Por la huella de Freyre
Hay que conocerlo. Es factible que muchos no tengan ese privilegio, a pesar de que el personaje de marras ha viajado por todo el país echando semillas de educación popular donde muchos le decían que nada iría a crecer. Pero, claro, no es una figura de la televisión ni filmó ninguna producción cinematográfica en esta San Luis donde vive hace tres décadas. Si apenas es un docente, con lo que ello implica en este país. Y en San Luis.
Es el mismo Tato Iglesias el que atiende el portero eléctrico de su casa en la capital puntana. Un pasillo largo como su lucha y oscuro como los que la discuten deposita en la casa del hombre que nació en Concordia, se formó en Buenos Aires, vivió en Reconquista, fue docente en Santa Fe, se radicó en San Luis, trabaja en Córdoba y lleva la Universidad Trashumante donde quiera que vaya.
Tiene el pelado de ceniza y las ideas lúcidas. Anda algo encorvado pero no ha de quedarse quieto en la entrevista, aunque más no sea para mover las manos. Y enseguida se nota que es de esos tipos a los que uno jamás podrá llamarles “viejo”. A los que son como este Tato no les vence el documento. “Tengo ocho hijos, la última de apenas 1 año”, dice como para certificar las intuiciones de un cronista.
¿Y por qué Tato Iglesias detrás del grabador, habiendo tantos otros puntanos para entrevistar? Porque hay que conocerlo. Y para eso hay que dejarlo hablar. Dice que “hace un año tuvo que vivir escapando de casa en casa como en los tiempos de la dictadura por haber participado de la organización de una marcha contra el gobierno de Rodríguez Saa”. Dice que “cuando trabajaba en Reconquista fue el obispo que lo excomulgó y lo hizo salir volando de allí”. Dice que todo es por andar por la vida con las ideas de Paulo Freyre. Y encima, aplicarlas.
Sus alumnos pueden dar fe de ello. Iglesias no pone notas en sus cátedras y enseña a que todos aprendan de todos con particulares clases que incluyen hasta puestas teatrales. Y afuera es tozudo para pelear. Integra la Multisectorial que hace 1 año marcha todos los jueves ininterrumpidamente a pedir por las libertades que andan escaseando en San Luis, donde sobra propaganda.
Hace unos años Tato Iglesias se subió a un colectivo viejo y llevó la Trashumante por todas las provincias. En este que transcurre, el guerrero parece que reposa gozando de su año sabático, pero no es tan así: está terminando de escribir la experiencia formidable que resultó el derrotero de la educación popular llevada en micro a los lugares más recónditos.
Una pena para los que se lo pierden en sus cátedras en un espacio –la Universidad- que el entiende que repite las prácticas de la política tradicional que se da afuera. Igual, el hombre que ahora da por terminada la entrevista porque lo aguardan otros compromisos militantes, no deja de educar: poetas, escritores, estudiantes, docentes, luchadores, todos, unánimemente, aconsejan a los que pasan por San Luis, ir a conocer a Tato Iglesias. Para aprender un poco nomás.
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