POR AMPLIA MAYORÍA, EL SENADO LE DIO RÁPIDO TRÁMITE A LA NUEVA LEY LABORAL
En el tiempo récord de 13 días, el Senado dio media sanción a la Ley de Ordenamiento del Régimen Laboral —que envió el Gobierno el 11 de febrero— y la giró de inmediato a Diputados. La norma deroga y reemplaza a la polémica reforma laboral que impulsó el gobierno de De la Rúa en 2000, por la sospecha de que se habrían pagado sobornos para sancionarla.
La ley del Gobierno —que el oficialismo impulsó con fuerza en el Congreso—, obtuvo una abrumadora mayoría: en la votación en general hubo 65 votos a favor y sólo uno en contra.
Así quedó registrado en modernas planillas porque, por primera vez en la historia, el vicepresidente Daniel Scioli logró instaurar el voto electrónico en el que queda registrado cómo votó cada uno. Un aporte a la “transparencia”, según definió el propio Scioli.
El único sufragio en contra fue el del socialista Rubén Giustinianni, quien pidió anular —y no sólo “derogar”— la reforma de 2000 “porque está sospechada de tener vicios de voluntad que la hacen insanablemente nula”.
Fue precisamente la derogación de la cuestionada ley 25.250 lo que encolumnó a peronistas, radicales y otros partidos detrás de la nueva ley. La anterior recibió calificativos como “ley maldita”, “norma de la vergüenza” y “ley de la infamia”, entre otros.
Sin embargo, la nueva norma deja en pie algunas nociones de la que deroga, como el caso del “período de prueba” de nuevos trabajadores que se limita a tres meses cuando antes podía llegar hasta un año. Pero se incluyen beneficios para los sindicatos nacionales, como reinstalar la vigencia de la “ultraactividad” (un punto que cuestionan los empresarios), y el retorno de la norma más beneficiosa para el trabajador en los convenios colectivos.
Los senadores incluyeron sutiles modificaciones al texto que envió el Ejecutivo: en el artículo 6 impusieron la obligación del Ejecutivo de informar al Congreso cuando se prorroguen las rebajas de aportes patronales a empresas de hasta 80 trabajadores.
El otro punto fue más conflictivo: buscaron reducir al máximo las prerrogativas que reasume la Nación sobre la Policía del Trabajo, que está delegada en las provincias y pueden inspeccionar empresas o hacer la vista gorda de acuerdo a conveniencias políticas. El tema se convirtió en una verdadera pulseada de poder con los gobernadores.
Fuera de estos cambios menores, tal como se preveía la norma salió sin problemas del Senado.
“Debemos asumir los hechos del pasado reciente que la sociedad cuestiona”, dijo el jefe de bloque del PJ, Miguel Pichetto. “Este es el inicio de un camino porque sabemos que ninguna ley laboral genera empleo por sí misma”.
Coincidió con él el jefe de bancada de la UCR, Mario Losada: “Nos hacemos responsables por la reforma laboral de 2000, estamos de acuerdo con su derogación por las sospechas que generó”, dijo. Los radicales se vieron obligados a abjurar de la reforma que su propio partido impulsó hace casi cuatro años.
Al Senado le llevó casi siete horas de discursos la votación. En varios artículos la UCR propuso reformas, que invariablemente fueron denegadas por el vice de la Comisión de Trabajo, el tucumano Julio Miranda. La mayoría fue siempre abrumadora para el lado del oficialismo.
La pelota, ahora, quedó en el campo de los diputados. El oficialismo intenta tratarla allí antes del fin de semana, pero dependen de que la oposición aporte los dos tercios de los votos.
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