POLÍTICAS PARA ENFRENTAR EL CAMBIO CLIMÁTICO
La especialista en Ciencias de la Atmósfera Celeste Saulo, que se desempeña en el Servicio Meteorológico Nacional, consideró que lo que ocurrió en la ciudad de Santa Fe por el desborde del río Salado en el 2003 “fue un punto de inflexión”. La profesional habló de lo que es el Servicio Meteorológico Nacional, pero sobre todo apuntó a lo que debiera ser este importante organismo. Saulo explicó la importancia de tener una red de radares en alerta meteorológico, y se refirió también al cambio climático. “Frente al cambio climático, nuestra experiencia del pasado sirve de poco, hay que adquirir una experiencia nueva”, señaló la profesional, que se doctoró en Ciencias de la Atmósfera en la Universidad de Buenos Aires y actualmente se desempeña como docente en el departamento de Ciencias de la Atmósfera y los océanos de la UBA. Es investigadora del Conicet y miembro de la comisión directiva del Centro Argentino de Meteorólogos.
En primera instancia, y anticipándose a la pregunta, Celeste Saulo describió las actividades actuales del Servicio Meteorológico Nacional: “Es el organismo encargado de proveer pronósticos a corto plazo, uno, dos o tres días para el público en general y además tiene la función de brindar el pronóstico a la aeronáutica, ya sea a líneas comerciales como militares.
—¿Sólo esto hace el Servicio Meteorológico Nacional?
—No, a esto es a lo que ha quedado reducido el Servicio Meteorológico que en realidad no fue concebido solamente para estos fines. Como en otros países del mundo, debería también ocuparse de todos los asuntos que son agro-meteorológicos, es decir el apoyo de la meteorología a la actividad agropecuaria a la actividad productiva. Debería estar muy vinculado a todo lo que es la regulación de los recursos hídricos. Además de vincularse a todo lo que es la demanda o posible demanda energética, porque esta depende en un 60 por ciento del tiempo y el clima, con lo que el servicio meteorológico debiera ser la mano derecha de los organismos y de quienes que deben tomar decisiones en este sentido. También debiera de tener una importante componente que le permitiera investigar y entender un poco mejor que es lo que está pasando con el cambio climático a nivel de nuestro país.
—El Instituto Nacional del Agua (INA) ¿De qué se ocupa, entonces?
—Por definición el área de competencia del INA es la hidrología, aunque hay meteorólogos trabajando allí. Pero aquí hay un buen ejemplo de cómo el Servicio Meteorológico pudiendo interactuar y conformar un grupo de trabajo muy importante para el país lo tenemos divorciado del INA, trabajando desasociados y esto tiene que ver con que el Servicio Meteorológico a priorizado las cuestiones aeronáuticas en detrimento de estas otras problemáticas que son tan o más importantes.
CONDICIONES DEFICIENTES
Hace unos días atrás el Centro Argentino de Meteorólogos denunciaba, en un matutino porteño, las deficientes condiciones en las que se encuentra el Servicio Meteorológico Nacional. Averiguamos por la cantidad de radares con que cuenta el país y tuvimos la primera sorpresa: “Actualmente el radar que está en Ezeiza es del Servicio Meteorológico y no del INA y es el más sofisticado con que cuenta la Argentina. Recientemente se instaló un radar mucho más sencillo en cuanto a sus posibilidades científicas, de precisión y meteorológicas en Pergamino que se instaló al sur de Santa Fe mediante un convenio entre los agricultores, el Inta y el Servicio Meteorológico. Fuera de estos dos radares, hay uno muy antiguo en Mendoza y se termina la red de radares de la Argentina”, expresó con tristeza Saulo.
—Entonces, ¿Cómo se monitorean las tormentas?
–Bueno, está muy bien documentado que en los últimos años ha aumentado la frecuencia de tormentas severas en la región de la mesopotamia y la pampa húmeda, es decir que es imprescindible tomar una decisión política para invertir en radares meteorológicos que permitan estar preparados para monitorear estos nuevos sistemas que causan las tormentas y aminorar o atenuar los impactos que tienen sobre la población.
