PIRATA DEL ASFALTO CONDENADO A CINCO AÑOS DE PRISIÓN POR UN ROBO SOBRE LA RUTA 11
Un hombre de 67 años fue condenado a cinco años de prisión por haber asaltado a un camionero y privarlo de su libertad hace un año y medio en inmediaciones de la localidad de Maciel. Si bien Raúl Orlando Lucero es un veterano reincidente en hechos de piratería del asfalto, el juez de Sentencia tuvo en cuenta a la hora de dictar la pena que en ningún momento empleó violencia ni amenazó a su víctima.
El 6 de julio de 2004 a la tarde la policía atrapó a Lucero en un Peugeot 505 mientras circulaba por la ruta 11 cerca del arroyo Monje. En el asiento de atrás estaba acostado boca abajo, amordazado y con los ojos vendados, el camionero Carlos Alberto Pumpido. Una hora antes Lucero y un cómplice, que no fue atrapado, habían interceptado entre Oliveros y Maciel el Mercedes Benz 1114 que manejaba el chofer y, a punta de pistola, obligaron a Pumpido a bajarse.
El compañero de Lucero siguió viaje en el camión robado y Lucero se fue a pasear con Pumpido. Pero cuando el cómplice pasó por Maciel fue avistado por un camionero que reconoció el Mercedes 1114 pero no a su conductor, por lo cual decidió seguirlo. Al parecer, el ladrón se percató de esto y abandonó el rodado. Al rato llegaron los policías y escucharon que un auto como el de Lucero estaba merodeando la zona.
Según consta en el fallo del juez de Sentencia Nº3, Luis Giraudo, al ser detenido Lucero contó a la policía que unos días antes su cuñado Carlos Enrique García lo había “invitado a buscar un 1114” por el que les darían “entre 3.500 y 4.000 pesos”. Detalló que su cuñado lo había ido a buscar a la casa y salieron en el Peugeot, pasaron por la fábrica de aceite Vicentín, cargaron gas en una EG3 sobre la ruta 11, compraron pan y mortadela y se estacionaron frente a la puerta de la Colonia Psiquiátrica de Oliveros.
Eran cerca de las 15 cuando vieron pasar un Mercedes Benz 1114 rojo hacia el norte. “Vimos que estaba vacío y el acoplado iba saltando, por lo que decidimos que esa iba a ser nuestra víctima”, detalló Lucero, quien ya contaba con antecedentes en hechos de piratería. El hombre contó cómo se pusieron a la par del rodado y con un revólver calibre 32 negro le grito al camionero “parate”. Pumpido escuchó el grito, vio el arma y tiró el Mercedes a la banquina. Según Lucero, su cuñado se llevó el camión a Rosario para obtener a cambio los 3.500 pesos.
Pero a poco de que el camión fuera descubierto y posteriormente abandonado, el “paseo de una hora” que había planeado Lucero para Pumpido fue interrumpido por la policía de la Unidad Regional XV. Sin embargo, aunque reconoció llevar armas y trabajar como pirata del asfalto, el 38 no fue hallado, según Lucero, porque se lo habría llevado su cuñado.
Amordazado y a ciegas
Pumpido, por su parte, relató que uno de los asaltantes le colocó una cinta alrededor de la cabeza para taparle los ojos y le dijo que no le iba a pasar nada, mientras escuchaba que el otro gritaba “desenganchá”. El paseo comenzó y su captor le insistía en que si se quedaba tranquilo no le iba a pasar nada, mientras le preguntaba de dónde era y dónde había descargado. Hasta que, 20 minutos después, el hombre le dijo que se sacara la cinta de los ojos y dijera que estaba con él. Segundos antes se había escuchado una sirena de policía. Pumpido describió a su captor como “muy tranquilo y seguro de lo que hacía” aunque aseguró que nunca podría reconocerlo.
Lucero se reservó el derecho de prestar declaración indagatoria en el juzgado de Instrucción de San Lorenzo, pero luego hizo una ampliatoria en la que negó toda su declaración ante la policía. “Yo no declaré nada de eso, en Maciel el personal policial me pegó y por eso firmé”, sostuvo. Dijo que era un remisero trucho y que había ido con un “conocido de vista” hasta Maciel y dio a entender que había sido utilizado como un simple chofer de un autorrobo en el cual nunca entendió lo que había sucedido.
Según esta nueva versión, Lucero estaba tomando mate con Pumpido cuando la policía lo atrapó. Dijo que su acompañante “se puso a hablar con el policía, que le preguntó dónde tenía el arma. Me llevan a la comisaría de Maciel, me preguntan por el camión, me ponen una campera en la cabeza, me empezaron a pegar, me dijeron que firmara, me negué, me pusieron una bolsa plástica en la cabeza y me pegaron en la panza, me obligaron a firmar y me dijeron que si no lo hacía me iban a llevar al río. Firmé, pero sin leer nada”.
Sin embargo, el juez de Sentencia consideró que la primera versión se ajustaba más con lo que había sucedido. Si bien era cierto que Lucero no conocía a Pumpido, fue imposible de creer que el desconocido, a quien hallaron en el asiento trasero amordazado y con los ojos vendados, pudiera haber estado tomando mate con el detenido.
Algunos elementos como antecedentes y condenas anteriores de Lucero, más el hecho de que en ningún momento maltrató a la víctima motivaron a Giraudo a dictarle una pena de cinco años de prisión y declararlo “reincidente por segunda vez”.
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