PETERS PASÓ POR LA LEGISLATURA SIN DEJAR UN DATO CONCRETO SOBRE LA MUERTE DE CLAUDIO CAPDEVILLA
El Subsecretario de Seguridad Pública de la provincia, Gustavo Peters, estuvo en el mediodía del miércoles en la Legislatura santafesina donde fue citado para informar sobre varios temas relacionados con la seguridad en todo el territorio provincial. La convocatoria fue presentada por el Diputado Marcelo José Brignoni y apoyada por los presidentes de los otros bloques partidarios.
Una vez dentro del edificio, el funcionario fue abordado por los periodistas que lo consultaron sobre la posibilidad de que exista una ‘zona liberada’ en ciertas regiones santafesinas donde se multiplican los ilícitos, más precisamente, el tráfico de drogas y el contrabando de cigarrillos. Al respecto, Peters negó que así sea: “no creo que haya una zona liberada, no puedo hablar de eso. Lo que sí hay, es una cuestión de que la zona es muy grande y se está pidiendo colaboración para coordinar distintas fuerzas federales e interprovinciales para detener el contrabando (sic)”, confirmó.
“Se piden elementos a nivel general para que se pueda controlar el espacio aéreo que no lo controla la provincia. En la ruta se trabaja con inteligencia para controlar el tránsito de mercadería una vez que ingresa a la provincia. Lo que si es cierto es que hubo una reunión en Corrientes donde se ha hablado de coordinar actividades y evitar estos ilícitos”, explicó.
En tanto, y acerca del equipamiento necesario para que la fuerza pública encare la lucha contra el delito, el Subsecretario de Seguridad aseveró que “se han dado elementos a la policía; se han comprado 20 vehículos, motos y autobombas que se están preadjudicando. Desde hace tiempo ya se venía equipando la policía”.
Asimismo, y por la requisitoria periodística, el funcionario negó que sea insuficiente el trabajo policial para el secuestro de armamento. “Las armas, a partir de la acción policial -donde puedo tener injerencia- tengo para informarles la gran cantidad de armas que se han secuestrado. No creo que sea insuficiente, se está trabajando bien y se han bajado mucho los hechos con armas de fuego (Sic)”.
NO SABE, NO CONTESTA
Consultado sobre la muerte del agente policial de la Dirección Rural Los Pumas, el funcionario dijo “no haber accedido al expediente, mucho menos al sumario prevencional (…) lo tiene el juez, que es el que conduce la investigación, no me lo pregunten a mí, sino al juez o a los Diputados que tuvieron acceso al expediente, yo no tengo por qué tenerlo”, se justificó el funcionario.
“A mí me parece que si hubo errores groseros habrá sanciones … si actuaron mal, el juez seguramente los va a sancionar”, agregó Peters.
-¿Quién le dijo a usted que Capdevilla se había suicidado?, preguntó Notife
-Así lo caratuló el juez de entrada…
-Pero usted no lo consultó al juez, sino al Jefe de la Unidad Regional, ¿se los dijo el Comisario Miguel Piacenza?.
-Así es, exacto.
-¿Tiene algún indicio que le haga pensar al Gobierno que a Capdevilla lo mataron?, consultó un periodista de Rosario/12
-No, el Gobierno no hace valoraciones sobre eso, espera que se expida la Justicia.
-Hubo un funcionario del Gobierno que si las hizo, Domingo Pocchetino, que considera que no se puede sostener la hipótesis del suicidio, se le sugirió…
-Sí, he leído las declaraciones
-¿Habló con Pocchetino sobre el tema?
-No, dijo Peters escueto.
SOBRE EL EXPEDIENTE CAPDEVILLA
Un decreto firmado en las últimas horas del lunes por el Juez de Instrucción de San Cristóbal, Aldo Precerutti, habilitó a los familiares a obtener copias de las más de cien fojas que no fueron entregadas anteriormente por el magistrado. Hace 25 días, los abogados del agente muerto recibieron de parte de la Secretaría del Juzgado una copia del expediente, con más de 800 fojas. Pero había un detalle que fue adjuntado por escrito en la entrega de la documental: Precerutti evitó entregar más de 100 fojas que, según él, contenían datos calves para la apertura de otras siete causas conexas.
Fuentes judiciales confiaron a Notife que el juez volvió a citar a los padres del policía para el lunes a la mañana, pero la notificación no había llegado a la seccional policial de Vera, donde se acostumbra informar sobre actos administrativos judiciales y las cédulas de citación. Nada de eso ocurrió.
