POR FIN, CARLOS Y CAMILA LOGRARON CASARSE
Ya nadie podrá reclamarle su condición de amante. Por fin y luego de toda una vida de espera, Camilla Parker Bowles logró casarse con el príncipe Carlos de Inglaterra.
La aristócrata luchó contra viento, marea, Lady Di, la reina Isabell II y todo cuanto se le puso delante para no dejar escapar al amor de su vida.
Carlos y Camilla salieron hoy del ayuntamiento de Windsor convertidos en marido y mujer, luego de vivir más de tres décadas de amor clandestino.
Vestida ella de blanco perla –habían dicho que el color del vestido iba a ser dorado- y él de jaquet, ambos saludaron brevemente a los miles de curiosos que aguardaban en la puerta del ayuntamiento, antes de subirse a un imponente Rolls Royce que los llevó hacia el Castillo donde recibirán una bendición en la capilla de San Jorge.
La pareja no puede celebrar un matrimonio religios debido a que la novia es divorciada y ya estaba casada por iglesia.
La discreta ceremonia civil, la primera que se celebra dentro de la familia real, apenas duró veinte minutos y en ella, la gran ausente fue la reina Isabel II y también su esposo, el duque de Edimburgo. Durante el casamiento sólo estuvieron presentes 23 personas.
Entre otros, acudieron al enlace los dos hijos de Carlos, los príncipes Enrique y Guillermo, quien fue testigo, y los dos de Camilla, Laura y Tom, que fue el otro testigo de la boda.
Los hermanos de Carlos, la princesa Ana y los príncipes Andrés y Eduardo, así como los familiares más cercanos de Camilla también asistieron a la boda, por la que unos 15.000 curiosos se desplazaron al pequeño pueblo de Windsor, según informó la Policía.
La novia, que técnicamente es duquesa de Cornwalles, vistió para la ocasión un elegante traje por debajo de la rodilla de color perla con un abrigo haciendo juego, combinado con una capelina y zapatos de color beige, mientras el novio lució para su segunda boda un jaquet negro.
Los novios fueron recibidos con aplausos y gritos de miles de personas, y otro tanto ocurrió a su salida del ayuntamiento.
Previamente, la llegada más aplaudida por el público fue la de los hijos de Carlos, los príncipes Guillermo, de 22 años, y Enrique, de 20, ambos vestidos con elegantes jaquets al igual que el resto de los asistentes.
La pareja había llegado al ayuntamiento de Windsor desde el castillo en un lujoso Rolls-Royce Phantom VI de 1962 que perteneció a la Reina Madre, desde el que saludaron sonrientes al público.
Tras la boda civil, el príncipe de Gales y su esposa, la duquesa de Cornwalles, partieron hacia el castillo para recibir la bendición en la capilla de San Jorge, que estará a cargo del arzobispo de Canterbury, Rowan Williams.
A este servicio religioso asistirán la reina y más de 700 invitados, entre ellos pocos príncipes de Casas Reales europeas y figuras conocidas del mundo artístico del Reino Unido.
Antes de recibir la bendición, los novios tendrán que pedir perdón por haber sido amantes y por todos los pecados que cometieron mientras estaban casados con Lady Di y con Andrew Parker Bowles.
La boda de Carlos y Camilla se ve opacada por la muerte del papa Juan Pablo II y por la del príncipe Rainiero III de Mónaco. Ambos acontecimientos le han traído varios problemas a los novios como tener que postergar un día el enlace y suspender su luna de miel. Además ha impedido que muchos miembros de las familias reales puedan asistir al casamiento.
Este contenido no está abierto a comentarios

