POLÉMICO FILM PALESTINO
En pleno resurgimiento del conflicto en Medio Oriente llega a Buenos Aires la más reciente producción del prestigioso cineasta palestino Elia Suleiman, “Intervención divina”, un film que, en tono de comedia, registra situaciones en esos territorios críticos de la ocupación y que, en vista del momento actual, dará que hablar.
Esta película ganó el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes de 2002; conoció el éxito en numerosos países (en especial, en Francia) y hace dos meses se dio en el V Festival de Cine Independiente de Buenos Aires; formó parte del lote “Palestina y sus alrededores”, que incluyó documentales de denuncia, como “After Jenin” (de producción británica) o un film-ensayo del israelí pacifista Udi Aloni, “Local Angel”, que registra una entrevista a Yasser Arafat cuando estaba bajo sitio en Ramallah, el año pasado.
En el Bacifi de este año hubo también un film de ficción palestino en competencia, “El casamiento de Rana”, de Hany Abu-Assad. En casi todas se testimonia la destrucción de casas familiares por las topadoras israelíes.
Ironía y sátira
Nada de toda esa pesadilla trasunta el film de Suleiman que se estrena esta semana. “Intervención divina” apela a la ironía y a la sátira y se erige en un hito singular de lo que se produce en Palestina, una cinematografía casi inexistente.
“Intervención divina” ironiza en dos tiempos. En una primera etapa, se ríe de los palestinos que habitan Ramallah, en una mezcla de comedia costumbrista y humor del absurdo: vecinos que viven litigios barriales y se intercambian fechorías. En la segunda, el blanco son los soldados israelíes que regentean severamente puestos de control. Ahí aparece el personaje más misterioso y fascinante del relato: una agente palestina, suerte de James Bond femenino, para cuya caracterización Suleiman recurrió a una mujer muy especial. Se llama Manal Khader y no es actriz sino periodista. Este personaje enloquece a los militares de la ocupación; baja de un lujoso auto, impecablemente ataviada y, avanzando con implacable mirada de 007, transgrede la veda de acceso a Jerusalén en el puesto de control, arrasando con todo a su paso, ante la mirada azorada de los guardias.
En esa alucinante aparición de esta inefable mujer se advierte la intención del realizador: en lugar de denunciar dramáticamente las arbitrariedades de sus adversarios invasores les toma el pelo. En este punto su delirante discurso se diferencia radicalmente del de los films empeñados en documentar el drama que vive la región.
A partir de ahí la misteriosa agente y su novio (otro agente, interpretado por el propio Suleiman) se dedican a observar en silencio los puestos de control con alguna sutil y graciosa provocación alegórica, como el lanzamiento de un “inocente” globo rojo con el rostro de Arafat impreso en el juguete.
Este contenido no está abierto a comentarios