El abogado de la familia Capdevilla, Joaquín Strada (que reside en San Cristóbal) recibió la cédula de notificación en la tarde de ayer, sin saber que los convocados a declarar en carácter de testigos no habían sido notificados. En el mismo sentido, el abogado de Vera, Gustavo Latorre (que también asesora a la familia) destacó que aún no tuvieron respuesta sobre el escrito presentado hace un mes donde le pidieron a Precerutti realizar otra pericia en la Gendarmería Nacional en Buenos Aires, con la participación de un perito de parte, propuesto por la familia. Los letrados solicitaron también, la semana pasada, el cambio de carátula del expediente, pero el magistrado le pidió a Strada que argumente sobradamente el pedido.
Por lo pronto, los familiares del agente Claudio Capdevilla recibieron con entusiasmo la noticia del Juzgado, que respondió positivamente el pedido de los asesores letrados para acceder a las copias del expediente que no habían sido remitidas anteriormente. Finalmente, este miércoles al mediodía, los abogados obtuvieron las copias de 130 fojas del expediente que no se habían entregado anteriormente.
ALGUNOS PUNTOS OSCUROS
Cuando Claudio Capdevilla fue encontrado muerto de un disparo en la cabeza en la madrugada del 6 de agosto de este año, en un camino cercano a la localidad de Villa Trinidad, en el departamento San Cristóbal. El vehículo policial que manejaba apareció patas arriba a un costado del camino y el cuerpo del agente recostado del lado del conductor, sobre el suelo. Tenía un disparo en la cabeza.
Doce horas antes, Aldo Ferrero, era excarcelado por el conjuez del Juzgado Federal de San Cristóbal, Hugo Rebecchi. Ferrero había sido detenido por Capdevilla el 17 de marzo de este año cuando, por un camino rural, intentaba cruzar por el norte santafesino 153,700 kilogramos de marihuana compactada en la parte trasera de una camioneta. Capdevilla y otros dos agentes se sintieron orgullosos por aquél operativo al punto que el agente muerto declaró tres veces ante el Juez Federal de Reconquista por el mismo caso. (ver nota relacionada de Rosario/12).
Cuando el cuerpo de Capdevilla apareció muerto al costado de un camino en la geografía norteña santafesina, uno de los primeros en divisar el escenario de la tragedia fue un camionero, identificado como Herminio Malano, un transportista de la Cooperativa de Tamberos de Villa Ana, una localidad cercana del lugar del vuelco.
Malano bajó “vió el auto patas arriba” y se limitó a escuchar el silencio de la noche. Esperando un quejido, un atisbo de auxilio o una voz. Pero no quiso comprometer más el cuadro. Llegó hasta el destacamento de la policía, ubicado a 700 metros del lugar, y avisó a los guardias sobre el hecho que acababa de presenciar. Los dos agentes fueron hasta el lugar, dialogaron entre ellos y fue allí cuando uno le pidió a Malano el teléfono celular para llamar hasta el destacamento, “necesito una campera y una linterna”, justificó el pedido uno de los policías. Así pasó, pero con un detalle: los policías declararon que se enteraron del hecho por un llamado anónimo al destacamento, pero en realidad, varios minutos antes, el camionero había informado personalmente lo sucedido. “No entiendo bien por qué se dijo eso, yo al juez le conté lo mismo que hoy le digo a usted, lo que no me acuerdo son los nombres de esos policías (…) yo declaré dos veces ante el juez, la segunda fue una ampliación de la primera. Yo ví el auto volcado y no ví el cuerpo del muchacho”, confió el transportista a Notife.
Increíblemente la familia Capdevilla se entera de lo ocurrido por un comerciante de Vera. “Mirá, me parece que tu hermano se mató en un accidente – le dijo un vecino a Yanina Fernández, pareja de Claudio – me lo acaban de decir un viajante que pasó por Villa Trinidad”. La familia no recibió ninguna comunicación oficial por parte de la Policía en las primeras horas. Cuando lo hicieron, le dijeron a los familiares que se trataba de un suicidio, con explicaciones poco convincentes. Algunas ensayadas fueron: “tomó esa decisión porque volcó el móvil de la repartición”, le dijo un jefe al padre de Claudio. “No podía moverse porque tenía dificultades en las piernas y en la columna –descartado en la autopsia donde se tomaron placas radiográficas – por eso efectúa el disparo con la mano izquierda”, expresó otro agente de “los azules”. Otro comisario fue más allá: “se suicidó por problemas pasionales y por estar alcoholizado”. Esta versión fue relativizada en el expediente ya que los testigos reconocieron el buen ánimo de Claudio y además todos dijeron que no estaba alcoholizado.
