POLÉMICA CON LOS BANCOS POR EL AJUSTE DE LOS CRÉDITOS
El aumento salarial que el Gobierno buscó instalar como una muy buena noticia se le está transformando en un inesperado dolor de cabeza, por las derivaciones que tiene esa suba sobre una variable que ha demostrado ser muy irritable: la gente que está pagando créditos.
Ocurre que lo que podría denominarse el “ala política” de la Casa Rosada (el vicepresidente Scioli y el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, más el diputado Rodolfo Frigeri) salieron a anunciar que se “estudia” la manera de alivianar el impacto que tendría el aumento del Coeficiente de Variación Salarial (CVS) sobre las deudas de unas 500.000 personas que tienen sus créditos atados a la evolución del CVS.
Del otro lado, los banqueros, invocando la seguridad jurídica, pidieron que “no se cambien las reglas del juego”. Tal el mensaje de la Asociación de Bancos de la Argentina (ABA), cámara que nuclea a los bancos de capital extranjero. A través de su titular, Mario Vicens, ABA invocó el mantenimiento de las reglas y la “seguridad jurídica” como argumento para dejar todo como está. Mencionaron un tema sensible: aseguraron que nuevos cambios demorarían aún más la reaparición del crédito en forma masiva.
Vicens señaló que para los bancos es mucho más importante reconstruir la vigencia de los contratos y la seguridad jurídica para que el país vuelva a crecer que ser compensados por las pérdidas adicionales que puedan derivarse de las eventuales medidas que están bajo estudio”.
Por su lado, Scioli afirmó que “se trabajará para que el impacto sea el menor posible”; Fernández justificó la posición gubernamental al señalar que “uno puede tener un crédito donde el capital puede ser infinitamente mayor que el bien que ha comprado, y eso hay que modificarlo”.
Los dichos del jefe de Gabinete podrían ser inexactos. Los créditos que se rigen por el CVS son deudas originalmente tomadas en dólares pero luego pesificadas uno a uno. Las propiedades que están detrás de esas hipotecas subieron de precio (se calcula que al menos un 40%), de modo que valen más que la deuda a pagar. Sin embargo, anoche Fernández le dijo a Clarín que “el problema no es tan grande como se lo quiere presentar”. Y advirtió que “ya hay contactos” con los banqueros para encontrar una solución.
Frigeri reconoció “trabajos en conjunto” sobre el tema con miembros del Palacio de Hacienda. Y el jefe del bloque de diputados del PJ, José María Díaz Bancalari, recordó que la ley que creó el CVS, en mayo del 2002, está sancionada pero no reglamentada. “Si se quieren cambiar algunas cosas, lo mejor sería hacerlo en la reglamentación, así nos evitamos votar nosotros la modificación” sentenció.
Sin embargo, el vocero del Ministerio de Economía, Armando Torres, negó que en Hacienda se estudien cambios: “No se está haciendo nada”, enfatizó, tras lo cual afirmó que “hasta el momento no hay ningún cambio. Habrá que ver qué pasa cuando vuelvan el Presidente (Néstor Kirchner) y el ministro (Roberto Lavagna)”.
El temor se instaló entre los deudores el mismo día de los anuncios, cuando los propios funcionarios admitieron que el CVS será un 15% más alto en febrero. Para peor, los deudores bien podrían quedarse afuera de los ajustes salariales —que benefician a gente que difícilmente hubiera calificado para tomar un crédito— y encima sufrir el crecimiento de su deuda.
La raíz del problema es esta: al transformar el aumento salarial de emergencia de 200 pesos en “remunerativo” (es decir, sujeto a aportes patronales y cargas sociales) se dispara el Coeficiente de Variación Salarial (CVS), a razón de 1,5/1,85% mensual hasta febrero del 2004 inclusive.
Se calcula que medio millón de personas sería afectada por esta suba: de ese total, unos 200.000 corresponden a créditos hipotecarios para vivienda única, familiar y permanente; 170.000 a préstamos prendarios y 130.000, a préstamos personales.
Como se dijo más arriba, estas deudas se pesificaron uno a uno tras la devaluación. En principio, la deuda se iba a actualizar a la par del Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER), que se mueve a la par de la inflación. Cuando en los primeros meses post devaluación parecía que la inflación se disparaba (sólo en abril del 2002 subió 10%), el Congreso impulsó un cambio: apareció el CVS para los créditos hipotecarios menores a 250.000 dólares, los prendarios de hasta 30.000 y los créditos personales menores a 12.000 dólares.
Apenas cuatro días después de los anuncios salariales, el Gobierno tiene que pensar cambios para apagar el enojo de los deudores. A su vez correr el riesgo de verse envuelto en la discusión de medidas que podrían tensar la cuerda con el FMI, justo cuando discute un nuevo acuerdo.
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