita que estaba trabajando y después de someterla y agredirla la hizo desaparecer, como a un objeto desechable.
Según el artículo “El precio de ser mujer” de Marcelo Giadrinovaz, publicado en el portal Defiendase.com, los crímenes causados por personas no vinculadas sentimentalmente a la víctima, generalmente precedidos por un ataque sexual, se denominan femicidios no íntimos para diferenciarlos de las muertes que acontecen en el ámbito doméstico, como producto de la violencia familiar. “Estos crímenes son consecuencia muchas veces de estereotipos culturales que confieren un valor mayor al hombre que a la mujer”, agrega el artículo.
Las organizaciones feministas plantean que estos asesinatos no deben pensarse aisladamente sino en conjunto, como manifestaciones de un paradigma de violencia. Justamente la misma semana en la que Belfiore fue ultimada se hallaron los cadáveres de otras dos mujeres que habían sido eliminadas y escondidas bajo tierra por Alberto Albarracín, un familiar, en Ayacucho al 3100.
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