PIERRONE:”SIEMPRE SUPE QUE IBAN A ENCONTRAR EL CUERPO”
Ivonne Pierrone, la única sobreviviente de las monjas francesas que llegaron argentina durante la última dictadura militar y testigo clave en el juicio contra Astiz por la desaparición de sus compañeras Alice Dumon y Leónie Duquet, habló esta mañana por LT10 desde Pueblo Illia, la localidad misionera ubicada cerca de Brasil y a 100 kilómetros de Iguazú que adoptó como su hogar.
Pierrone habló sobre la identificación de los restos de Duquet, secuestrada y desaparecida en la última dictadura militar, hallado por el Equipo Argentino de Antropología Forense. Los mismos pertenecen a uno de los siete esqueletos de personas desaparecidas que fueron desenterrados del cementerio de General Lavalle, donde habían sido inhumados como NN luego de que las corrientes del mar los depositaran en playas de Santa Teresita, La Lucila del Mar y San Bernardo, el 20 y 21 de diciembre de 1977.
En una entrevista realizada por el programa El Cuarto Poder, la monja dijo que “fue la historia de todo un pueblo que se comprometió con una causa y que molestó a un sistema de muerte”.
“Estaba trabajando en Corrientes, cuando me avisaron que habían desaparecido, y cuando las autoridades me notificaron que no tenía elección, que tenía que irme”, relató la religiosa quien agregó que “desde el principio pensó que podrían encontrar el cuerpo, porque el mar siempre devuelve a la gente a la costa, convirtiendose en el testimonio mas eficaz contra lo que ocurrió”.
Por otra parte, Pierrone habló sobre su retorno a nuestro país, concretado en 1984, una vez finalizada la dictadura militar. “Regresé a Argentina porque es mi país, yo salí obligada, no por mi propia voluntad y tenía que volver con mi pueblo”, sentenció.
El cuerpo de la otra monja francesa, Alice Domon, aún no fue hallado y los análisis genéticos practicados descartaron que puedan pertenecer a los dos esqueletos que faltan identificar.
EL CASO DUQUET
Los análisis genéticos dieron una certeza del 99,92 por ciento sobre la compatibilidad de los restos con un sobrino de la monja y otros parientes.
El informe del Equipo de Antropología forense determinó “fracturas múltiples a nivel de miembros superiores e inferiores y cráneo, compatibles con la caída desde altura contra una superficie dura que podría ser el mar”, precisó a Clarín el especialista Luis Fondebrider. Estos estudios refuerzan la convicción —apuntalada por múltiples testimonios— de que Duquet fue víctima de los “vuelos de la muerte” desde los cuales se arrojaba a los prisioneros al mar.
El secuestro de las monjas por un grupo de tareas de la ESMA, junto a una decena de personas que se reunía en la iglesia de la Santa Cruz para reclamar por sus familiares desaparecidos, es uno de los crímenes más simbólicos de la dictadura y que alcanzó mayor repercusión en el exterior.
Todos esos secuestros ocurrieron entre el 8 y el 10 de diciembre de 1977 y estuvieron conducidos por el ex capitán Alfredo Astiz, alias “Gustavo Niño” o “El Angel Rubio”, quien se infiltró en el grupo de la Santa Cruz y “marcó” a quienes serían secuestrados. Por el caso de las monjas, Astiz fue juzgado en ausencia y condenado a prisión perpetua en Francia, país que nunca dejó de reclamar y ayer hizo llegar su “reconocimiento y agradecimiento” a las autoridades argentinas.
En el cementerio de General Lavalle, cerca de Dolores, también estaban sepultados como NN los restos de Azucena Villaflor, Esther Ballestrino de Careaga y María Eugenia Ponce de Bianco, fundadoras de Madres de Plaza de Mayo e integrantes del grupo de la Santa Cruz, al igual que el cuarto cuerpo identificado, de Angela Aguad.
Los dos cuerpos que quedan sin identificar, se sabe que no son de Domon ni de ningún otro secuestrado en la iglesia de la Santa Cruz. Fuentes judiciales dijeron a Clarín que seguirán la búsqueda en General Lavalle, donde podría haber otros cuerpos NN de desaparecidos.
Sucede que por años, la pista del destino final de las monjas francesas conducía al Delta del Paraná, y no a la Costa Atlántica. El abogado desde hace 20 años de los familiares de las monjas, Horacio Méndez Carreras, recordó a Clarín que se decía que los cuerpos habían sido arrojados a una laguna del Tigre, versión reforzada por un testimonio que dijo haber haber oído el ex capitán de la Armada “arrepentido” Adolfo Scilingo.
Representante especial de la Cancillería para los Derechos Humanos, Méndez Carreras recordó que parecía “un imposible” averiguar el destino de las monjas cuando en 1995, con el abogado Octavio Carsen, del CELS, recurrieron a la Justicia porteña, y ante las leyes del perdón y los indultos que cerraban los caminos de perseguir penalmente a los responsables, empezó a sentarse la doctrina de la “búsqueda de la verdad” y el derecho de los familiares a saber lo que pasó con sus seres queridos. Los de Duquet esperaron 28 años.
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