¿ POR QUÉ ?
Es curioso, pero antes de haber salido más allá de los límites de la Av. Freyre, al contar unos pocos años que uno creía muchos pero al cabo de unos más puede ver que eran como minutos, sentí el frío de la estepa rusa leyendo cuentos infantiles de Tolstoi, bajé al centro de la tierra por la boca de un volcán en Islandia, en compañía de Verne y recorrí las pagodas de la India peleando con los tigrecitos de Mompracen junto a Salgari.
En medio de los recorridos, me detenía para narrar partidos en una cancha de baldosas marcada con tizas blancas, con arcos de torta y jugadores que eran figuritas de álbumes que nunca se llenaban.
La pasión por viajar y por contar me creció de modo directamente proporcional al desarrollo natural y ya no me contentaba con que esa imaginación sea testigo de mis primeras trasnochadas insomnes sino que necesitaba algo más. Y me hice amigo de la ruta y de la radio. La primera es una amante que ante cada regreso me pone un estado de ánimo casi soñado y la otra es una compañera incondicional. Pero, como suele suceder con las novias y las amantes, ellas casi nunca se cruzan. Hasta este tiempo, en que he decidido intentarlo.
Todo nació cuando hace un puñado de años me encontré ante un artículo de Jesús Quinteros, el cronista español que se sentaba junto a un perro pintado de verde por un truco de imagen y lograba entrevistas tan profundas que deberían integrar todos los manuales de las escuelas de periodistas. En una biografía de Quinteros contaban cómo había recorrido toda su España en una camioneta haciendo radio por las noches en donde le tocara en suerte.
Me dije que un día lo haría. Y ese día llegó.
Con un auto modesto, una cámara digital, un grabador, una computadora portátil y una máquina de fotos iré a buscar a Verne y a Salgari, a Tolstoi y a lo que habita dentro de aquel pibe que los leía sobre una cama vieja de elásticos, 25 años después. La vuelta al contorno de la Argentina para contar como se sufre y se siente el país gringo / criollo / latino / indio / sajón / mestizo es un halago porque nunca antes alguien lo hizo desde nuestra Santa Fe, es una vertiente de interrogantes de las que suelen traer todos los nacimientos y es, por sobre todo, la concreción de un sueño, en un país donde desde hace buen tiempo se nos pretende inculcar que no es posible -Sabina dixit- invertir en quimeras.
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