PIQUETEROS AGREDEN A UN CONDUCTOR
Un fierro incrustado en la luneta del auto abollado, rayado y con todos los vidrios destrozados rozaba una mamadera vacía y algunos juguetes desparramados en el asiento trasero, entre las miles de astillas de los cristales.
Una marcha piquetera, que comenzó como una más, terminó con dos menores heridos, manifestantes y policías golpeados y un piquetero detenido por haber destrozado un Fiat Siena verde en el que viajaba una familia que intentaba abrirse paso en las inmediaciones del Obelisco.
La agresión inicial piquetera provocó una batahola entre policías, motociclistas y transeúntes contra los piqueteros de la Coordinadora de Trabajadores Desocupados (CTD) Aníbal Verón (ligada a la agrupación Quebracho). En tanto, la esposa embarazada de Fabián Morello -de 34 años y conductor del auto agredido- fue trasladada en una ambulancia junto con sus tres pequeñas hijas.
No obstante este incidente, las columnas de manifestantes siguieron con su itinerario de protesta, que culminó en la comisaría 3a., situada en Tucumán 1560.
Al cierre de esta edición, Germán Lovari Marx, de 24 años y con antecedentes por robos, según consignaron fuentes gubernamentales, continuaba arrestado en esa seccional acusado de resistencia a la autoridad, daños y lesiones.
Morello abandonó la comisaría por la tarde, tras declarar durante más de tres horas. Su mujer y sus hijas, de cinco meses, siete y nueve años, ya habían sido dadas de alta en el hospital Fernández, donde a las dos más chicas les curaron heridas leves en la cabeza y en las piernas que les provocaron el impacto de los vidrios del automóvil.
La marcha
Pasadas las 12, unos 300 piqueteros de la CTD que estaban con las caras tapadas, se concentraron en el Obelisco para marchar por las calles porteñas en demanda de subsidios y asistencia social. En aquel momento, Morello y su familia circulaban por la avenida Pellegrini cuando intentó pasar. Fue el principio del caos: los manifestantes reaccionaron furiosos y atacaron el auto, que intentó una maniobra de escape.
Morello y la policía, que hasta el momento parecía desbordada, se enfrentaron a los puños con los piqueteros. Los vecinos y motociclistas hacían causa común con el conductor agredido. La gresca tomó dimensiones de batalla campal, con pedradas y botellazos incluidos, y se extendió hasta la esquina de Esmeralda y la avenida Corrientes, donde se produjo la detención del piquetero.
“No habíamos sido notificados de la marcha; los encontramos de sorpresa y por eso sólo dos motos pudieron acompañar la protesta. Cuando se desató la pelea pedimos refuerzos”, dijo a LA NACION el comisario de la seccional 3a., Hugo Lompizano.
La causa recayó en el Juzgado Correccional N° 12, a cargo del juez Raúl García. En la seccional explicaron que también hay abierta una segunda actuación: la policía inició, de oficio, una denuncia por las lesiones que recibió el piquetero Gustavo Franquet durante la gresca y que recayó en la Fiscalía de turno N° 13.
“Hubo una conjugación de factores y mucho de mala suerte, pero nunca fue nuestra intención que la marcha terminara así”, fue la conclusión de Fernando Esteche, líder de Quebracho, que participó de la marcha. Este activista estuvo prófugo por otro enfrentamiento ocurrido con la policía el año último en la Plaza de Mayo.
Después de los incidentes, las columnas continuaron su marcha hasta el Ministerio de Trabajo, a la Casa Rosada y a las oficinas de Repsol YPF, en Diagonal Norte y Esmeralda. Durante este recorrido se observó muy poca custodia policial.
Paralelamente, en la comisaría 3a. corrían los rumores de la llegada de los piqueteros y los policías se prepararon para recibirlos. Unos 60 agentes de la Infantería, con escudos y cascos acrílicos se acordonaron en la esquina de Tucumán y Paraná. Dos carros de asalto y una autobomba sobre Montevideo completaban el cerrojo.
Cerca de las 15, los piqueteros llegaron con cánticos en los que reclamaban la libertad del arrestado. Permanecieron en la esquina sin intentar avanzar. Los comerciantes cerraron sus persianas y la zona quedó desierta.
Al llegar a la seccional, nunca se cruzaron con Morello que salió rápidamente del lugar. Asediado por las cámaras y los micrófonos, y custodiado por dos policías de civil, el conductor agredido se subió a su auto destrozado. Su mujer y sus hijas, que habían ido a acompañarlo después del hospital, fueron sacadas ocultas para burlar la guardia periodística.
“Quería pasar y me pegaron. Eran un montón. Mi familia esta bien”, alcanzó a decir Morello, con moretones violáceos en el rostro, antes de que su destartalado coche arrancara.
Al rato se retiraron los abogados del piquetero, Marcelo Stimoli y Fernanda Pereyra, que informaron que su defendido estaba golpeado e incomunicado. Hacia las 17, los piqueteros se desconcentraron y la policía liberó el tránsito.
El año pasado hubo dos hechos similares: en febrero, un grupo piquetero que se manifestaba en la avenida 9 de Julio golpeó con un palo a un taxista hasta hacerlo sangrar. En junio, durante una jornada nacional de protesta, los piqueteros del Movimiento Teresa Rodríguez (MTR) destrozaron la luneta de un automóvil en las inmediaciones de las oficinas de Repsol YPF.
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