PIDEN 20 AÑOS DE CÁRCEL PARA EL ACUSADO DE TORTURAR Y OBLIGAR A PROSTITUIRSE A UNA ADOLESCENTE
El caso roza las fronteras de una historia de terror. El 29 de noviembre de 2004, una chica de 16 años lograba escapar de un local nocturno situado en la localidad de Inriville, a unos 290 kilómetros al sudeste de Córdoba capital. La adolescente se llama Sandra, y entonces denunció que la habían tenido encadenada en una cueva y la habían torturado porque se negaba a prostituirse. La chica señaló a un ex miembro de la división Antisecuestros de la Federal, quien una vez retirado, había llegado a esa ciudad para hacerse cargo del cabaret “Puente de fuego”. El ex policía, Jorge Luis González, comenzó a ser juzgado como principal sospechoso en la causa y el debate oral empezó hoy a transitar su etapa final.
La denuncia conmocionó a esa provincia, y durante los alegatos de esta mañana el fiscal Telmo López Lema pidió veinte años de prisión para González, presunto dueño del cabaret. El ex policía está siendo juzgado, además de la causa denunciada por Sandra, por obligar a un grupo de mujeres jóvenes a ejercer la prostitución en ese mismo lugar. González se defendió y declaró que en “Puente de Fuego” nunca funcionó un prostíbulo, sino que allí sólo se “servían copas”. Además negó haber torturado a la chica que escapó e hizo las graves denuncias en su contra que desataron el escándalo. Según el fiscal, el hecho “está en la frontera con un intento de homicidio”, ya que la joven podría haber muerto.
El fiscal López Lema pidió también tres años de cárcel para tres mujeres que en el juicio admitieron haber ejercido la prostitución en el cabaret, y además, confesaron haber torturado a Sandra. El fiscal manifestó que pedía una pena más leve para ellas porque habían admitido los cargos en su contra, mostraron arrepentimiento y colaboraron con la Justicia en la investigación. El ex policía González está imputado como presunto autor de “promoción de la prostitución calificada reiterada, privación ilegítima de la libertad calificada, reducción a la servidumbre y rufianería”, en un juicio que se lleva a cabo en la Cámara del Crimen de Bell Ville.
La chica denunció que fue torturada, y que la tuvieron esposada y sin comer hasta que escapó. En su relato detalló la serie de vejámenes a las que fue sometida. Sandra declaró que González la mojaba y le “metía electricidad con cables pelados en los pechos”. Además afirmó que le vendaron los ojos y que la orinaban y defecaban en la boca porque se negaba a prostituirse. Por su parte, González denunció a varios oficiales de la Policía cordobesa, y admitió haber pagado porque el local no estaba habilitado. Jorge Luis González integraba la Brigada Antisecuestros de la Federal; una vez retirado, recaló en Inriville para explotar el cabaret.
El ex policía sostuvo que él era solo un empleado que “cobraba copas” y echaba a los clientes que se ponían pesados. El imputado se declaró víctima de un complot de funcionarios judiciales y policiales. Sandra escapó luego de quince días de cautiverio porque había adelgazado tanto que pudo deslizar su muñeca de las esposas. González dijo que la cueva estaba antes de que él llegara al cabaret, y que lo único que agregó fue un caño para atar a los cachorros que criaba. Además, allí se guardaban garrafas y cajones de cerveza. A pesar de las palabras del sospechoso, tres de las imputadas confesaron que se prostituían en el cabaret. Sandra dijo que fue torturada y recluida en la cueva por negarse.
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