PIDEN PERPETUA POR UN BRUTAL ASESINATO EN PADRE GENESIO AL 2200
El fiscal Ricardo Favaretto pidió pena de cadena perpetua para tres hombres sospechados de haber participado en el brutal asesinato de Carlos Caón, un cartero jubilado de 72 años que el 4 de octubre de 2002 fue degollado en su casa de calle Padre Genesio 2251.
Se trata de Emilio Ignacio Sosa, Rodolfo Sebastián Rivero y Héctor Alberto Guzmán, quienes se encuentran detenidos y, en su momento, fueron procesados por el juez de Instrucción de la Primera Nominación, Dardo Rosciani. El caso se encuentra ahora en manos del juez de Sentencia N° 3, Luis Rodríguez.
Caón fue encontrado en su casa degollado en su dormitorio y envuelto en una frazada. Vivía solo y a lo largo de su vida había cosechado numerosos afectos entre los vecinos del barrio.
Era un hombre de arraigadas costumbres religiosas que colaboraba con la Pastoral de Enfermos y, en el momento de su asesinato, quienes lo conocían recordaban que las plantas y las flores que durante varias décadas adornaron la Basílica de Guadalupe salieron de su jardín.
A través de las declaraciones de los detenidos, se desprende que éstos ingresaron a la casa buscando dinero. Mientras le gritaban y exigían al jubilado que les diera información al respecto, comenzaron a golpearlo de manera brutal, hasta que uno de ellos decidió degollarlo con un cuchillo encontrado en la cocina de la casa.
En el momento de procesar a los sospechosos, Rosciani señaló que “sobre su cuerpo se ha ejercido violencia en forma reiterada, dando muestra, quien lo atacara, de un claro ensañamiento; mientras que de la observación efectuada en el lugar del hecho, surge nítida la intención de los autores de procurar la sustracción de distintos elementos ajenos”.
Según el magistrado, es indiscutible “que se ha actuado con alevosía y ensañamiento”, ya que, según los mismos imputados, “luego de atarlos de pies y manos lo golpearon en forma reiterada y con distintos elementos, tratando de lograr que les dijera dónde escondía el dinero que buscaban”.
Las circunstancias descriptas revelan que la víctima fue “privada de ejercer cualquier defensa”, en tanto que los autores, sin correr riesgo alguno, “lo agredieron hasta darle muerte, y se ensañaron a tal punto que, no contentos con ello, lo degollaron sin la menor contemplación ni remordimiento”.
El juez concluyó que decidieron asesinarlo porque la víctima conocía a uno de los delincuentes, y éste temía que pudiera denunciarlo por el intento de robo.
En su momento, el magistrado había ordenado también la detención de una mujer acusada de conducir el remís en el que se movilizaban los delincuentes, pero luego fue dejada en libertad por falta de mérito.
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