Por primera vez, una mujer controla buques desde el aire
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Se llama Moira Daniela Britos Escudero, tiene 28 años y es oficial de control operativo. Sobre su nombre de guerra, “Vikinga” aclara: “No lo elegís, te lo asignan”.
En el aire y sobre el Mar Argentino, la marplatense Moira Daniela Britos Escudero es la primera mujer que se convirtió en oficial de control operativo (OCO) desde que se creó la Aviación Naval argentina el 11 de febrero de 1916. A los 28 años, como parte de la Escuadrilla Aeronaval de Vigilancia Marítima (EA1V) en la base de Punta Indio, combate la pesca ilegal que hacen buques extranjeros (sobre todo chinos, coreanos, taiwaneses y españoles) en nuestras aguas, dentro de la llamada Zona Económica Exclusiva o “milla 200”: los 370 kilómetros contados desde la costa.
Cuando los pilotos hacen contacto visual, a unos 30 segundos del objetivo, comienzan a descender de 10.000 pies (alrededor de 3.000 metros) a 300 pies (90 metros). Y cuando están por pasar encima, “Vikinga”, tal su nombre de guerra, pide: “Atención, atención”, y se le saca una foto al pesquero infractor. Ella no ve nada fuera del avión: está sentada en la parte de atrás del Beechcraft 200 Super King Air (B200), de costado y frente a una pantalla. Pero es la que manda: crea la parte táctica, que es el corazón de la misión. Tiene que tomar decisiones más allá del piloto y el copiloto, que se encargan de la seguridad aérea. Al escuchar esa indicación de la oficial de control operativo, el comandante cambia el rumbo y la nave desciende para identificar al infractor, que luego deberá explicar por qué no tenía encendido el AIS.
En esta época del año la zona de mayor interés para la pesca ilegal está en el sur, principalmente en el “lateral Trelew”, provincia del Chubut. Ahí se da la mayor concentración de buques poteros: de 200 a 300 barcos que desde un vuelo nocturno forman como una ciudad de luces sobre el Mar Argentino, porque con sus reflectores atraen a los calamares Illex argentinus (de 30 centímetros, viven dos años). La depredación se da por el sistema de postas: un centenar de líneas con anzuelos, que suben y bajan y enganchan a los calamares que se acercan a la luz. Y de paso también atrapan otras especies que pueden estar en veda. Además, esos buques tienen una capacidad de carga inferior a 100 toneladas. Entonces guardan la vaina del calamar y tiran el resto. Por cada tonelada que ganan, vuelve otra al mar y lo contaminan. Cuando no hay vigilancia de la Armada, los buques entran a la milla 200 y provocan pérdidas millonarias al Estado nacional.
Otra responsabilidad de la escuadrilla de “Vikinga” es el denominado SAR, por “search and rescue”: búsqueda y rescate. Ella dispone. “Si no soy precisa al hacer los cálculos, puede que se pierdan vidas”, dice la mujer, que también es la jefa de la Estación de Comunicaciones de Punta Indio. El 17 de junio último, dos días después del vuelo que Clarín compartió con “Vikinga”, el pesquero de argentino Repunte se hundió frente a las costas de Rawson (Chubut). Hasta ahora hay tres muertos y dos marineros rescatados. El 22 de junio el B200 de la Escuadrilla Aeronaval de Vigilancia Marítima se sumó a la búsqueda de los siete tripulantes que permanecen desaparecidos.
“Cuando el curso de operador de control operativo ya estaba avanzado, me dijeron: ‘¿Sabés que sos la primera?’. Porque no había habido comunicantes mujeres que hayan pedido el curso o se les haya dado la oportunidad de pedirlo. Fue un toque de color. Está bueno que se difunda para que todas sepan que lo pueden hacer”, señala “Vikinga”. Sin embargo, en la Escuadrilla de Trelew ya otra mujer comenzó a hacer el mismo curso. “Estar rodeada de hombres, que sea un ambiente netamente masculino, no es un problema para mí. Las mujeres nos integramos muy bien a la Armada y aprendimos a trabajar a la par. Hacemos lo mismo ─afirma ‘Vikinga’─. Ha costado un poco en el ámbito de camaradería. Como si entrás en un vestuario después del fútbol: hay mayoría de hombres y surgen más temas de hombres. Pero muchos se han ido acostumbrando.”
Las mujeres entraron en la estructura de las Fuerzas Armadas a principios de los 80, entre el desembarco en Malvinas y el inicio de la democracia, y a finales de los 90, cuando terminó el Servicio Militar Obligatorio y se incorporó personal femenino al Cuerpo Comando (no sólo al profesional). Además, a partir de 2006, durante el kirchnerismo se implementaron políticas de género en el Ministerio de Defensa liderado por Nilda Garré. El hito fue la resolución 849, que eliminó la prohibición del acceso o la permanencia en instituciones de educación militar para mujeres embarazadas, en período de lactancia o con niños.
Según datos oficiales que procesó la Oficina de Políticas de Género del ministerio en 2014, de las mujeres en formación militar 585 eligieron la Armada, 384 el Ejército y 9 la Fuerza Aérea, que históricamente es menos permeable a la cuota femenina. En la base, “Vikinga” tiene una compañera comunicante y una radarista. Y además menciona a oficiales del escalafón profesional: “una contadora, una abogada, una odontóloga y una bioquímica”. “Siempre somos menos de la mitad. O un tercio. Pero el número va aumentando. Se van animando más ─dice─. En mi promoción egresamos 60 y éramos 14 mujeres.”
Las guardias duran una semana. Pilotos, radaristas, vigías y oficiales de control operativo saben que durante ese lapso no pueden estar a más de una hora de la base. Por ejemplo: ante una alarma de búsqueda y rescate, en dos horas deben estar en el aire. Antes se prepara un prevuelo (o briefing) y “Vikinga” también es protagonista: da la información que pasa Operaciones y la meteorología, mientras los mecánicos preparan la nave. “Me voy a llevar el conocimiento de control operativo desde el aire y así servir como integración entre la aviación naval y los buques. Porque si bien somos todos de la misma fuerza, trabajamos en ámbitos separados y cuesta un poco mirar al costado y ver qué necesita el otro”, dice.
Los traslados en la Marina se dan cada dos años, según la necesidad de cada unidad. Pero en el caso de “Vikinga”, necesita cumplir millas navegadas para comandar un buque. No se sabe su destino. Tal vez sea la base naval Puerto Belgrano, en el distrito de Coronel Rosales, cerca de Bahía Blanca. Ella puede elegir su preferencia, pero la Armada decide.
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