POLÉMICA EN LA F1 POR EL EXCESIVO DOMINIO DE FERRARI
La Fórmula 1 cambia pero no cambia. Se retocan los reglamentos con modificaciones de dudosa efectividad como el uso de un solo motor, se replantean las clasificaciones con esquemas que aburren al punto que ya se hablan de modificarlos, pero a la hora de la verdad, o sea en carrera, la dupla Michael Schumacher-Ferrari sigue siendo imbatible como desde el principio hasta el fin lo fue en toda la programación de Australia.
Semejante muestra de contundencia del séxtuple campeón con su triunfo y de Ferrari con el cómodo 1-2 que rubricó Barrichello, encendieron ya una lucecita de alarma en el tablero de las expectativas creadas sobre el renovado interés del Mundial.
Paradójicamente, Alonso, el tercero en prioridades, fue el que más cerca estuvo de los hombres de Ferrari. Al menos los vio en el en el podio, porque en la pista el Renault nunca fue una amenaza para las máquinas rojas. Como mérito del español hay que anotar su espectacular largada que le permitió ganar dos puestos. En contraposición Juan Pablo Montoya perdió con su mala partida las posibilidades de importante protagonismo y dejó la incógnita de saber dónde estaba parado su Williams con relación las Ferrari. Igual el colombiano mostró su sello con los dos sorpassos a Trulli y Button que sacudieron el aburrimiento de la carrera. Raikkonen fue una fugaz sombra. “La rotura del motor es algo previsible, pero lo que no se entiende es como un equipo con nuestras aspiraciones pueda largar tan atrás”, fue el duro diagnóstico del finés para esta flaca realidad de McLaren.
Con una sola carrera corrida sobre dieciocho resulta apresurado hablar ya de un probable séptimo titulo de Schumi. En cambio puede ser válida la preocupación por un nuevo dominio de Schumi-Ferrari. Porque por lo visto en Australia la motivación ganadora del alemán está tan alta como el rendimiento de su Ferrari F2004. Y por el contrario, sus rivales no parecen haber arrancado tan bien parados. Igual, las cosas pueden cambiar, dentro de dos semanas en Malasia.
Atento a todo lo que pasa y sucede, Bernie Ecclestone, disparó ayer un particular e imposible deseo, aun para alguien poseedor con un capital de 4.370 millones de dolares de la séptima fortuna de Gran Bretaña. “Me hubiese gustado ver el duelo entre Senna y Schumacher. Si Ayrton no hubiera muerto en 1994, Michael no habría logrado tantos títulos”, sentenció el zar de la F 1 coincidiendo con la opinión de muchos seguidores de la categoría.
Obviamente esto no podrá ser. Pero pudo haber sido alguna otra acción como la que Bernie hizo en 1996 llevando a Michael a Ferrari. Como por ejemplo colocar a su lado y con las mismas condiciones a un piloto de punta, que pueda correrlo libremente al alemán como Montoya o Raikkonen. Esto le hubiese quitado a Schumi la tranquilidad de tener las espaldas cubiertas como las tuvo siempre y a su potencial coequipier le habría dado sus mismas armas para intentar vencerlo. Pero ahora Bernie prefiere respetar este dominio de Ferrari, porque la considera imprescindible en la F 1, más allá de sus pilotos y apela al discurso de “el interés que hay por ver quien le gana a Michael” para asegurar que la F 1 no será aburrida.
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