Pero el que superó todas las expectativas sobre el hecho fue el Jefe de la Unidad Regional XIII, Miguel Angel Piacenza, que se despachó con la sórdida especie: “primero se produjo el vuelco y después de disparó (…) cometiendo una falta administrativa se fue con el patrullero, estaba borracho y pasaba un mal momento sentimental, llevó a un compañero hasta Arrufó y al regresar se produce el hecho”, dijo sin empacho el Comisario, en diálogo con el periodista de Reconquista, Gustavo Raffin.
Cuando Claudio Capdevilla aparece muerto en Villa Trinidad, los primeros que llegan hasta el lugar fueron un policía de bajo rango, un médico llamado Claudio Raviolo y el Sargento Sergio Peralta. Eran las 6.45 de la madrugada del 6 de agosto. Recién una hora después lo vió el médico policial, de apellido Bazán. El doctor llegó, se agachó y vió de cerca el cuerpo y dijo a media voz “este se pegó un tiro”. El agente Volken y el Sargento Peralta asintieron. Peralta, el Sargento Fernández y el ocasional médico Raviolo fueron los únicos tres que le dijeron al juez haber visto un arma al costado del cuerpo de Capdevilla, entre le brazo izquierdo y la cadera del agente. Pero el arma luego se esfuma y aparece unas horass después para una muestra fotográfica ordenada por el juez. “La saqué para preservarla de los curiosos y para que no se la roben”, se justificó el Sargento Peralta ante Precerutti.
El martes 9 de agosto, las dos hermanas de Claudio Capdevilla y un cuñado del muerto se presentaron ante el juez. Le preguntaron por qué no se había constituido en el lugar, Precerutti hubiese sorprendido a un ingresante de Derecho: “no es necesario, confío plenamente en la actuación prevencional de la policía”, dijo. Estupefactos, los familiares preguntaron por qué no ordenó una autopsia sobre el cuerpo a lo que el magistrado argumentó que “no era necesario”, porque “se llegaría a la misma conclusión a la que arribó el médico policial”. Recién 12 días después ordena una autopsia a un médico forense de la ciudad de Reconquista, de apellido Maidana. El doctor expresó: “un juez no puede solicitarme una autopsia de esta forma, sin siquiera enviarme los elementos que son necesarios para realizarla”. Precerutti sólo envió un pliego con tres preguntas básicas, desoyendo el cuestionario de los abogados de la familia que exigían el esclarecimiento sobre nueve incisos. Maidana determinó que el disparo se había realizado de izquierda a derecha, de arriba hacia abajo. Capdevilla era diestro.
Aunque el médico no pudo determinar con exactitud la distancia, pudo establecerse que el arma no estaba pegada a la cabeza. Las autoridades preventoras no pudieron encontrar el plomo del proyectil, por ello no se pudo determinar de qué arma provino el disparo. Sin embargo, la Policía rápidamente sostuvo que “se suicidó con su propia arma”(la reglamentaria, 9 milímetros).
La fotógrafa policial no pudo registrar con su lente el arma en un primer momento, sino algunas horas después, cuando la policía la convocó hasta el destacamento para fotografiarla, junto al teléfono celular (marca Nokia, modelo 1.100) que tenía en el visor un número de la agenda del agente muerto: “ABU PIKITO” y el número telefónico. Pikito era un amigo policía de Vera y Claudio intentó telefonear a su abuela antes de encontrar la muerte.
El expediente tiene testimonios contradictorios sobre puntos clave:
-Posición del cadáver.
-Existencia del arma junto al cadáver.
-Ubicación del arma.
-Nadie buscó el proyectil en el momento adecuado, sino un mes después del hecho.
-No existe un acta sobre el levantamiento del cadáver, no precisiones sobre las características que presentaba el mismo en ese momento.
-Nadie reparo si en el camino no había marcas de otros vehículos que pudieran haber participado del hecho. No se cortó el tránsito ni se precintó el lugar.
-No hay informes detallados del vehículo siniestrado, si existían huellas de sangre u otros rastros que pudieran ser de proyectiles en algún lugar del vehículo, incluido los vidrios.
