¿Por que lloran, entonces,Papá?
Mis hijas son chicas, pero escuchan. Y cuando escuchan, como todos los chicos, aprenden. Para mal o bien, aprenden y se forman o deforman, de acuerdo a lo que van escuchando, leyendo, mirando, y claro, copiándonos.
En casa, claro está, se habla de política. Hay libros de política. Se escucha radio, se ven programas políticos. Se discute de política. En casa tenemos ideas, también. Heredadas de los abuelos, de nuestro origen social o generadas por nuestro paso por la Universidad, por lo que leimos, lo que escuchamos, lo que miramos, lo que –a diferencia de ellas- vivimos.
Y hablamos de esas ideas, las exponemos, olvidando y descuidando que ellas escuchan. No es tan sencillo. Uno no puede esperar para hablar de política , a que ellas se ausenten, como ocurre con otros temas, u otras necesidades. Ellas están siempre, y aunque parezca que no escuchan, aunque olvidemos que están, cuando hablamos de política.
En casa, como en tantas otras, seguimos la enfermedad de Chavez. Tantas veces, dijimos, convencidos o explorando en nuestra cultura de la teoría de la conspiración, que “Chavez, ya se murió”, “que son tan autoritarios, que lo están escondiendo” “ que es un dictador populista”, “que es una copia del peor peronismo”, “ que dividió al pueblo en dos, irreconciliables”, “que en Venezuela opera el terror”, “ que es un modelo camino al fracaso”, y tantas otras frases, que seguramente olvidamos, pero que ellas guardan como lecciones inconscientes.
Los hijos, en principio quieren a quienes queremos, y lo mismo ocurre cuando no queremos a alguien.
Para ser menos vulgares e imprecisos: En casa, pensamos que Chavez hundió a Venezuela en el fracaso económico, que dejó una inflación record y que la inflación es un impuesto a los pobres, que dejó estadisticas de criminalidad record,que sus gobiernos tuvieron niveles de corrupción sin antecedentes, que proveyó valijas sórdidas a sus aliados, que fue protector del Narcotráfico de las FARC, que sostuvo patotas armadas para aterrorizar a los opositores, que impuso una Corte Suprema de mayoría automática que anuló las reglas de juego de las democracias , que impulsó discursivamente el odio hacia Estados Unidos, pero vendió siempre todo su petróleo a Estados Unidos, que ninguneó y desautorizó a todas las organizaciones nacionales e internacionales de derechos humanos, que se abrazó y legitimó a cuanto dictador hay en el mundo. Que vilipendió las libertades individuales…
En síntesis: En casa nunca miramos a Chavez con respeto, ni con admiración. Y es natural que ante un hecho como su muerte, y ante lo apabullante de las imágenes, terminara estallándonos la pregunta en nuestro propio living:
- ¿por qué lloran, entonces, Papá?
Pude responder que Chavez incluyó a los pobres a su manera, dando alimento a quienes no lo tenían. Que utilizó discrecionalmente los recursos del estado, pero que destinó buena parte de ellos a la educación pública y que muchas decenas de miles de venezolanos aprendieron a leer y a escribir gracias a eso.
Pude decir, también, que los pobres accedieron a lugares a los que nunca habían accedido. Pude decir que , a pesar de todo, hubo un proceso de distribución de la riqueza, que nacionalizó empresas que enriquecieron al estado, y si se quiere, al país. En fin: pude decir que el populismo tiende a establecer, con el uso de la propaganda, con el control de los medios, con la construcción de un relato que se repite como se repite un manual de primer grado, una relación pasional con sus beneficiarios, con un lider que hizo del discurso y la oratoria, su principal herramienta de convicción.
Y que los pueblos aman a los caudillos cuando ellos modifican aspectos de su vida cotidiana. Aunque para eso, desprecien a la democracia o se asocien a lo peor del mundo. Pude decir eso, si. Pero aun así, no hubiera podido responder la pregunta, adecuadamente.
- “Porque ellos lo quisieron mucho”, me limité a decir. Y me quedé callado. Y ellas también.
Y quedó flotando todo lo demás. Ellas, durante el resto de sus vidas , aprenderán o desaprenderán de lo que decimos en casa. Como aprendimos o desaprendimos nosotros sobre el Peronismo original. Y como en ese caso, se seguirán preguntando porque aquello que a muchos nos parece “malo”, para tantos otros resulta “bueno”.
Yo, seguiré pensando que el amor y la política no deberían mezclarse. Y que usar los sentimientos para instalar ideas, no deja de ser manipulación. Yo seguiré pensando que los caudillos no conjugan con la democracia, y también, seguiré pensando que las democracias liberales, con independencia de poderes – aún sin haber dado respuestas definitivas a los problemas profundos de la humanidad- son mejores que cualquier proceso populista autoritario.
Pero jamás voy a faltarle el respeto a las lágrimas de quienes aman. No importa porque aman. Sencillamente aman. Y el amor, por insano que resulte, no admite explicaciones científicas o políticas. No importa cuánto de ese amor resulte lesivo para quienes aman. Es amor, y en casa, al amor, nunca lo explicamos. Lo expresamos. “Es amor, hija”, pensé, pero mantuve el silencio.
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