POR PRIMERA VEZ EN ROSARIO UNA JOVEN EN DIÁLISIS PUDO SER MAMÁ
Superando las leyes científicas, por primera vez en la ciudad, una mamá que padece de insuficiencia renal crónica y hace casi dos años recibe un tratamiento de diálisis, pudo concebir y dar a luz con éxito una pequeña beba de 1.800 gramos. Se trata de Eliana Juárez, de 17 años, que tuvo su primera hija el jueves pasado en el Hospital del Centenario. Los médicos trabajaron en forma conjunta desde los diferentes servicios para lograr lo que definieron como “un auténtico milagro”, ya que son escasos en el mundo los casos de mujeres que en situación semejante logran ser madres.
“A los 10 años empezaron mis problemas de riñón”, recuerda Eliana, que pronto recibió el diagnóstico: tenía una insuficiencia renal crónica. A los 16 años el cuadro se complicó y comenzaron las sesiones de diálisis. Nueve meses atrás descubrió que estaba embarazada. “Me asusté -dice entristecida-, porque tuve miedo de lo que le podía pasar al bebé y a mí”.
Ante la confirmación del embarazo los médicos se pusieron en acción. Eran conscientes de que se enfrentaban a un desafío singular, lograr que esta incipiente mamá lograra tener a su bebé y que este no sufriera complicaciones. Se formó un equipo interdisciplinario en el que intervinieron obstetras, ginecólogos, trabajadores sociales, psicólogos, nutricionistas, y el representante de la comunidad, Ariel Fernández, además de los médicos de nefrología y de la sala de diálisis. Lo primero fue explicarle a Eliana cuáles eran los riesgos de su embarazo. “Me dijeron que corría más riesgos el bebé que yo. Pero, me prometieron que iban a hacer todo lo posible para que todo vaya bien”, y así fue.
De alto riesgo
Cuando Eliana dio a conocer la noticia a sus familiares, la alegría de un nacimiento se mezcló con el terror por las posibles complicaciones que tuviera tanto la mamá como el bebé. “Si bien surgió la posibilidad, nunca quise abortar, porque la criatura no tiene la culpa y además yo la quería”, contó Eliana con franqueza.
Su madre, viuda y con once hijos, fue un gran apoyo para la reciente mamá. “Me cuidó mucho, no me dejaba hacer fuerza, me acompañaba a las diálisis que empezaban a las seis de la mañana”, recuerda Eliana con los ojos brillantes. Su madre vende artículos por la calle y tiene un plan del gobierno por las dos hijas más pequeñas que aún viven con ella. Fue esta madre quien, junto a sus hijos y los médicos, formó una fuerte red de afecto para contener a una joven primeriza, que acometía el desafío de enfrentar un embarazo de alto riesgo.
A partir del cuarto mes Eliana comenzó a dializarse durante seis días de la semana: lunes, miércoles y viernes durante cuatro horas, y martes, jueves y sábados tres horas. Junto con esto se le suministró un tratamiento nutricional diferente. Desde ese día, Eliana viajó todos los días desde su pequeña casa de madera, situada en el barrio Larrea de Empalme Graneros, para someterse al tratamiento.
Sin embargo, el camino que emprendió no le resultó fácil. Los primeros meses Eliana los recuerda con pesar. Se sentía muy mal, tuvo mareos y otros malestares se agudizaron por su mismo estado. Pero luego el embarazo siguió su curso sin más complicaciones. Casi un mes antes de la fecha que los médicos habían pronosticado para el nacimiento de su hija, el 11 de mayo, nació Noel. “El parto fue muy bueno y los médicos no podían creer que fuera tan rápido”, rememora feliz. A los dos días le dieron el alta, pero la beba se quedó en neonatología por su bajo peso. Eliana todavía no puede amamantar a su hija porque aún es muy pequeña para succionar, por esto se alimenta por sonda. Sin embargo, no deja de pasar todo el tiempo que puede con ella. “Con ayuda de las enfermeras la saco de la incubadora, la cambio, la tengo conmigo largo rato pero es muy dormilona”, se queja la joven mamá que ya quisiera llevársela a su casa.
La jefa del servicio de neonatología del hospital, Laura Levinson, expresó que “el estado de la beba es bueno”. En este momento “estamos trabajando con la mamá la cuestión del vínculo, además de adiestrarla para que pronto pueda amamantar a la pequeña”, agregó.
Una vez que nació la beba, las diálisis diarias terminaron y la paciente recuperó su ritmo habitual de tres veces por semana. Pero la vida de Eliana cambió. Ahora piensa el futuro con nuevas perspectivas y sobre todo tiene en claro que quiere el trasplante. “Mi hija me necesita y tengo que estar bien”, manifiesta con una seguridad que se expresa en su mirada. Uno de sus hermanos se está haciendo los estudios de compatibilidad para ver si puede donarle un riñón. Al terminar la charla, Eliana no dudó en expresar una frase que resume su actitud ante la vida: “Voy a luchar para poder seguir adelante”, porque aunque la etapa más dura ya la superó, sabe que aún queda un largo camino por delante.
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