PORTUGAL PASÓ A CUARTOS EN UN PARTIDO ACCIDENTADO
En estas instancias, donde el que pierde arma las valijas y se vuelve a casa, no se puede salir a ver qué pasa. No se puede esperar, no se puede especular. Hay que ir a buscar el partido, a ganarlo. Después de cuatro años de espera, de preparación y esfuerzo, a nadie le gusta definir su suerte desde los doce pasos. En principio. Por eso, ni bien el ruso Valentin Ivanov dio inicio al cuarto partido de octavos de final, Holanda y Portugal salieron con todo a buscar el arco rival.
Ya en los primeros cuatro minutos, el equipo de Marco van Basten, que presionaba bien arriba, había probado dos veces desde afuera: una con remate de Van Bommel que se fue pegado al palo y otra con un tiro libre de Van Bronckhorst que contuvo fácil Ricardo. A toda orquesta arrancó la Naranja. Portugal, por su parte, intentaba hacer su juego: poner la pelota contra el piso y dejarla en los pies de Deco y Figo. Adelante, Cristiano Ronaldo, que en los primeros minutos estuvo muy aislado, se las arreglaba como podía. Y no lo hacía para nada mal. Al punto que Boulahrouz, cansado de verlo pasar, le metió tremendo patadón (era para roja) y lo dejó tendido.
De a poco, a medida que Deco se hizo dueño de la pelota, los de Scolari empezaron a adelantarse en la cancha. Y en la primera llegada clara que tuvieron, facturaron. El propio Deco se fue por la derecha, llegó al fondo y mandó un centro al área. Pauleta agarró la pelota, pivoteó y asistió a Maniche, quien entró como una tromba y le dio con alma y vida para meter abrir el marcador, a los 23 minutos. Portugal no era más que Holanda, pero la buena puntería del hombre del Chelsea le permitía ponerse en ventaja.
De todas maneras, las cosas se le empezaron a poner cuesta arriba a Portugal. Porque allá por el minuto 34, Cristiano Ronaldo no aguantó más el dolor que tenía en su muslo izquierdo después de la patada criminal de Bohlarouz y debió dejar la cancha llorando como un nene. Scolari perdía a su hombre de área y mandaba a la cancha a Simao Sabrosa, quien se ubicó por la derecha, mientras que Pauleta pasó de nueve.
Holanda, que cada vez iba con más gente a buscar el empate, tuvo el gol a los 36: Van Persie se metió dentro del área a pura gambeta, metió un enganche que dejó desparramado por el piso a Nuno Valente y metió un derechazo tres dedos que se fue apenas afuera. Los de Van Basten empezaban a inclinar la cancha. Encima, en el medio, Portugal no encontraba la pelota: Ooijer y Cocu ganaron el medio y Costinha estaba desbordado. Hasta le metió un viandazo a Ooijer que era para roja, pero Ivanov ni siquiera marcó la infracción. También, a los 42, Nuno Valente le hizo una de Titanes en el Ring a Van Persie adentro del área, aunque el ruso cobró indirecto por jugada peligrosa del holandés. Parejito el árbitro.
Ya cerca del final del primer tiempo, Pauleta tuvo en sus pies la chance de poner a Portugal 2-0 antes de irse a los vestuarios, pero Van der Sar le tapó de manera espectacular una media vuelta que el delantero sacó dentro del área chica. Pero esa no fue la última: Costinha, que estaba en capilla, hizo una mano intrascendente en la mitad de cancha y, esta vez sí, el árbitro le mostró la roja.
Con un hombre más, Holanda tenía un tiempo entero para llegar al empate. Y estuvo muy cerca de encontrarlo a los 3 minutos, pero el travesaño le ahogó el festejo a Cocu, quien había sacado un zapatazo tremendo. En la réplica, casi lo liquida Miguel con un derechazo cruzado que tapó Van der Sar. Con diez, Portugal estaba decididamente volcado en defensa, aunque agazapado para salir de contra.
Los caminos se le cerraban a Holanda, que sólo llegaba con remates desde afuera, y Van Basten mandó toda la carne al asador: Van der Vaart por Mathijsen, delantero por defensor, y a matar o morir. Afuera, el DT movía el banco y se la jugaba. Adentro, el partido levantaba temperatura. Le entraron duro a Figo, el portugués se levantó y le tiró un cabezazo a Van Bommel que ni el árbitro ni el línea vieron. Luego, Bouhlarouz, el mismo que le tatuó sus tapones a Ronaldo en el muslo, fue a vengar a su compañero y me le metió feo a Figo. De esta no se podía salvar: roja para el holandés y diez por lado.
Estaba áspero el tema. Un par de minutos después, Portugal tiró la pelota afuera para que atendieran a un holandés que estaba en el piso. La bola se puso en juego, Heitinga la agarró y encaró endiablado hacia el arco de Ricardo. Deco, con la sangre en el ojo, lo corrió desde atrás y le practicó la vieja y conocida “Doble Nelson” que tantos chicos festejaban y tan bien hacían los titanes de Martín Karadagian. Y ahí se armó. Un par de empujones para acá, otro par para allá. Una amarilla para Sneijder y a otra cosa.
El partido se le iba de las manos al árbitro. Ya a esa altura, entre Scolari, Van Basten, Figo y compañía le dirigían el partido, que tenía a Holanda como dominador, pero envuelto en la telaraña que le había propuesto Portugal: mucho forcejeo, discusión y nada de ritmo.
Deco, que ya tenía amarilla y se había salvado de la roja un par de minutos antes, quiso hacerse el vivo y se quedó con la pelota para que Cocu no hiciera un tiro libre. Calentito como estaba el partido, el holandés lo revoleó por el aire para sacársela. El árbitro lo vio, segunda amarilla para el volante del Barcelona y roja. Portugal quedaba con nueve.
De ahí hasta el final, salvo una contra de Miguel que terminó en las manos de Van der Sar, todo fue de Holanda, que iba con lo que tenía. Centros desde todos los rincones de la cancha, remates desde afuera. Probó Kuijt, luego Van Persie, pero nada. Ricardo respondía con seguridad. En el otro área, después de que Van Bronkhorst se fuera expulsado (por una patada, por supuesto) y dejara las cosas nueve contra nueve, Portugal podía liquidarlo en cualquier momento. Casi lo consigue Tiago, pero su puntazo cruzado salió pegado al palo.
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