PIÑON FIJO: "MI MAYOR RIQUEZA ES ESCRIBIR CANCIONES"
Entrevistar a Piñón Fijo es algo irreal, como si se tratara de hablar con Batman o Bugs Bunny. Y, sin embargo, acá está: las palabras surgen de esa enorme bocota en forma de corazón; de esos ojos caen dos lagrimones negros dibujados sobre la máscara de pintura blanca; la cabeza está cubierta por el gorro de dormir amarillo. ¿Quién estará respondiendo detrás del maquillaje? ¿Será Jim Morrison, Greta Garbo? ¿O Alfredo Yabrán, como “denunció” la revista humorística Barcelona?
Son bromas que a Fabián Gómez, el Bruno Díaz de Piñón, no le causan gracia: “Es parte del folclore, del humor que se genera, y no pierdo de vista eso. Pero a uno le da escalofríos que lo mezclen con personajes de la historia argentina con los cuales no ha confluido ideológicamente”. El hombre quedó susceptible: en medio del boom que generó el año pasado, y la hiperexposición mediática que esto le acarreó, aquel chiste se entreveró entre una serie de versiones que lo desgastaron. Se dijo que usó un helicóptero oficial para ir a una fiesta privada, que se negó a visitar a dos nenes moribundos, que evadió impuestos, que le robó el nombre a un personaje de Antonio Gasalla, que sus canciones ocultaban mensajes satánicos. Ante todo eso, decidió adelantar para fines de octubre el cierre de la temporada 2003 de su programa en Canal 13, que debía terminar en diciembre.
Cinco meses después, Piñón Fijo es mi nombre está de vuelta en la pantalla: desde hoy, se lo verá de lunes a viernes a las 11.30, otra vez por Canal 13, pero con la diferencia de que el programa se grabará en la ciudad de Córdoba, provincia natal del payaso. “En ese aspecto el cambio es sustancial, porque vivo acá y estoy cerca de mi familia. Además, Córdoba está en el centro del país y eso es más cómodo para salir de gira. Hace un año, poder hacerlo desde acá sonaba a utopía, y hoy es una realidad. Y me pone orgulloso, porque siempre he renegado contra el centralismo, he soñado con un país federal para todo el mundo, y esto aporta a lograr ese objetivo”.
Fabián Gómez (Piñón) dijo esto en una conferencia de prensa que dio el viernes en Córdoba. Allí, los percances que sufrió fueron interpretados como un capítulo más de la antagonía entre Buenos Aires y el resto del país: ataques porteños contra un artista del interior. El intentó zafar de esa visión: “No quiero generalizar. Con Buenos Aires tengo gratitud: he recibido golpes de tres o cuatro personas… el resto fue puro apoyo. Fui a hacer un Gran Rex y me regalaron 57, así que mal me puedo quejar de Buenos Aires y los porteños. No quiero entrar en el enfrentamiento Capital versus Interior”.
Pero después, a solas con Clarín, deslizará algo de eso:
“Uno viene con este personaje desde hace 14 años, y siempre en este país lo que está en Buenos Aires existe y lo que no, no sirve. Siempre dije que lo lindo que me pasó el año pasado, más allá de las proporciones, era igual a cuando laburaba en la calle. Pero para parte del periodismo, lo de uno era intolerablemente veloz, y han actuado en función de eso”.
La información de los chicos moribundos y la de los mensajes satánicos venían de medios poco serios. ¿No les diste demasiada importancia?
Le di importancia a la capacidad de odio que puede haber. Ingenuamente, me sorprendí mucho de que hubiera gente a la que no le gustaba lo que yo hacía y que no midiera el calibre para pegarme. Eso me desbordó.
¿Por qué pasó?
Cuando uno se expone mucho, aumentan los porcentajes de maldad y benevolencia. El amor de la gente aumentó muchísimo, y los intentos de hacerme daño también. Es parte de la exposición masiva, y de las reglas de un juego que en nuestro país cada vez tiene menos códigos.
¿Iniciaste algún juicio por calumnias?
Nunca contraataqué. Dejé que tuvieran el proceso de toda calumnia: que nacieran, se reprodujeran y murieran por sí mismas.
¿Puede haber pasado por envidia al dinero que ganaste?
Yo no soy de ostentar. Mis grandes inversiones han sido una guitarra y aparatos de sonido. Lo que pasa es que hay un mito: ven un tipo vendiendo un muñequito trucho en la esquina y piensan que es empleado mío. Piensan que soy el jefe de una banda, y uno es un engranaje en una empresa gigantesca. No es que me saco el traje y la pintura y estoy pergeñando estrategias para hacer plata. Mi mayor riqueza es escribir canciones.
¿Vas a tener un perfil más bajo?
