Por qué los niños son los mejores detectores de mentiras
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Un estudio reveló que los pequeños pueden diferenciar la sinceridad y el engaño a través de las sonrisas. Por qué es importante para su desarrollo.
La mentira está incorporada en la vida de una persona desde la infancia. Primero en el juego, la simulación, luego para evitar un castigo y así va aumentando su complejidad a medida que las personas se ven inmersas en el mundo de los adultos.
Piadosa, blanca, cruel, generosa. Puede vestir muchas pieles, pero siempre está allí, tan presente que hasta puede pasar inadvertida. ¿Se puede detectar un mentiroso? Micro expresiones, gestos, posturas… Los expertos tienen opiniones variadas sobre el tema, sin embargo ahora se revela un método casi 100% eficaz: los niños.
Un reciente estudio, publicad0 en la revista especializada Evolution and Human Behavior, reveló que los pequeños poseen las asombrosa habilidad de detectar casi de inmediato cuando una sonrisa no es honesta.
El trabajo fue realizado por tres prestigiosas instituciones: el Departamento de Psicología del Desarrollo y Comparativa del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva (Leipzig, Alemania), el Departamento de Psicología de la Universidad de York (York, Reino Unido), y la Escuela de Psicología y Neurociencia de la Universidad de St Andrews (St Andrews, Escocia, Reino Unido).
El equipo detrás de la investigación explicó que esta facultad ayuda a que las personas puedan escoger en el futuro a compañeros, amigos y parejas que cooperen con ellos, en vez de traicionarlos. Y esta capacidad tan relevante comienza a gestarse durante los primeros años de infancia. Según el estudio, se descubrió que los pequeños logran darse cuenta casi de inmediato quién va a relacionarse de manera más afectiva sólo con observar su sonrisa.
Durante el curso de cinco experimentos, un equipo de psicólogos británicos y alemanes especializados en el desarrollo del ser humano analizó a 170 niños de entre dos y cinco años de edad. Pudieron observar que, a medida que los infantes crecen, sus competencias para detectar los distintos tipos de sonrisas mejoran, al igual que sus habilidades para socializar.
Durante los ensayos, se les pidió a los niños de entre dos y cinco años que miraran dos fotos de una modelo y que escogieran la imagen en la que la sonrisa era genuina. Se pudo observar que los niños más grandes pudieron detectar la sonrisa verdadera en el 75% de los casos. Los científicos notaron que la capacidad de elegir a los que sonríen de manera natural se origina desde una edad muy temprana -a los dos años-, y que, ya a los cinco, son capaces de otorgar a esta expresión de amistad una respuesta afectiva o rechazo.
Las características de las imágenes que más los ayudaron a escoger la foto correcta se encontraban, como cabe esperarse, en el área de la boca. Los niños explicaron que en las imágenes en las que la modelo sonreía de verdad, la boca estaba levemente abierta, y en algunas hasta se notaba que se estaba riendo. Los menores de cinco, sin embargo, no podían explicar la razón por la que habían elegido la foto.
“Esperan que la gente que muestra sonrisas reales sean más amables”, explicó Ruiting Song, un investigador del Instituto Max Planck de Antropología Evolucionaria, y primer autor del estudio.
“De ahí nace el entendimiento de la unión entre las sonrisas genuinas y la sociabilidad, por lo que pueden utilizar estas señales sutilmente sociales para realizar inferencias apropiadas sobre compañeros de interacción potenciales”.
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