Por qué puedo hablar de Hebe
Hace pocas horas un amigo me reprochó, con buen tono, que haya twitteado “contra” Hebe de Bonafini y sus desopilantes declaraciones favorables al “uso político del fútbol”. “No le pegues a Hebe, el 24/3 hay que estar en la plaza, y vos quedas del otro lado”, me reprobó. ¿De qué otro lado?. Hebe es una buena excusa para discutir a los organismos de DDHH en la Argentina, su deterioro moral, y su zigzagueante ética. Pero básicamente, Hebe es un buen conjunto de representaciones, que a esta altura, resulta insostenible.
“Futbol para todos es para hacer política, no negocios”, le advirtió en la mismísima Plaza de Mayo a Marcelo Tinelli. Si. Hay que detenerse en este punto un segundo: hasta hace minutos, Marcelo Tinelli, el emblema del vaciamiento noventista, estaba negociando junto a su socio Cristobal López , si, junto a Torneos ( Clarin) y junto a el eterno mafioso dueño del Futbol Julio Grondona, y si , junto a las principales autoridades del gobierno “Nacional y Popular”, el nuevo formato de las transmisiones “gratuitas” deL Futbol Argentino.
Parece que Tinelli, que es bicho en estos asuntos de “lo que quiere la gente”, iba por un suculento negocio, pero eso incluía la limpieza de lo impúdico de las transmisiones: el monopolio de la propaganda oficial, y sobre todo, la eliminación de los relatores y comentaristas que convirtieron a la emisión del fútbol de los últimos 4 años, en tribunas vergonzosas del relato oficial.
Por eso se enojó Hebe, y junto a los “chicos” de la Cámpora (que no parecen muy angustiados por el control de los precios), advirtieron y limitaron a Tinelli, hasta que finalmente el conductor abandonó. O lo echaron, de acuerdo a las versiones que se quieran leer o escuchar. Sinceramente el tema me resulta divertido y escandaloso, pero no me quita el sueño. Es un negocio más.
El asunto era Hebe, la “madre”, la dueña de los pañuelos blancos que simbolizaron la resistencia a la dictadura, y también, durante algunos años de la democracia, la reivindicación de la lucha por los crímenes de la dictadura, mientras imperaban las leyes de impunidad.
Esa “era” Hebe. Aunque apenas comenzó la democracia ya se había encargado de partir a las madres, cuando algunas de ellas- a la postre la Línea Fundadora- se negaban a aceptar algunas metodologías autoritarias de la patrona.
Aún antes de la llegada del Kirchnerismo y su incondicionalidad espuria a cualquier iniciativa del gobierno, aún aquellas que rayan con la inmoralidad, Hebe se había corrido a lugares que no permitían que la sociedad la acompañara.
Hay dos datos que se vuelven ineludibles y contrarios a cualquier reivindicación de los Derechos Humanos : su celebración jubilosa por las muertes en el ataque a las Torres Gemelas, y también, su incondicionalidad con ETA. Una organización terrorista francoespañola que con el argumento de reclamar la independencia del Pais Vasco, extorsionaban y mataban a dirigentes políticos, deportistas o ciudadanos comunes. Famosa es la frase de la “Madre” contra Joan Manuel Serrat cuando este repudió a ETA: “Serrat es un facho”
Ese fue el quiebre de Hebe. Nunca manifestó afecto por la democracia como sistema, y jamás, tuvo respeto por la voluntad de las mayorías. Todo aquello que no caía (ni cae) en sus conveniencias ideológicas ( si es que Hebe responde a alguna), es inmediatamente descalificado sin límites: antipatria, socio de los genocidas, delincuente, asesino, criminal, etc,etc,etc.
Su llegada al gobierno coronó su degradación: junto a Sergio Schocklender montaron un monumental negocio con las viviendas de “Sueños Compartidos”, y al desnudarse el desfalco, le soltó la mano al parricida, desentendiéndose de las irregularidades que ella sabía o debía saber que ocurrían. Por allí anda el expediente perdido en la maraña de los jueces oficiales que recibieron la orden de no tocarla. Los números hablan de más de 300 millones de pesos que se habrían escurrido entre sus manos. Del estado. O sea, de todos nosotros.
Pero mientras la Justicia la “protegia”, y La Corte Suprema se demoraba en resolver la situación constitucional de la Ley de Medios, todos asistimos a aquella arenga imperdonable de la Madre: “vamos a tomar el Palacio de Tribunales, sino fallan a favor del gobierno”. O sea: aquella noche, Hebe explicó que le importa tres carajos la institucionalidad. Bah, le importa mientras la escude. Si la justicia no le da la razón, aunque la justicia tenga razón, ella está convencida que “hay que tomar Tribunales”. Ella cree, que por la fuerza, se pueden firmar sentencias. Que lo puede hacer ella, aunque sean contrarias a la ley. Aunque representen injusticias. Aunque no defienda a las mayorías. Así pensaban las vanguardias setentistas, que nunca hicieron una autocrítica profunda , y así piensa ella, en plena vigencia dela Constitución Nacional.
Nunca me cayó bien su reivindicación de las organizaciones armadas argentinas durante los 70. Nunca aceptó una lectura autocritica de la violencia de los “jóvenes de ayer”. Pero el respeto que impuso e impone la muerte de sus hijos, y la perversidad de la desaparición de sus cuerpos, siempre le ganó a cualquier crítica que merecían sus acciones y opiniones.
Lo último fue su abrazo con Milani. Un militar sospechado de haber formado parte del Grupo comando que participó del genocidio en La Rioja, terminó de derrumbarla.
Ahí está la foto. Hebe abrazada a un sospechado de genocidio. Celebrandolo, reivindicándolo. Todo en nombre del modelo de Nestor y Cristina.
Y ayer, mientras los argentinos asistíamos a un nuevo y monumental negociado con con los recursos del Estado y el Fútbol y la mafia que encabeza Julio Grondona – el mismo que con los militares usaba el Fútbol para tapar el genocidio . Negocio que incluia a Clarin y al noventista Marcelo Tinelli, Hebe nos recordó lo que Videla impuso como regla, pero que jamás se animó a confesar: “ El fútbol es para hacer política, no un negocio”.
En su boca, hubiese sonado mejor al revés. Pero ella sabe perfectamente lo que está diciendo: Para Hebe, como fascista que es, es importante que la gente tenga mucho fútbol, gratis, y que en los agujeros que deja el recorrido de la pelota, relatores hablen de los beneficios del gobierno, no del estado, y que en los entretiempos, el Gobierno, tenga el monopolio del discurso y desde allí hacer propaganda, bienvenida si es propositiva, pero que generalmente tiene como objetivo degradar y descalificar a los adversarios del “modelo”.
No importa si para eso el Estado se desangra con miles de millones. No importa nada.
Hebe es una fascista. Quizás lo haya sido siempre. Pero su condición de madre de desaparecidos la ocultó.
No me importa de qué lado me pongan el 24 de marzo. Millones de argentinos, entre los que me incluyo, sabemos perfectamente que hizo la dictadura, acompañamos la lucha contra la impunidad desde muy jóvenes, celebramos la derogación de las leyes de impunidad y sostenemos que los culpables del genocidio deben ser juzgados. Incluido Milani. Y no necesitamos ni la bendición de Hebe Bonafini, ni silenciar lo que pensamos de ella, para sentirnos en el lugar adecuado.
Bonafini se encargó de destruir el afecto y el respeto que millones de argentinos tuvimos por ella y las Madres. Ese es un daño irreparable. Uno más, que deja la Década Ganada.
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