Pinta Formosa
Sería muy pretencioso decir que las pinturas de Graciela Marechal, de tan buenas, son como si a su antepasado, el escritor Leopoldo Marechal, le hubiera dado por pintar. Pero Graciela pinta fantástico. Y, sobre todo, pinta Formosa.
Graciela sabe que “no es muy conocida la tradición artística de Formosa”. Entiende que es lógico que así suceda “porque aquí hay mucha influencia del Paraguay, por el lado de la capital. Y del folklore salteño, más hacia el noroeste”. Sin embargo, ella sabe “que hay gente que trabaja muy bien, con mucha calidad, muchos viviendo ya en Buenos Aires”.
Graciela, la artística plástica, cree que “el pueblo formoseño la reconoce como artista local y que también lo ha hecho el gobierno”. Y es cierto. Con sólo ver la imagen de la virgencita Desatanudos que pintó en un templo callejero se lo podrá comprobar. O alcanzará con preguntarle a cualquier formoseño por ella para que digan que sí, que la conocen, pero que se les salga el orgullo por la piel al decirlo.
Graciela abre su casa, muestra su obra, cuenta de su página web, apura unos “tereré”, es madre, esposa y profesora de geografía. Pero pinta Formosa. Es impresionismo el género más utilizado para describir el paisaje y es, aunque se encarga de ocultarlo humildemente, una embajadora de las artes del lugar. Algunos empresarios locales le han comprado obras para enviarlas como obsequio a Europa y los Estados Unidos y ella ya sabe lo que es exhibir en Buenos Aires.
Pero a diferencia de otros artistas del pago, Graciela se ha quedado a vivir en Formosa.
“Fermosa”, como llamaron los españoles a esa entrada que hace el río Paraguay sobre las costas utilizando un término castellano caído en desuso, tiene quien la muestre si uno no pudo concerla. No importa que no hayan venido por aquí. Consigan un cuadro de Graciela, la que pinta como escribía el viejo Leopoldo.
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