Pico Mónaco ahoga las penas en su propio bar
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Tras su derrota en Roland Garros y el fin de su relación con Carolina Ardohain, viajó a Mar del Plata para seguir de cerca su nuevo proyecto de cervezas artesanales.
El sábado 4, a la mañana, Pico se encontró con Federico, uno de sus socios, en el bar La Paloma, que inauguraron hace un mes sobre la calle Olavarría.
Es un momento de altibajos para Pico Mónaco (32). A la mala racha en el tenis se le suma el mal de amores. Si bien en abril se consagró campeón del ATP de Houston, en Estados Unidos, y obtuvo así su noveno título, un mes después una lesión en la cadera lo obligó a bajarse de los cuartos de final del Masters 1000 de Roma. Antes de desembarcar en Roland Garros, disfrutó de un encuentro fulminante con Carolina Ardohain (38) en Ibiza a mediados de mayo, con quien vivía un romance desde marzo. Roland Garros tampoco le sonrió: quedó afuera en su segundo match, frente al español David Ferrer.
Y a su vuelta, vencido, no se reencontró con Carolina “Pampita” Ardohain (38). El romance había llegado a su fin. El domingo 29, decidió instalarse en Tandil, su ciudad natal, para pasar tiempo con sus familiares. Y cuatro días después viajó a Mar del Plata para seguir de cerca los avances de su nuevo proyecto, La Paloma Brewing Company, un bar de cerveza artesanal. Pero de Pampita no había rastros ni signos.
La distancia, según su entorno, empezó a sentirse cuando se publicaron las imágenes de ellos juntos en Ibiza. Él, un conocido rompecorazones –entre sus conquistas figuran Luisana Lopilato, Zaira Nara, María del Cerro y Brenda Asnicar–, no vio con buenos ojos tan alto perfil. Y en Francia, cuando todavía tenía chances en Roland Garros, dio las primeras pistas en un reportaje con el diario La Nación: “A veces me río de las cosas que se dicen. Yo no les doy pelota. Mirá que dijeron cualquier cosa…, pero no cambio lo que hago por una relación; no lo hice y no lo haré en mi carrera”.
Durante su estadía en Mar del Plata, el tenista (figura número 94 en el ranking ATP mundial) se mostró solo, con amigos y se reunió con sus socios Ignacio y Federico Murgier en el bar que abrieron hace un mes sobre la calle Olavarría. Y en largas charlas, cerveza en mano, dejó ver que volvía a estar soltero y con ganas de retomar los entrenamientos. Se supo que brindó para volver con todo a los courts.
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