Estar en Córdoba y sentirme más en contacto con mis raíces me va a permitir dedicarme más de lleno al trabajo. La idea es que Piñón hable por su trabajo.
¿Grabar en Córdoba fue una condición que pusiste para volver?
No, fue un deseo. Cuando lo planteé, se sorprendió más de uno. Después se empezó a ver que era realizable y que la gente del 13 nos apoyaba. Pero no fue una condición de divo. Es que no podía mantener la dinámica de grabar un programa de 9 a 21, irme a cenar a la soledad de un hotel, y de ahí salir de gira al resto del país, y volver a grabar.
¿No pusiste ninguna condición?
No, lo único que pedí fue parar cuando lo necesité. Y fue consensuado, así como la decisión de volver, y hacerlo de esta manera.
Te habías ido enojado, como dando un portazo…
No me fui enojado ni con un portazo. La idea era parar, asimilar, aprender. Y si el aprendizaje decía que había que volver, volver. Y eso es lo que pasó. Enojado no, estaba bastante aturdido, shockeado por la andanada de cosas que pasaron el año pasado.
¿Y qué aprendiste?
Que en el mundo de los chicos no existen las fronteras de los grandes, gracias a Dios. Que uno no debe creer que por tratar de generar buena onda, del otro lado siempre va a volver lo mismo, como un espejo. Por ahí hay gente a la que no le causa gracia que uno trate de hacer las cosas como las hace. Uno tiene que aprender a convivir con esa gente, por más que del otro lado se luche con armas no muy leales. Y que no hay que reprimir los sueños, porque si no, yo no podría estar largando mi programa desde Córdoba.
¿Qué ganaste y qué perdiste en este tiempo fuera de la televisión?
Gané tranquilidad, poder hacer foco en la situación, cosa que no podía en la vorágine. Y no he perdido nada… Estar en la tele y los medios es eso, un medio. Mis objetivos y mis fines pasan por otro lado, y en este tiempo han sido fortalecidos, más allá de que los medios que he tenido para llegar a ellos han sido más artesanales que estar en un programa de alcance nacional. Soy de los que aprovechan lo difícil y lo capitalizan como algo positivo.
¿Qué estuviste haciendo?
Seguí de gira por todo el país; en el verano estuve en la costa y también fui a Puerto Rico y Uruguay. Y seguí componiendo canciones para mi nuevo disco.
¿Vas a explicar tu ausencia?
A los que les interesa saber por qué no estuve, ya lo saben. Usar el programa como tribuna de ataque o defensa sería una injusticia, sería robarle tiempo a una canción nueva para los chicos.
Con todo lo que pasó, ¿pensaste en colgar el traje de Piñón para siempre?
No. Salir de la tele no quiere decir que uno renuncie a su convicciones. Podés estar o no en la tele, pero en la vida seguís existiendo. Y mi personaje es así. Nunca dudé de seguir haciendo esto.
¿Y no querés hacer otro personaje?
No, porque este tiene mucho de mí y no siento necesidad de hacer otra cosa.
¿No te agota hacer el mismo personaje durante 14 años?
No, porque se reinventa, se realimenta. Soy autodidacta y voy aprendiendo cosas nuevas. Hay una cantidad de cosas que aprendí sobre el lenguaje televisivo y estoy ansioso por volcarlas.
¿Sufriste alguna vez por el rating?
No. Al rating no le doy valor. No es una medida democrática ni federal: se mide el gusto de todo un país, de 35 millones de personas, por 700 familias que viven en el mismo punto geográfico. Hasta que no se haga algo más federal y democrático, no le creo.
¿En Canal 13 nunca te hablaron del rating?
No. Nuestro programa medía de 1,5 a 3, y con esos puntos es improbable hacer 57 Gran Rex, y salir de gira por el país y que haya cinco mil, diez mil, veinte mil personas. Hay algo que no cierra. Yo presenté un disco nuevo en el programa y el fin de semana siguiente los chicos ya lo tenían.
¿Te sentís un puntal de la lucha por abrir el juego hacia el Interior?
Cuando el destino te posibilita hacer algo que tenga que ver con la coherencia de lo que pensás, no hay que desaprovecharlo. Y eso me pasa hoy. Como televidente, muchas veces he renegado de que se hablara de la Argentina como si fuera nada más que Buenos Aires. Es es muy doloroso y ha causado mucho daño, al Interior y también a Buenos Aires.
¿Te da miedo que vuelva a ocurrir lo del año pasado?
Siempre está el temor, pero no podés permitir que te paralice. La única respuesta al temor es más trabajo, y redoblar la apuesta hacia lo que uno cree que está haciendo bien.
Este contenido no está abierto a comentarios

