PESADILLA PARA FLORENCIA PEÑA Y SU FAMILIA POR UN ROBO EN SU CASA
Ella salió del cine, se subió a su camioneta 4×4 y pasó a buscar a su esposo por un bar del Centro donde tocaba esa noche. Juntos se encaminaron hacia su casa de Colegiales. Allí los esperaba dormido su hijo de dos años y medio, que estaba al cuidado de la niñera.
Eran cerca de la una y media de la madrugada de ayer cuando la actriz Florencia Peña y el compositor y músico de jazz Mariano Otero estacionaron frente al chalé donde viven. Lo que siguió fue una pesadilla que empezó cuando tres ladrones (jóvenes, dos de ellos armados) los sorprendieron cuando metían la llave en la cerradura y terminó dos horas después con las víctimas aterradas y el lugar desvalijado.
Entre la una y media y las tres y media de la madrugada, los ladrones mantuvieron a la familia como rehén. Ya dentro de la casa, a los tres asaltantes originales se sumaron dos más.
Uno de los delincuentes tomó un cuchillo y amenazó con cortarle los dedos de una mano a Otero. Otro sugirió secuestrarlo e incluso amenazaron con atacar al hijo de la pareja. “Si te agarro al nene yo sé que decís dónde está la guita”, le dijeron.
“Todo lo hicieron enfrente de Tomás, mi hijo, que daba vueltas por la casa aferrado a su muñequito”, le dijo Florencia a Clarín. Para intentar que el nene no se asustara mucho le dijeron que los hombres desconocidos “eran amigos de papá”.
“Fue terrible, yo lloraba, estaba desesperada, pensaba ‘dónde va a terminar todo esto’. Por suerte Mariano se mantuvo tranquilo y les dio todo lo que pidieron”, contó Florencia en una charla telefónica con Clarín, que la entrevistó luego de que hiciera la denuncia policial.
—¿Finalmente qué les robaron?
—Para empezar nos pidieron bolsos y en ellos metieron DVD, equipos de música, filmadoras, nuestra cámara de fotos. Pero lo peor de todo es que se llevaron la computadora donde mi esposo tenía siete meses de trabajo, todo su nuevo disco. Cargaron todo en nuestra camioneta y se fueron. Al principio, cuando se fueron me sentí aliviada pero después también me agarró bronca… nosotros laburamos para conseguir todas esas cosas. Incluso sacaron plata del cajero.
—¿Cómo hicieron eso?
—Mariano les dio la tarjeta y el código. Mientras a él lo mantenían en la planta baja de la casa (y a mí, a Tomás y a la niñera en nuestro cuarto, en el piso de arriba), uno fue al banco y sacó la plata. Creo que se llevaron unos mil pesos.
Ayer a la tarde, Florencia seguía shockeada pero recordaba cada paso de lo que le tocó sufrir. Hasta el detalle de que, antes de escapar, uno de los ladrones le advirtió: “decile a la prensa que te tratamos bien”.
Los asaltantes habían aparecido “de la nada” apenas la pareja bajó de la camioneta. “Metete adentro, entrá y callate”, le ordenó a Florencia uno de los ladrones que llevaba un revólver que parecía viejo. “Preguntaron quién estaba en la casa y le dijimos que nuestro hijo y la niñera. Nos hicieron subir y nos pusieron a los cuatro en nuestra habitación, sentados en la cama”, recordó Florencia.
Querían plata a toda costa, pero en la casa no había efectivo y tampoco ningún tipo de joyas. “No nos creían y por eso le pegaron una piña en la cara a Mariano. Yo me asusté mucho. Después se empezaron a turnar para vigilarnos y a dar vuelta la casa. Metieron todo en bolsos. Estuvieron unos 40 minutos así”, siguió contando Florencia.
Lo que siguió fue casi insólito. Los ladrones comenzaron a pedir refuerzos por teléfono. Llegaron dos más; uno tan violento que tomó la mano de Otero, la puso sobre la cama donde estaba sentada el resto de su familia, y amenazó con cortarle los dedos si no le entregaba plata. “A mí me reconocieron de entrada por eso no podían creer que no tuviéramos plata encima”, aclaró Florencia.
“Yo no te voy a violar ni nada si te quedás tranquila”, le dijo uno de los ladrones a Peña. Para ese entonces, su esposo estaba en la planta baja de la casa con el resto de la banda y ella no sabía qué estaba pasando allí. Luego se enteró: los ladrones se llevaron la camioneta, fueron a un banco y usaron la tarjeta de débito para sacar efectivo.
Ya de vuelta con el dinero juntaron a toda la familia (niñera incluida) en la cocina y comenzaron a meter los bolsos en la 4×4. Amenazaron con dejarlos atados pero el llanto y la súplica de Florencia los convenció de que era innecesario.
Finalmente se fueron. Todavía era de madrugada. Exhausto, el matrimonio comenzó a recomponerse. Llamaron a los vecinos, éstos a la Policía y hasta fue convocado un cerrajero de emergencia. Pero hasta ayer a la tarde ni Florencia ni su marido habían podido pegar un ojo.
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