Policía procesado por intentar matar a su amante
Corrían las primeras horas del año 2010 cuando Silvana Giménez se retorcía de dolor en la barrosa zanja de un camino rural cercano a Casilda. Un extraño se había subido al auto del suboficial de policía con quien ella salía desde hacía tres meses y le había abierto 17 heridas en el cuerpo con una cuchilla. Su novio no hizo nada por socorrerla. Ella cayó al piso, se vio perdida en ese descampado solitario y optó por quedarse quieta, guardar silencio, parecer muerta. Entonces el policía se acercó y le pateó la cabeza. "Ya está, vamos", le dijo al atacante. Casi desangrada en esa cuneta húmeda, la chica comprobó con horror que lejos de tratarse de un robo común había sido víctima de un plan de su novio policía para eliminarla.
Ese mismo complot que la chica advirtió la madrugada del 1º de enero pasado en un desolado camino de tierra es el que ahora consideró probado la jueza de Instrucción de Casilda, Silvia Nogueras. La magistrada procesó al policía Raúl Jesús Vitar, de 20 años, y al detenido Juan Carlos Valentini, de 47, como coautores de intento de homicidio y otros delitos que prevén una alta pena de prisión.
Para la magistrada, de distintos elementos de la causa quedó demostrado que Vitar contrató a Valentini, un preso en libertad condicional al que había conocido durante su estadía en la alcaidía de Casilda, y que le ofreció entre 500 y mil pesos para eliminar a la chica. A pesar de que tenía con ella un amorío, la consideraba un estorbo que ponía en peligro la relación formal con su novia.
Ahora, el policía y el preso fueron enviados a juicio en calidad de coautores. Es que "ambos han actuado conjuntamente en la empresa delictiva. Los dos planificaron y se socorrieron para llevar adelante el fin propuesto", según la jueza. Si bien las pruebas indican que Valentini fue quien atacó con un cuchillo a la mujer, a Vitar se le asignó la misma responsabilidad porque "ambos tuvieron la intención" de matar. Un resultado que, para la magistrada, no ocurrió por "un milagro".
La joven de 26 años sufrió 17 heridas de arma blanca que le afectaron el diafragma, el abdomen y el riñón izquierdo. Su estado de salud estuvo seriamente comprometido. Necesitó dos transfusiones de sangre y asistencia respiratoria. La gravedad del cuadro llevó a los médicos a decidir su traslado al Hospital Provincial de Rosario, donde estuvo internada. Obtuvo el alta, pero aún se recupera de las secuelas de la agresión.
En año nuevo. El ataque fue entre la 1.30 y las 2.30 del 1º de enero. Esa noche Vitar había recibido el año nuevo en una quinta con familiares de su novia oficial. Más tarde, había quedado en salir con amigos. Pero antes contactó a Giménez, con quien mantenía desde hacía tres meses una relación paralela. La chica esa noche trabajaba cuidando la casa de un policía mientras la familia estuviera ausente. Por ese domicilio de Moreno y Catamarca, en Casilda, la pasó a buscar él en su auto.
De allí partieron en un BMW negro con rayas grises. Tras cruzar la ruta 33 el policía tomó el viejo camino a Fuentes y detuvo la marcha a unos 600 metros. "Apenas paramos un hombre abrió la puerta de mi lado. Era robusto, de cabello con rulos, de cutis morocho. Este tipo me dijo: «Correte, correte». Me empuja para el lado de Vitar y le dijo que me ate las manos, pero él no lo quiso hacer. Entonces me tapó con un trapo la boca y me ató las manos con alambre. Yo me quería ir pero nunca pude escaparme", contó más tarde la víctima, en un hospital.
El agresor, contó, la sacó del auto y le quitó el celular y el dinero. Recién entonces intervino Vitar: "No sabés que soy policía", simuló increpar al agresor. "Sí, ya sé que sos policía. Quedate tranqui", respondió el agresor, mientras arrojaba a la chica al piso. Luego le sacó los zapatos y comenzó a pegarle. "Yo sentía que me pinchaba todo el cuerpo con un cuchillo de mango blanco. Haciéndome la muerta rodé y caí en una cuneta profunda con agua y yuyos", relató. Contó que entonces Vitar se acercó, le pateó la cabeza, la dio por muerta y se fue.
Silvana cree recordar que en ese momento se desmayó. Cuando se repuso, logró levantarse y hacerle señas a un auto que pasó de largo. El siguiente conductor se detuvo ante la imagen casi espectral de esa chica embarrada y bañada en sangre y llamó a la policía. La subieron a una ambulancia y entonces le dijo al enfermero: "Fue Raúl Vitar".
A Vitar sus colegas fueron a buscarlo a una casa quinta donde también secuestraron su auto, que en el baúl tenía su arma reglamentaria 9 milímetros y un revólver calibre 38 usado en el hecho. Estaba nervioso y preocupado. Admitió conocer a Silvana y haber estado con ella en el lugar del ataque.
"Ella venía amenazando, diciendo que le iba a contar a mi novia que habíamos estado juntos, que salíamos y manteníamos una relación a escondidas. Para cortar esa situación se me ocurrió la idea de asustarla para que me dejara de joder", confesó ante sus pares. Admitió que había contratado a Valentini, en cuya casa se secuestró un cuchillo reconocido por la víctima como el usado en el ataque.
Luego Vitar adjudicó su confesión a apremios policiales, dijo haber firmado sin leer y se declaró inocente. Para la jueza, sin embargo, ese relato "cobra fuerza y credibilidad" porque se sustenta en otras pruebas. Sin ese aporte, concluyó, a la policía le hubiera resultado imposible ubicar a Valentini.
Un plan homicida. El encuadre legal que adjudicó a ambos incluye una lista de graves delitos. Les imputó un intento de homicidio doblemente agravado: por la alevosía (porque buscaron asegurar el hecho llevando a la chica a un descampado, en un ataque por sorpresa y a traición) y por haber sido realizado con promesa remuneratoria. A esto se suma el robo calificado del celular y el dinero de la chica y la portación ilegal de un arma. La condición de empleado policial de Vitar no intervino como agravante porque el hecho se produjo fuera de ejercicio de su función y franco de servicio.
Para la jueza, si fueran castigados sólo por las lesiones se perdería de vista que la finalidad del ataque fue causar la muerte de la chica. Las frases pronunciadas en ese momento por el policía, "dale en el cuello que así no la matás", "vamos que ya está muerta", para la jueza dan cuenta de que "los acusados se retiraron del escenario creyendo que la joven ya no vivía. Hubo conciencia y voluntad de causar la muerte de una persona".
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