PREOCUPACIÓN MUNDIAL: ESTÁ INTERNADO EL PAPA
El delicado estado de salud del Papa, desde hace unos días con gripe, se agravó ayer dramáticamente. Debido a una crisis respiratoria, pasadas las 22.30 (las 18.30 en la Argentina) fue internado de urgencia en el Policlínico Gemelli de esta ciudad.
“El síndrome de influenza que padece el Santo Padre desde hace tres días esta noche se ha complicado con una laringo-traqueítis aguda y crisis de laringoespasmo. Por estos motivos se decidió su urgente internación”, dijo su vocero, Joaquín Navarro Valls, pasada la medianoche local.
En medio de un clima de gran alarma, Navarro Valls poco más tarde debió salir a desmentir los rumores que indicaban que el Santo Padre, que en mayo cumplirá 85 años, estaba en terapia intensiva.
En otras declaraciones que dieron la vuelta al mundo se indicó que el Papa se encontraba en su habitación del décimo piso del hospital Agostino Gemelli, la misma en la que en otras ocasiones el Pontífice se vio obligado a permanecer debido a distintos problemas físicos, donde estaba siendo sometido a varios exámenes clínicos. Fue trasladado allí en una ambulancia sin insignias, que siempre está a su disposición, desde el Palacio Apostólico.
Confirmando la hipótesis de que el Papa pudo haber superado la crisis aguda, está el hecho de que a la 1.20 su médico personal, Renato Buzzonetti, y el director sanitario del Gemelli dejaron el hospital, según trascendió.
El Papa sufre desde hace años el mal de Parkinson, tiene problemas de habla y de respiración, y está prácticamente inmovilizado en un trono-silla de ruedas.
Aunque al principio se dijo que la internación era por “precaución”, después de la explicación dada por Navarro Valls –que detalló que la complicación se debía a una laringotraqueítis y un laringoespasmo–, fuentes vaticanas admitieron que el Papa tuvo repentinamente dificultades al deglutir y al respirar.
Por eso, apenas fue internado se le realizaron distintos estudios, entre ellos una radiografía del pulmón y una tomografía computada, indicaron desde el Vaticano, que precisó que el Papa no debió ser intubado.
Ni bien comenzó a circular la noticia de la internación del Santo Padre, decenas de cámaras de TV de canales del mundo se apostaron frente al policlínico Gemelli, un lugar más que vigilado donde, mirando hacia el piso diez, podían notarse las luces prendidas de la habitación papal, pese a que las persianas estaban bajas.
Ayer por la mañana, por segundo día consecutivo, un escueto comunicado había indicado que “continúa, como previsto, la evolución del síndrome de influenza que ha golpeado al Santo Padre”, por lo que “se han postergado las citas programadas para los próximos días”.
El Papa, que en su última aparición pública, el domingo pasado, se había mostrado visiblemente resfriado, con la voz ronca e incomprensible, ya había suspendido sus audiencias del lunes, siempre debido a la gripe, enfermedad que en este momento padece un millón de italianos.
Aunque el Vaticano intentó minimizar estas suspensiones y dijo, por ejemplo, que el Santo Padre no había tenido fiebre, la gripe del Papa despertó enseguida preocupación en el ambiente de los vaticanistas (periodistas especializados en el Vaticano).
Todo el mundo sabe, en efecto, que en un hombre frágil y enfermo como Karol Wojtyla, que además del mal de Parkinson últimamente padece dificultades respiratorias, un simple resfriado puede resultar más que peligroso, transformándose en algo más grave como la neumonía.
Fuentes vaticanas, no obstante, insistían ayer en que Juan Pablo II no había tenido fiebre en las últimas 48 horas –sino solamente el domingo último, cuando probablemente tomó frío mientras soltó dos palomas de la paz desde su ventana–, y que su gripe “no es causa de preocupación”.
Por la tarde, al referirse a la postergación de las citas, el mismo Navarro Valls había dicho a Radio Vaticano: “No puedo, naturalmente, prever si [esto durará] un día o tres, pero lógicamente será un aplazamiento de breve espacio de tiempo”. Simultáneamente, había afirmado que el Papa le estaba muy agradecido a la gente que rezaba por él: “Esa cercanía tiene un valor muy grande para él”, dijo.
Esta madrugada, mientras la gente comenzaba a acercarse al Policlínico Gemelli para orar por Juan Pablo II, fuentes del Vaticano seguían insistiendo en que la internación no debía ser causa de alarma. Los médicos consultados por canales informativos, sin embargo, no ocultaron su preocupación ante el cuadro de infección respiratoria aguda del Santo Padre, por tratarse de un paciente de “alto riesgo”.
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