Por subestimar a Macri
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La gestión de Macri no está en su mejor momento. Nunca tuvo un buen momento en temas cruciales para el país como la economía y lo social.
El andamiaje político-cultural que supo construir -que erróneamente se piensa que es en donde el gobierno menos experiencia tiene- hoy lo está salvando del peor golpe que le ha devuelto la realidad y que toma forma de inflación. Es ese 2,4 % de marzo el que empieza a tirar por la borda cualquier previsibilidad dibujada en diciembre pasado y que ya está recalculando los índices de suba de precios, más cercanos al 25 % anual que al 17 % anunciado.
De medir, en este preciso momento, el porcentaje de pobreza, la conferencia de prensa sobre algún descenso de la pobreza debería suspenderse. Deberán convencerse, muchos, que Macri es un gran político, sea por virtud propia o por su habilidad para rodearse. Lo cierto es que ha conseguido que una acérrima oficialista y responsable de la construcción triunfadora de Cambiemos, Elisa Carrió, se transforme en su oposición más importante en temas sensibles como el tarifazo y la relación con la Justicia.
Se puede perder el tiempo en la tontería de discutir “quien dirige a quien”, pero el debate se termina con una pregunta corta: “dirige el que tiene la lapicera”. Máxima en el manejo del Estado que Macri comprende a la perfección. Incluso en la supuesta tensión con el radicalismo en torno a la política económica y al ajuste, la jugada de Macri es un jaque mate pastor de tres movimientos ante un rival que tiene tanto de amateur como de vende humo.
En síntesis: Macri hoy es su propia oposición
Quienes en las elecciones de medio término se presentaron como “la oposición” hoy están tan callados que habría que moverlos para chequear si no están ya muertos. Cristina disfruta de su beca en el Senado, Randazzo quema la billetera con lo recaudado hace un año y Massa dejó de ser un Tigre para maullar como un gatito.
Tal es el dominio del centro del ring del neoliberalismo que, hasta en lo económico, el rey de la selva salvaje del mercado, Luis Espert, es quien corre por los pasillos por “tibios” a los economistas de un gradualismo que apenas amortigua las llamas con chorros de aceite como para que el incendio se mantenga y no se apague.
Un tal Moyano siquiera debió mostrar una muela para aparecer como feroz ante la inexistente pasión contestaria del peronismo. Peronismo al que le intervienen el Partido Justicialista y pega un grito tan estridente que es imperceptible para el oído humano, aunque sí es música para los gatos que rondan la articulación de otro tipo de oposición que se coma las “eses” para empatizar con lo popular.
Cómo estará de imantada la brújula kirchnerista que su referente mediático, Navarro, que aparecía como el soldado que se guardaba para otra guerra, se metió de lleno en el cazabobos de la Televisión Abierta y termino polemizando con Amalia Granata… y perdiendo tan de gran porte y arma una línea de cuatro de enanos del circo Rodas. Oda a la inconsistencia. El programa se llamaba Podemos Hablar y desde el sábado fue rebautizado por el kirchenerismo bobo como “Debemos Callar”. Nos devoran los de afuera.
Problemas son los de Trump, quien intenta ser su propia oposición y termina callando al oficialismo. Flojito de papeles y con allanamientos a sus abogados, Trump tomó la decisión de bombardear Siria para generar consensos en su frente interno. Declaró la guerra por Twitter y se peinó el jopo en Instagram. ¿Serán tan tontos los norteamericanos, ingleses y franceses como para sacar la bandera al balcón cuando huele a pólvora? Por supuesto que no.
Ocurre que el poder real, incluso el que maneja la economía de países que acumularon su riqueza y poder invadiendo a otros, está íntimamente ligado a la industria bélica y los hombres que viven de vender armas tienen a las guerras como su gran feria de exposiciones, con lo que la presión política ejercida contra Trump, por las corporaciones estadounidenses, mermaron -y no mágicamente- a partir de la bravuconada del blondo presidente que hizo sonar bombas en Siria para que sean escuchadas en Rusia, China e Irán.
Lo que no estaba en los cálculos de Trump es que ni Putin le devolvería alguna gentileza. En el Kremlin están más pendientes de la lesión de Messi que de lo que suceda en Oriente con las jugadas bruscas de los “aliados”.
Igualmente preocupa y da terrorcito, cuando se ponen cabeza con cabeza las grandes potencias nucleares y se muestran los dientes. Por un lado, sabemos que las esquirlas pueden terminar en atentados en nuestros países de meter la nariz en donde te pueden arrancar la cara y por lo demás, se sabe que las economías en guerra se cierran y cada uno resiste con lo suyo, lo que para un país que vive de la agroexportación no es un buen escenario.
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