PESE A LAS LEYES DE MANO DURA, LA INSEGURIDAD NO BAJÓ
A mediados de 2004, un Congreso apurado por la multitudinaria marcha contra la inseguridad liderada por Juan Carlos Blumberg aprobó, en sólo cinco meses, un paquete de leyes para endurecer las penas que —se suponía— bajaría los índices delictivos.
No sucedió, tal vez porque la seguridad ciudadana es algo más complejo que no se resuelve sólo con sancionar leyes.
En aquel momento —pleno resurgimiento de la ola de secuestros—, los legisladores aprobaron las leyes con muchas dudas, con el papá de Axel mirándolos fijamente desde los palcos. Tenía carpetas y papeles con la foto en color de su hijo en cada uno de ellos. Entre otras normas, se votaron:
Aumento de penas para la portación y tenencia ilegal de armas, para hacerlo un delito no excarcelable.
Registración de los teléfonos celulares, para que no puedan ser revendidos por “bolseros” ni comprados por delincuentes para usarlos en secuestros extorsivos.
Aumento de penas para los llamados “delitos aberrantes”, como violación o secuestro seguidos de muerte.
Límites a la posibilidad de excarcelación de presos.
La sumatoria de penas, es decir que los jueces apliquen la suma aritmética de las penas que hubiera correspondido a un preso por distintos delitos. El límite quedó en 50 años.
Los cambios descuartizaron el sistema equilibrado de castigos del Código Penal. Por ejemplo, portar un arma tiene ahora más pena que matar a un hombre.
Semejante desbarajuste tenía sentido si, como decían los adláteres de la “mano dura”, los diputados Carlos Ruckauf y Jorge Casanovas, servía para contener el delito y brindar más seguridad.
Hoy, dos años después, la inseguridad no bajó. Los índices se mantuvieron estables: hay un 88,1% de habitantes del área metropolitana que consideran “probable o muy probable” ser víctimas de un delito, según la encuesta de victimización del Ministerio de Justicia publicada por Clarín en julio pasado.
Creció la cantidad de presos en las cárceles (el 60 por ciento de ellos, procesados sin condena) y también, el delito que más sensación de inseguridad provoca: el robo en las casas y en la calle, al tiempo que parece haber pasado la ola de secuestros violentos.
El problema no parece atribuible sólo a las leyes, como se demostró. Tiene orígenes diversos, como la falta de trabajo de muchos que se quedaron en la calle en los 90, los hijos de éstos que crecieron sin amparo y a veces sin escuela, la anomia de toda una sociedad que los olvidó, la creciente brecha entre ricos y pobres, y mucho más.
Pero Blumberg volverá a marchar, esta vez a la Plaza de Mayo, el jueves. Y esta vez con una diferencia: ya avisaron que marcharán con él Mauricio Macri, Patricia Bullrich, Raúl Castells y Luis Patti. Elisa Carrió no se suma. El Gobierno busca la forma de que no se lo responsabilice por la situación. Se politiza al extremo.
Porque el problema sigue, aunque el Congreso cumplió la parte que le demandaron.
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