“Preocupación” por el decreto anti-inmigrantes de Trump
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“Nosotros somos mensajeros de otra cultura, la de la apertura”, dijeron desde la Santa Sede, en consonancia con el mensaje del papa Francisco.
El Vaticano salió ayer a expresar su “preocupación” por el polémico decreto migratorio firmado por el presidente estadounidense, Donald Trump, que causó una ola de rechazo en su propio país y fuertes críticas en el resto del mundo.
“Ciertamente hay preocupación porque nosotros somos mensajeros de otra cultura, la de la apertura”, dijo el arzobispo Angelo Becciu, sustituto de la Secretaría de Estado del Vaticano a un canal de televisión católico, tras ser consultado sobre la política migratoria puesta en marcha por Trump, así como sobre su promesa de construir un muro en la frontera con México. “El papa Francisco, de hecho, insiste en la capacidad de integrar a los que llegan en nuestras sociedades y culturas”, afirmó Becciu, tercero en la jerarquía vaticana.
Si bien fue el primer comentario de la Santa Sede desde el controvertido decreto, varios obispos estadounidenses en los últimos días ya habían roto el silencio. En línea con el Papa, el cardenal Blase Cupich, arzobispo de Chicago, el domingo aseguró que es “un momento oscuro en la historia de Estados Unidos” y que el decreto anti-inmigrantes está “en contra de los valores católicos y estadounidenses”.
Coincidió el obispo de San Diego, California, Robert McElroy, que en otra fuerte declaración aseguró que Estados Unidos pasaba por “un momento vergonzoso” y sin medias tintas acusó al decreto de Trump “basado en slogans de campaña enraizados en xenofobia y prejuicios religiosos”. Entre otros, también el cardenal Daniel Di Nardo, de Galveston-Houston, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, y el arzobispo José Gómez, de Los Ángeles, vicepresidente, se pronunciaron en contra de la orden ejecutiva sobre refugiados, destacando la importancia de la defensa de todas las religiones.
En una entrevista a El País que concedió el 20 de enero, justo el día en que el asumió Trump, el Papa fue cauto: “veremos lo que hace y ahí se evalúa”, dijo. Al regresar de México, en febrero del año pasado, preguntado en el avión sobre la promesa del entonces candidato Trump de construir un muro en la frontera, aseguró que “no es cristiano” levantar muros.
En un telegrama de felicitaciones que le envió ese mismo 20 de enero al flamante mandatario, al margen de augurarle los mejores deseos y rezar para que Dios le concediera sabiduría, Francisco también le recordó sus principales preocupaciones. “En un momento en el que la familia humana se encuentra acosada por graves crisis humanitarias que demandan respuestas políticas de largo plazo y unión, rezo para que sus decisiones sean guiadas por los ricos valores éticos y espirituales que han formado la historia del pueblo estadounidense y por el compromiso de su nación en el avance de la dignidad humana y la libertad en el mundo”, escribió. Auspició, además, que “bajo su liderazgo, la estatura de los Estados Unidos pueda seguir siendo medida sobre todo por su preocupación por los pobres, los marginados y los necesitados que, como Lázaro, están frente a nuestra puerta”.
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