PIDEN LAS GRANDES EMPRESAS SOLUCIONAR LA FALTA DE ENERGÍA
En un almuerzo en La Mansión de estilo belle époque del hotel Four Seasons, impenetrable por las fuertes medidas de seguridad dispuestas para la ocasión, el ministro de Economía, Roberto Lavagna, escuchó ayer de boca del presidente de la Asociación Empresaria Argentina (AEA), Luis Pagani, que para planificar inversiones es necesario garantizar a la brevedad la provisión de energía. El jefe del Palacio de Hacienda le respondió que el presidente Néstor Kirchner está elaborando un nuevo plan para asegurar el abastecimiento.
Lavagna adelantó que será un programa de gas y petróleo. Una alta fuente del Gobierno precisó que incentivarán al sector privado a explorar, dado que en los últimos años han caído las reservas. Las de petróleo cayeron del récord de 1999, con 488 millones de metros cúbicos, a 425 millones en 2003, que alcanza para casi diez años, mientras que las de gas se redujeron de 777 millones en el pico de 2000 a 612 millones hace dos años, con lo que las existencias durarían un poco más de 12 años.
El apoyo a la exploración era una medida que habían reclamado las empresas petroleras locales cuando el año pasado la administración Kirchner dispuso la importación de gas de Bolivia, pese a que en aquel entonces costaba tres veces más caro. A partir de agosto próximo el gas en boca de pozo tendrá un precio libre para los grandes usuarios, mientras que seguirá congelado para los residenciales.
El ministro de Planificación, Julio De Vido, previó el otoño pasado, cuando también se hablaba de crisis energética, que el problema se solucionaría con un nuevo gasoducto que traería gas boliviano y que estaría terminado el año próximo. Pero el Congreso del país vecino aún no se puso de acuerdo sobre una nueva ley de hidrocarburos, por lo que ninguna inversión pudo emprenderse. Se abortó esta alternativa y por eso la administración Kirchner se inclinará por fomentar el gas propio, como también ampliar el gasoducto patagónico San Martín II.
Lavagna no dio ningún detalle del plan ante los 30 empresarios de AEA con los que almorzó. Se limitó a decir que el Presidente está elaborándolo, lo calificó como “de mediano plazo”, aseveró que apuntará a atender los “picos de demanda” y que no tiene que ver con las centrales de Yacyretá y Atucha ni con el abastecimiento desde Bolivia o de Venezuela. Aclaró, eso sí, que el programa cuenta con su respaldo, y parte del auditorio recordó que hasta ahora el ministro mantuvo distancia respecto de las medidas que fue adoptando De Vido, desde la creación de la petrolera estatal Enarsa hasta la reticencia a disponer aumentos de tarifas.
Otras quejas
“La inversión depende fuertemente de la previsibilidad y la estabilidad de las reglas de juego de la economía y de ciertos insumos críticos sin los cuales resulta difícil planificar y pensar en proyectos futuros”, reclamó Pagani, en un breve discurso antes de las palabras de Lavagna y de que se sirviera el postre. El también presidente de la alimentaria Arcor hizo hincapié en el escollo energético, pero también se quejó, siempre con su estilo afable, de otros asuntos: las retenciones a la exportación, la inflación, la presión de “grupos organizados” -léase piqueteros oficialistas- contra los que suben los precios y la economía en negro.
A la izquierda de Lavagna se sentó Paolo Rocca, presidente del grupo Techint. A la derecha se ubicó Pagani, que inició su alocución con elogios a los tres años de Lavagna como ministro y a su papel en la reestructuración de la deuda en default. Rápidamente cambió de tema y proclamó que “ahora es el tiempo de la inversión productiva”. Lo hizo un día después de que el nuevo presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Héctor Méndez, advirtiera sobre la falta de inversión. Pagani pidió “una paulatina reducción de las alícuotas de impuestos que afectan a la producción y las exportaciones”. También apuntaba al impuesto al cheque.
Lavagna respondió que las retenciones fueron creadas en una situación “extraordinaria y un poco a lo bruto, hay que pulirlas, pero de ninguna manera afectando la recaudación”. Les advirtió que el agro tributa el 1,25% de su producción, mientras que la industria, el 3,75% de la suya.
El líder de AEA abogó no sólo por la estabilidad de precios, sino también por la libertad para fijarlos. El ministro quiso tranquilizarlo y auguró una menor inflación para este mes, aunque aclaró que las subas no dependen sólo de las políticas fiscal y monetaria, sino también del aumento de la cotización internacional de carnes y lácteos.
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