PREMIO PARA EL CINE ARGENTINO
La película de Daniel Rosenfeld, La quimera de los héroes, recibió el premio Cittá di Roma al Mejor Nuevo Director entre las películas del “área latina” del Festival. El premio, otorgado por Instituto Italiano para el Cine de los Países Latinos que preside Gillo Pontecorvo, contó con un jurado de lujo: el mismísimo realizador de La batalla de Argelia, y los directores de los festivales de Río de Janeiro, Locarno y Nantes.
Mejor filme resultó El milagro, del italiano Edoardo Winspeare. Por estos premios competían 25 películas, cinco de América latina y veinte del “área latina” de Europa. Rosenfeld recibió el premio de manos de Pontecorvo, en el mítico Hotel Des Bains. El filme argentino, recibido muy bien por la crítica italiana y europea, cuenta la historia de un entrenador de rugby (Eduardo Rossi) que dirige un equipo de tobas formoseños.
Si se pensaba que ya no habría lugar para otras “muertes en Venecia” como la de Imagining Argentina, estábamos equivocados. Aquí hubo otra, que merece un análisis más profundo. En realidad, el filme que recibió un coro de abucheos y tímidos aplausos es una obra más que interesante: 29 Palms, del francés Bruno Dumont (La humanidad). Es un filme sobre una pareja que viaja a un desierto, y pasa unas largas jornadas allí. Lo que motivó la huída es el extremo minimalismo de la puesta: la pareja viaja, para en un motel, sigue viajando, camina, hace el amor, se pelea. Esa letanía cotidiana (algo similar a la de Gerry, de Van Sant, o a Zabriskie Point, de Antonioni) puede resultar fascinante o fastidiosa.
Ante la prensa, el director prefirió no dar muchas explicaciones: “Es un filme simple sobre cosas simples, que se tiene que apreciar desde el estómago”. A la hora de los puntajes, la crítica se dividió: algunos usaron el estómago, otros prefirieron dar patadas, generando un balance entre ceros y ochos.
Menos división provocó la llegada del esperado Buongiorno Notte, del veterano Marco Bellocchio, que cuenta el secuestro del socialdemócrata Aldo Moro, en 1978, episodio que Bertolucci describió como “el verdadero final del sueño de los ”60″. El filme es un sólido aunque oscuro relato del hecho, basado en la memoria de una secuestradora de las Brigadas Rojas que flaquea a partir de la conducta de Moro y de la vibración que recoge en la calle, ya que era la única que salía del departamento.
Raras pero efectivas son las secuencias oníricas en un filme que exagera el uso de imágenes televisivas, lo mismo que con la música que combina temas de Pink Floyd con fragmentos de la Misa criolla de Ariel Ramírez, interpretada por Mercedes Sosa.
No fue el único uso de música argentina en la jornada: La casa de los Babys, de John Sayles, cierra con la versión de Atahualpa Yupanqui de la canción de cuna/protesta Duerme Negrito. El filme toma a un grupo de mujeres norteamericanas que esperan en una ciudad costera de un jamás nombrado país centroamericano para adoptar bebés locales. El elenco incluye a Daryl Hannah, Maggie Gyllenhal, Marcia Gay Harden y Lili Taylor, y es una serie de personajes esquemáticamente definidos cuya misión es poner en juego distintas posturas sobre el tema de la relación entre los Estados Unidos y América latina, tomando la “adopción” como metáfora.
Al que habrá que pedirle la receta es a Michael Winterbottom. El inglés es una versión moderna de los viejos artesanos de Hollywood, capaz de estrenar dos filmes por año, ir a festivales y ganar premios. Lo curioso es que todos difieren en género y estilo. Winterbottom, que venía de ganar en Berlín 2003 con el drama sobre inmigrantes In This World, trajo aquí Code 46, de ciencia-ficción, tan fresquito que lo presentó sin créditos. Código 46 luce como una superproducción, rodada en Shanghai, India y los Emiratos árabes, y con Tim Robbins y Samantha Morton como protagonistas de una historia de amor en un futuro manejado por una empresa que manipula y controla genéticamente a los habitantes. Similar a Blade Runner en su combinación de romance y drama futurista, pierde bastante por el lado de la narración.
El cierre trajo otro pequeño escandalete, relacionado con la coreana The Good Lawyer”s Wife, de Im Sangsoo. El director de Tears cuenta otra historia de cuadrículas amorosas en Seúl (pareja casada, cada uno con un amante), con escenas de sexo bastante furiosas (y bastante poco románticas, otra costumbre). Algo más ácido y cruel que sus celebrados pares Lee Chang Dong y Hong Sang-soo, Im logra interesar con una historia de aristas complejas que se torna innecesariamente truculenta.
Este contenido no está abierto a comentarios