—¿Cuántos radares se necesitan?
—Un radar no va a permitir evitar la ocurrencia de fenómeno, necesitamos una red de radares que le permita a los investigadores entender mejor cómo llueve y en qué cantidad y qué tipo de sistemas se da en cada región. Además de tener un monitoreo y poder dar el alerta en tiempo y forma; estos dos aspectos son los que han sido descuidados por la proscripción del Servicio Meteorológico.
CAMBIO CLIMÁTICO
“Los científicos tratamos de reasegurarnos uno y mil veces antes de hablar de algo tan serio como son las consecuencias y las implicancias de un cambio climático, pero lo que está claro es que los indicadores que utilizamos los científicos están denotando claramente efectos del calentamiento global” especificó Saulo.
—¿Se investiga el cambio climático en nuestro país?
—Tiene que haber un apoyo a la investigación en estos temas para que todo el conocimiento quede al servicio de la comunidad y de entender mejor cómo estos cambios impactarían en nuestra región.
—¿Las consecuencias del cambio climático son iguales en todas las regiones?
—No, los efectos del cambio climático no son los mismos en todas las regiones y en este sentido cada país tiene que tomar sus propias decisiones y tiene que orientar sus propias investigaciones a sus necesidades, esto es lo que al Servicio Meteorológico le falta.
—¿Nuestro país está en condiciones de hacerlo?
—Argentina tiene la posibilidad de dar estas respuestas porque, afortunadamente, tiene un núcleo científico que se ha mantenido activo y basta que el servicio meteorológico se apropie del tema y tome como suya la necesidad de estudiar estas cuestiones para tener la mitad del camino recorrido.
EL PARADIGMA SANTAFESINO
“Lo que ocurrió en Santa Fe es un punto de inflexión sobre el que todos tenemos que hacer una lectura crítica del rol que le cupo a cada institución”, señaló la especialista, que si bien no quiso ahondar en el tema, comentó que por esos tiempos no estaba actuando en ninguna institución que le permitiera saber por qué no se pudo mejorar el grado de previsibilidad, aunque advirtió que no cree que el suceso haya sido “previsible totalmente”, pero reflexionó sobre cómo se hubiera podido aminorar el impacto.
Según indicó la profesional, estábamos acostumbrados a un tipo de situación meteorológica más o menos frecuente y se tenía trazada una climatología. Frente al cambio climático nuestra experiencia del pasado sirve de poco y hay que adquirir una experiencia nueva, señaló Saulo.
—¿Entonces la inundación de Santa Fe marcó un antes y un después?
—La inundación fue y es un punto de inflexión y es construir una experiencia nueva. Es decir el cambio está y de aquí en adelante ver cómo se articulan los organismos de decisión, desde los técnicos hasta los políticos, para enfrentar algo que no está en nuestra memoria ni en nuestra historia pero que debemos prepararnos.
Saulo volvió luego sobre la catástrofe de Santa Fe y recordó: “Para mí Santa Fe fue un shock como ciudadana y como científica… pero además creo que marcó que algo está fallando en la estructura de la comunicación interinstitucional. Debemos jerarquizar alguna institución, que me encantaría que sea el Servicio Meteorológico, para que realmente ese organismo dé el alerta y realmente funcione como alerta”.
Saulo aprovechó para realizar un llamado y afirmó: “Es importante que la población comprenda que en cuestiones ambientales se toman decisiones a 30 ó 40 años y ya estamos viviendo las consecuencias de lo que hicimos 40 años atrás. Eso no lo podemos revertir y si los tiempos de la atmósfera son lentos los tiempos de las sociedades son más lentos aún.
Las políticas a generar en este sentido son a muy largo plazo, deben ser muy concienzudas y serias para enfrentar una realidad que no podremos revertir a mediano plazo.”
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