Pre-supuesto, Por-supuesto
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El presupuesto da “por supuesto” que la ley de leyes debe ser cumplida. En los últimos años se ha transformado, apenas, en expresión de deseos.
Por Pablo Benito
Papel Mojado. El presupuesto, pre-supone el escenario económico-financiero en el que el Estado intervendrá para obtener metas políticas con un grado de realismo.
¿Qué quedó de lo que el gobierno nacional pre-suponía para el año en curso, allá por diciembre de 2017? Entre los aspectos clave del Presupuesto 2018 se destacaban:
- Proyectaba un crecimiento del 3,5% del PBI, un ritmo mayor al 3% que el de 2017.
- La inflación promedio proyectada era del 15,7% mientras que la meta del Banco Central de la República Argentina sería entre el 8 y el 12% anual.
- El valor del dólar que, al momento de la redacción del presupuesto, era de 19,3 pesos, se calculaba a la baja, con un valor de 17,50 pesos como techo.
- El déficit fiscal primario proyectado era del 3,2% frente al 4,5% de este año, con ingresos que crecerían un 19% y el gasto primario, un 14,8%. A su vez, el gasto de capital crecería un 17,2 por ciento.
- Una expansión del consumo privado del 3,3 por ciento.
- El ratio de deuda pública con el sector privado y organismos internacionales no superaría en los próximos años el 38% del PBI, y comenzaría a descender a partir de 2021. La deuda se estabilizaría en 36% del PBI y los intereses, en 1,8 por ciento.
La realidad
Cuando resta un trimestre para culminar el año proyectado, -que estamos viviendo-, demás está decir que resulta difícil pensar que existía algún elemento científico o dato de la coyuntura que sostuviese aquellos números. Quien creyó en el mejor equipo de los últimos 50 años, sea empresario Pyme, asalariado o cuentapropista, se dio de bruces contra la confianza que hoy es el único pre-supuesto tangible: la incredulidad.
El dólar hoy ronda los 40 pesos. La inflación ha sido del 3,9 % en el agosto que pasó, con un 24,3 % acumulado en el año, y las consultoras privadas estimaron casi el 3 % de crecimiento de precios en la primera quincena de setiembre.
Se espera un 6 % para el final del mes, que es la proyección más o menos cierta que se puede hacer -a 15 días- con lo que, a este ritmo y con los índices de precios que aún no fueron impactados, de lleno, por la devaluación y la inflación mayorista, se especula con un cierre por encima del 43 % de crecimiento de precios para 2018.

Lejos del pretencioso 3,5 % de crecimiento, que deberíamos estar transitando, el propio Dujovne dibujó los números para que se ubiquen en una caída del 0,5 %, cuando se acuerda, entre los consultoras, que el desplome será cercano al 1 %.
FICCIÓN 2019
1. “Que bruto el ingreso, póngale cero”
La literatura presupuestaria presentada al Congreso por el Ejecutivo nacional, ilusiona con romper la racha de una década de déficit fiscal. Según el ensayista, Dujovne, el Estado nacional pasará del 2,6% de déficit primario en 2018, a 0% en 2019. ¿Cómo lo haría? Fácil, aumentando la presión fiscal sobre un mercado interno en terapia intensiva y recortando egresos que sostienen que ese mismo mercado no caiga estrepitosamente: subsidios.
El esfuerzo lo harían las provincias con lo que las asimetrías geográficas, entre regiones pobres y no tanto, se acrecentarían ensanchando otra de la grietas verdaderas de un país que alguna vez fue Federal.
2. Piden queso le dan hueso
Es gasto para evitar el colapso social aumentará 32% y la seguridad social 35%. La trampa es que ese aumento programado hoy, setiembre de 2018, para todo 2019 será, en realidad, una disminución de la ayuda real. Con la inflación esperada para el próximo ejercicio, más la que aún queda del presente año, el salvavidas de plomo para los sectores más vulnerables que crecerán, como tal, por la recesión esperada, bajaría trágicamente en el poder adquisitivo que no se mide ahora en dólares, sino en consumo de productos para subsistir.
