PESAR POR LA MUERTE DE SUSANA VALLE
El organismo provincial sostiene que Susana Valle no fue cualquier memoria: su vida, su nombre y su muerte están asociadas a la turbulenta historia de la Argentina del siglo XX. Hija única del general peronista Juan José Valle y de Dora Cristina Prieto, nació en Avellaneda en 1936.
No nació en cualquier cuna, en cualquier tiempo, en cualquier lugar. La familia Prieto era rica y conservadora, emparentada con el poder económico y político de la Capital. Susana Valle creció entre las sedas y el fraude en la década infame, llamando “tío” a un caudillo conservador como Barceló -hombre que hacía los trabajos sucios al régimen del presidente Agustín P. Justo- y estaba emparentado con sus abuelos maternos.
El derrocamiento de Perón en 1955 fue una tragedia colectiva pero también personal para los Valle. Porque el general comenzó a preparar la rebelión contra la dictadura de su antiguo amigo, el general Pedro Eugenio Aramburu. En junio de 1956, el mundo conocido por Susana Valle estalló definitivamente. El levantamiento peronista comandado por su padre fracasó, y fue fusilado en la Penitenciaría de la calle Las Heras por orden de Aramburu. Ella fue la última que lo vio antes de que fuera llevado al pelotón de fusilamiento.
Muchas noches debió haber leído la carta que le dejó su padre en la que la comprometía a ser, a partir de entonces, una militante “de la causa del pueblo”. Desde entonces, a los 19 años, Susana Valle formó parte de la resistencia peronista. Luego fue una de las tantas detenidas y torturadas de la dictadura militar de 1976.
El Secretario de Derechos Humanos de la Provincia, Domingo Pochettino, destaca el ejemplo de vida en el que se constituyo está mujer a partir del compromiso social asumido y demostrado a lo largo de toda su vida.
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