-El primer informe de balística sobre el arma solamente se expide sobre si es apta para disparase normalmente. Recién un mes después se ordena una pericia sobre el casquillo encontrado.
LA OTRA AUTOPSIA Y LA APARICIÓN DE LA TESTIGO OCULAR
Cuando los médicos del Instituto Legal de Rosario se encontraron con el cadáver de Capdevilla no podían entender cómo se habían demorado tanto en la realización de una nueva autopsia. “Está muy descompuesto el cuerpo, será difícil ser exacto”, se confiaron los forenses, antes de examinar el cráneo. La autopsia duró siete horas. El 7 de octubre, el juez recibió las conclusiones: “Si bien el cuadro histológico no resulta categórico, la presencia de necrosis de coagulación y de mayor cantidad de material pigmentado parduzco en el orificio derecho y la presencia de esquirlas óseas, poseen material granular y de ausencia de necrosis del orificio izquierdo, hacen suponer que el orificio de entrada es el de la región temporoparietal derecho y el de salida el de la región izquierda”, dijeron los médicos. Pero aclararon: “No pude hablarse conclusiones definitivas, sino parciales”.
El informe de los médicos del Instituto Médico Legal de Rosario se contrapuso al del médico forense Maidana, pero la autopsia se hizo casi dos meses después, muy tarde para los científicos legales. Maidana además había pedido a un bioquómico que se practique una prueba de “dermotest” sobre el cuerpo de Capdevilla. El informe del Bioquómico, fechado el 18 de agosto y que consta en Foja 182 del expediente, determina que “el resultado en ambas manos es negativo”. El informe policial que encabeza el sumario prevencional dice lo contrario, pero no con contundencia: “el dermotest dio positivo en la mano izquierda y ligeramente en la derecha”.
LAS MUJERES CLAVES
Hay dos mujeres que aparecen muy cercanas al policía muerto. Una declara en el expediente, ante Precerutti. Se llama María José, tiene una nena y llevaba adelante una relación amorosa con Claudio Capdevilla. “Nos llamó mucho la atención como esta chica sabía tanto de Capdevilla, sobre su familia, sobre sus pasos, su trabajo, evidentemente su noviazgo con Claudio la ubica en un lugar de mucha expectativa para los investigadores”, dijo una fuente judicial. La jovencita creía que Claudio iba a marchar con ella en cinco meses, ya que Capdevilla tenía pensado pedir licencia sin goce de sueldo por dos años (justo cuando se le cumplían los cinco años de servicio). “No creo que Claudio haya sido tan boludo, no lo creo, él tenía una debilidad por el hijo que tenía – y tiene – con Yanina (Fernández), no iba a mandar todo a la mierda”, dijo un vaqueano de la zona sin reparar en sus comentarios soeces. Tampoco María José, que vive en San Guillermo, lo pensaba, parecía una mentira fantástica, para agarrar de algún lado el furtivo romance.
En su edición de octubre, el mensuario Rosario Express publicó un informe con la firma de Luis Bastús. El periodista dio con la amante del agente de la Guardia Rural. “Claudio no se mató, estoy segura, yo lo vi el viernes y me llamo esa misma noche (…) quisieron hacerme decir que “Caio” se había matado, que no se bancó el accidente y que tampoco la posibilidad de no verme más”, dijo la chica de 23 años, cuyo oficio es cuidar niños.
“La Fernández” vive en Villa Trinidad y también es joven. En las 800 fojas que el Precerutti puso a disposición de la familia no figura su declaración testimonial. Pero, extraoficialmente, se comenta que la mujer declaró ante el juez por espacio de ocho horas y que le habría relatado cómo una moto siguió al agente de Los Pumas y una camioneta lo aguardó agazapada al costado del camino, en una especia de acceso vehicular.
Según las versiones – contradictorias – Fernández habría presenciado un homicidio cuyo blanco, claro está, fue Capdevilla. La testigo ocular no desmintió la especie ante los enviados de Rosario Express, pero no abundó en detalles.
A casi tres meses de la muerte de Claudio Román Capdevilla, siguen apareciendo dudas sobre la investigación de la policía y del juez que, según el Secretario de Derechos Humanos de Santa Fe, Domingo Pocchetino, “hace todo mal”. Un alta fuente gubernamental le dijo a Notife “yo no sé como los abogados aún no pidieron la nulidad de las actuaciones, esto se ha transformado en un chiquero”, concluyó.
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