Misma trampa esconde la propaganda en Salud Pública, donde se baraja un 29% de crecimiento presupuestario y, entre líneas, se avizora el impacto de lleno de la devaluación en los precios de medicamentos. La inversión programada alcanzará un crecimiento de un 95%. Con lo que habría de esperar planes sociales de salud para sostener el aprovisionamiento de medicamentos, a la vez que la piña iría a los sectores fuera de la vulnerabilidad social mencionada.
Los productos farmaceúticos no acompañaron, aún, la devaluación aunque sabemos que el mercado está cruzado, mayormente, por importaciones y laboratorios trasnacionales.
Misma trampita, en la ficción presupuestaria, se maneja también para asistencia social + 29% y los programas de alimentos crecen + 60%, pero se licúan por la variante inflacionaria y, sobre todo, por la incorporación de ciudadanos a la pobreza e indigencia de la mano de las propias previsiones recesivas del gobierno.
Obras a la mano
La gran olla que tendrá el gobierno para rascar en 2019, será la obra pública -sí la de la ahora “familia ensamblada” de la patria contratista de los cuadernos-. Se prevé una inversión de 160 mil millones para el plan de infraestructura nacional, que pretende terminar las obras en ejecución, sin agregar -mayormente- obras nuevas.
El Presupuesto Nacional 2019 presentado, asegura -con ceño fruncido y determinación- que los aumentos en las tarifas de los servicios públicos no crecerán “por encima de la inflación”. Ecuación que apenas cumple el rol de dar seguridad a las prestadoras de que no serán, los servicios, el lastre de la inflación. Por lo demás, tal afirmación resulta bastante humorística -de mal gusto- porque el Estado nacional, en el mismo presupuesto transfiere la variable de los servicios esenciales a las provincias. Con lo que estaría jugando con fondos ajenos.

Sostiene Dujovne
Luego del “ataque de caspa” que lo tuvo internado, el Ministro y ex periodista, Nicolás Dujovne, presentó este lunes 17, día del profesor, el presupuesto 2019 elaborado por su equipo. Con los dientes pegados y la boca entre abierta, como para simular una sonrisa, el funcionario se mostró -lo que ya es un avance- con un extraño optimismo, siendo que ni las previsiones deseadas dejan de ser crueles para el 2019 -2020, y subsiguientes.
Dujovne definió que “converger hacia el equilibrio fiscal es uno de los objetivos centrales de la política económica. Tras diez años consecutivos de déficit fiscal primario, estamos presentando un presupuesto con déficit cero”. A partir de la profundización de la crisis económica nacional, el Gobierno acudió nuevamente al FMI para solicitar una ampliación del acuerdo firmado tres meses antes. Una de las prendas de negociación fue el endurecimiento fiscal: de un déficit de 3,2 por ciento del PBI este año, al 2,2 por ciento en 2019 y 1,2 por ciento en 2020, el Ejecutivo presentó ahora un rojo de 2,7 por ciento estimado para este año, equilibrio fiscal el año que viene y un superávit del 1 por ciento en 2020.
“Estos cambios implican un ahorro de cinco puntos del PBI, unos 25 mil millones de dólares de acá a 2020. Sabemos que la desaceleración de la actividad, la inestabilidad cambiaria y la inflación afectan negativamente la calidad de vida de la población. Sin embargo, creemos que la economía argentina exhibió una gran resiliencia (capacidad de soportar situaciones traumáticas) en este proceso de convergencia”, dijo Dujovne.
Por el lado de los gastos, el Presupuesto oficial contempla una baja de las partidas destinadas a subsidios equivalente al 0,7 por ciento del PBI y la caída de 5 puntos porcentuales en el gasto de capital del Estado nacional. Dujovne también dijo que continuará “reduciendo el déficit operativo de empresas públicas que no son del rubro de transporte y energía junto a la baja de gastos en bienes y servicios no esenciales”.
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