Pese a la veda, la campaña no les da tregua a los porteños
El comienzo de la veda electoral llevó ayer a los principales candidatos a jefe de Gobierno porteño a recurrir a las ya clásicas avivadas de final de campaña para no perder presencia en los medios de comunicación a sólo 48 horas de la elección.En su rol de jefe de Gobierno porteño, Aníbal Ibarra volvió a mostrarse en un acto oficial junto al presidente Néstor Kirchner. Esta vez fue en una escuela del Bajo Flores, donde el Gobierno lanzó el boleto escolar para los alumnos secundarios. Como presidente de Boca, Mauricio Macri invitó a los periodistas a un bar para mirar junto a él por televisión el partido Boca—Barcelona. En las pantallas gigantes, todos pudieron ver el mensaje de la Agrupación Super Boca que, en letras azules y fondo amarillo, decía "Gracias Mauricio".Las picardías de los candidatos generaron denuncias cruzadas de sus rivales. De un lado y del otro se acusaron de haber violado la veda electoral que prohíbe los actos políticos y que comenzó ayer a las 8 de la mañana. Las denuncias apuntaron también a la guerra de afiches que se libró en las calles hasta media mañana (ver página 4).El final de la campaña estuvo en sintonía con el clima político que genera una elección con fuerte impacto nacional que se presenta muy apretada y en un escenario con pronóstico de ballottage. La encuesta del Centro de Estudios de Opinión Pública (CEOP) que publicó ayer Clarín mostró un virtual empate entre Ibarra y Macri, con una ventaja de sólo el 0,5 por ciento a favor del empresario.Esos datos son similares a los que señalaron otras encuestas como la de Zuleta Puceiro y Analogías. Un sondeo de la consultora EQUIS que circuló ayer en medios oficiales le otorga una diferencia de poco más de un punto a Ibarra. En general, las encuestas registran la ventaja del jefe de Gobierno porteño para la segunda vuelta prevista para el 14 de setiembre.En ese contexto de absoluta paridad, ni Ibarra ni Macri dudaron en prolongar su actividad proselitista hasta el último momento, aun después de haber realizado los actos de cierre.Ibarra recurrió una vez más a la foto junto al Presidente, que el miércoles lo había acompañado en un acto en la Villa 21 de Barracas. Esta vez, participó como invitado a un acto del Gobierno en el que se anunció la extensión del boleto escolar a los secundarios de escuelas públicas de la Ciudad.Kirchner hizo reír a los alumnos de la Escuela Media N° 3 cuando señaló a Ibarra y dijo: "Le digo a este amigo que si quiere volver a ser jefe, se arremangue". Fue una respuesta a los vecinos, que acaban de reclamar a Ibarra la instalación de un centro de salud en la zona.Tanto Macri como Patricia Bullrich y Vilma Ripoll, de Izquierda Unida, acusaron a Ibarra de haber violado la veda electoral. Desde la Jefatura de Gobierno porteña se defendieron: "Se trató de un acto institucional que estaba previsto desde hace tiempo. Lo armó el Gobierno, nos invitó y fuimos", explicaron.Ese no fue el único acto en el que estuvo ayer Ibarra. Poco antes, había llegado en silencio a una escuela de Colegiales para inaugurar un campo deportivo.Desde el ibarrismo señalaron también que Macri estuvo "al límite" de transgredir la prohibición de publicidad electoral con los avisos que se pudieron ver por televisión durante la transmisión del partido de Boca y Barcelona.Macri volvió a echar mano a su gestión en Boca, como cuando intentó aprovechar los festejos por la última Libertadores para contagiarle una dosis de triunfalismo a la campaña.El candidato llegó al Bar de Boca, en el Centro, y se ubicó en una mesa del fondo, donde ya lo esperaban su vocero, Iván Pavlovsky, y otros colaboradores. Aprovechó para saludar a los hinchas que se acercaron a saludarlo y a desearle suerte para mañana.Esta vez la "tribuna" no le preguntó por el pase de Riquelme y Macri respiró aliviado. Cuando las pantallas mostraron a los jugadores en la cancha a la mesa del bar llegaron las medialunas rellenas y los licuados de durazno y naranja.Mientras Macri seguía el partido, los fotógrafos se apiñaban en busca de la foto del candidato gritando un gol. Un tanto molesto por la falta de definición en la imagen de la pantalla gigante y por los flashes fotográficos, Macri decidió cambiar de lugar y mirar el partido en el televisor que estaba arriba de la barra del bar.Fue entonces que la suerte pareció cambiar y, antes de que terminara el primer tiempo, Macri pudo gritar gol. En el entretiempo, habló con la prensa, pero trató de evitar las definiciones políticas. Después, cambió los planes y se fue antes de que empezara el segundo tiempo.
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