PIDEN QUE SE INVESTIGUE LA MUERTE DE UN JOVEN EN EL CENARESO
El 29 de noviembre de 2005 Maximiliano Pereyra apareció colgado de una sábana atada a una viga de madera en el quincho del Centro de Educación Nacional Argentino para la Rehabilitación Social (Cenareso). Tenía 17 años, medía 1.90 metros, y la causa se cerró como un suicidio. Pero la familia denuncia que el joven no se mató sino que en realidad fue asesinado, y esta tarde (18 horas) se manifestarán frente a la sede situada en Combate de los Pozos al 2100, Constitución, para exigir que se investigue si no fue estrangulado.
Maximiliano había sido internado en esa institución meses antes de aparecer muerto, donde fue tratado por consumo de cocaína y alcohol, según confirmó a Clarín.com el interventor del Cenareso, el doctor Marcelo Gabriel Bono. La familia sostiene que en realidad tenía una adicción leve a la marihuana. “La versión oficial fue que Maximiliano se ahorcó con una sábana, pero el cuerpo tenía golpes y marcas en el cuello, como si hubiera sido ahorcado con un cable”, dijo la tía del chico, Lucía Pereyra
La mujer agregó que “las pruebas que nosotros aportamos nunca fueron tenidas en cuenta, ni se hicieron las pericias que pedimos”. La fiscal que actúa en la causa solicitó que se archivara y se cerrara el caso como un suicidio, pero el juez de instrucción López Cabanilla habría denegado el pedido y ahora debería decidir la Cámara del Crimen.
El abogado de la familia de Maximiliano, el doctor Claudio Mazaira dijo a Clarín.com que existe una investigación por venta de drogas que lleva adelante un juzgado federal, y que la misma surgió como parte de la denuncia por la muerte de Maximiliano. Bono dijo haber declarado por esa causa, pero desestimó la acusación. Una de las denuncias es que no se preservó el lugar en el que apareció colgado el chico: “Supuestamente fue encontrado colgando por dos internos que lo bajaron, por eso decimos que no se preservó, con lo cual no podemos saber cómo fue encontrado realmente”.
Otra de las sospechas es que midiendo casi dos metros el cuerpo apareció colgado de una viga con los pies a 50 centímetros del suelo, según sostuvo Mazaira: “Las medidas no dan. Otro punto es que en la autopsia figura un solo surco de ahorcamiento, pero lo que se ve en la fotos son dos. Esto podría probar que en realidad pudo ser estrangulado y después colgado para simular un suicidio”.
La familia de Maximiliano sacó fotos al cuerpo previendo que podrían surgir diferencias con los resultados de la autopsia, realizadas con anterioridad a las fotos. En estas imágenes, según Lucía Pereyra y Mazaira, puede notarse que Maximiliano tenía un brazo negro y que presentaba signos de haber sido golpeado y haberse resistido. Pero la autopsia arrojó que el joven no presentaba lesiones.
Asimismo, Mazaira denunció que se pidieron pericias a la sábana de la que apareció colgado Maximiliano, porque de haber sido subido a la viga por alguien más, deberían aparecer astillas de madera u otras marcas que lo probarían. La familia de Maximiliano tiene la fuerte sospecha de que fue asesinado, y además, dicen que desde la muerte del chico no paran de recibir amenazas.
Bono indicó que más que sospechas, “la familia de Maximiliano tiene la convicción de que fue asesinado por alguna asociación de tipo criminal y mafiosa confabulada con gente que trabaja aquí”. Pero el funcionario aseguró que al momento de la muerte, el Cenareso actuó inmediatamente informando a la familia y a las autoridades sobre lo que había ocurrido. Uno de los argumentos de la familia está basada en una carta de despedida presuntamente escrita por el joven, en la que según ellos, Maximiliano habría dejado entender que estaba amenazado de muerte.
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