¿Por qué hacemos rituales antes de dormir?
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Muchas personas tienen ciertas conductas para irse a dormir. ¿Son unas “manías” o responden a cierta finalidad? ¿Ayudan a dormir mejor?
Dentro de este conjunto de conductas que llamamos “rituales antes de dormir” incluimos varias de distintos orígenes. Hay ciertos hábitos adquiridos en la infancia como lavarse los dientes, desvestirse, ir al baño o ponerse pijama. Otros, como escuchar música, leer unas páginas de un libro. Algunos como dejar todo en orden y preparado para mañana. Hasta cierta forma en que tiene que estar armada la ropa de cama, sabanas y frazadas.
Ciertos hábitos de limpieza, en sí mismos útiles, habitualmente han sido adquiridos en la infancia. Su repetición reactiva el recuerdo inconsciente de estos vínculos tranquilizadores. Uno está haciendo “lo correcto” y los padres de la infancia estarán contentos y lo cuidarán. Se puede ir a dormir tranquilo. Es importante que sean repetitivos y no entrañen decisiones nuevas. Son rutinas.
Los seres humanos somos animales pequeños a los cuales muchos sucesos del mundo nos pueden representar un peligro. En la vida despierta estamos constantemente haciendo un mapa de los que nos rodea y controlando los posibles peligros. Esto varía con las características personales y nuestras vivencias, realistas o no, justificadas o no, de la posibilidad de cambios peligrosos mientras dura nuestra pérdida de control por el sueño. Esto también determina la profundidad del sueño o su labilidad. El orden en que necesitamos dejar todo antes de dormir implica un intento de control sobre lo que pueda suceder.
Por otro lado, la recorrida de la casa es una despedida de todos los objetos queridos, un decirles “hasta mañana”. Y muchas veces nos cuesta como a los niños que no quieren irse a la cama cuando hay otros despiertos.
El cierto orden específico en la ropa de cama recuerda el arropamiento de la mamá o el papá al despedirlos en la noche y quizás contarles un cuento.
Todas estas conductas y reminiscencias, en general, son inconscientes pero pueden variar desde algo que hace más agradable el irse a dormir hasta rituales obsesivos que interfieren en la vida personal o de pareja. La posibilidad de hacerlas conscientes en un tratamiento psicoanalítico y vincularlas a los recuerdos y afectos correspondientes, permiten transformarlas de una orden perentoria o compulsiva en una simple elección en cada momento de nuestra vida.
Pero hay un elemento más a considerar como generador de los rituales.
El irse a dormir y específicamente el estar en la cama está fuertemente asociado tanto a actividades sexuales como masturbatorias. El grado de represión o de control, tanto consciente como inconsciente, de las actividades y fantasías sexuales y masturbatorias depende del desarrollo de cada persona . Con frecuencia los rituales están destinados a “exorcizar” a los “demonios” de la sexualidad prohibida. Las actividades de limpieza y pulcritud excesiva intentan negar las supuestas “actividades sucias”. Estas convicciones instaladas en la infancia determinan la fijeza de las conductas obsesivas.
Como se ve los rituales responden a diferentes fuentes y en distinto orden de magnitud. Determinar como inciden en cada persona requiere un análisis personal. El grado en que perturben la vida personal (o familiar) o sean simplemente un rasgo útil seguramente definirá que cada uno decida si quiere revisarlo y revertirlo a través de un psicoanálisis.
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