PREOCUPAN LOS ARREBATOS A CHICOS EN LA ZONA SUR
Víctimas cada vez más jóvenes son blanco de arrebatos en la zona sur de la ciudad. A principios de esta semana tomó estado público el caso de un niño de 12 años al que le sustrajeron su mochila en la puerta del Colegio Inmaculada. El rápido accionar de un celador -que lo persiguió y dio aviso a la policía- permitió recuperar las pertenencias y apresar al delincuente, de tan sólo 15 años.
Muy cerca de donde sucedió este hecho, los chicos ya ni siquiera se animan a caminar solos. En inmediaciones al club El Quillá, detrás del Parque del Sur, “son permanentes” los robos de mochilas, celulares, botines y demás objetos de valor.
Juan Frabotta es profesor de gimnasia de la institución. La semana pasada reunió a sus alumnos y les pidió que “traten de no venir solos, que anden en grupo y que les pidan a los padres que los traigan y los busquen”.
Su propio hijo fue víctima de un robo días atrás. “Pero es permanente, te lo aseguro porque trabajo en esa zona. Atrás del parque está muy desprotegido y a los chicos los viven asaltando, se aparecen de golpe y les piden que les den lo que tienen y les tienen que dar”.
La policía sólo tiene registrados cuatro casos similares en ese sector desde comienzo de año. Lo que sucede es que muy pocos padres se presentan en la comisaría a efectuar la denuncia.
“Lo que sirve toda vez que la gente sufre un hecho de esta naturaleza es que den aviso a la policía y hagan la denuncia a los efectos de actuar dando una respuesta rápida al pedido de la comunidad”, remarcó el comisario principal Rafael Grau, jefe de la División Relaciones Policiales.
“La policía tiene movimiento en el sector, hay móviles de patrulla urbana, del comando radioeléctrico, de la brigada motorizada que patrullan. Pero es importante que den aviso a los efectos de acudir inmediatamente”, señaló.
Por temor cambian hábitos
Lo cierto es que los niños -la mayoría tiene entre 10 y 12 años- están atemorizados: “Saben que en cualquier momento les puede pasar algo y que cuando les intenten robar no deben resistirse, tienen que darle todo lo que tengan”.
Un papá contó que el fin de semana pasado a un amigo de sus hijos les robaron la mochila y el celular en pleno día. A otro intentaron sacarle la bicicleta la semana anterior en el camino de acceso al club. “Zafó pero no quiere ir más en bici. Hay papás que no quieren que sus hijos vayan más en colectivo”, confesó con preocupación. Por las dudas él los lleva y los trae siempre.
Los ladrones tienen apenas unos años más que los niños: entre 15 y 16. Pero es suficiente para ejercer superioridad a la hora de llevarse lo de otros sin siquiera exhibir un arma.
Lo frecuente de la situación obligó a cambiar algunos hábitos. Ya no salen del club a comprar gaseosas en un kiosco cercano porque una vez corrieron a un grupo de cuatro; tampoco caminan solos hasta las canchas de fútbol ubicadas al lado del Instituto de Educación Física, después de que siguieron a otros.
Hace unos días el profesor Frabotta recibió un llamado de un alumno que estaba escondido en el club Marangoni, tras ser perseguido por un delincuente para robarle la bicicleta. “Me pidió que lo vaya a buscar”.
La semana pasada, a alumnos de la escuela Sagrada Familia -que tras organizar detalles de un torneo en el club- esperaban el colectivo en la esquina de J.J. Paso y 1º de Mayo les llevaron la mochila. Eran las 12 del mediodía.
También a adolescentes
Los adolescentes también son blanco de asaltos en la vía pública. “Venía caminando tranquilamente y aparecieron tres tipos, me amenazaron y me pidieron plata. Se las dí. Y me pidieron puchos, que no tenía. Me ven un bulto en el bolsillo, era el celular. También me lo robaron, no podía decir nada”.
Esto ocurrió hace más de un mes, a las 7 de la mañana, en 3 de Febrero entre 9 de Julio y San Jerónimo cuando un joven volvía del boliche. “Ahora me tomo un taxi y sólo camino si somos muchos, trato de evitar esas situaciones porque cuando te amenazan te inhibís”, confesó. Y aseguró que “a los más chicos les pasa con frecuencia y eso es lo preocupante porque se están metiendo con los más indefensos”.
Con la idea de que “hacer la denuncia no sirve para recuperar lo que robaron”, la mayoría de los damnificados no acude a la policía. Lo cierto es que, aunque no se encuentren los objetos, y menos al delincuente, al registrar la denuncia de lo ocurrido se aportan datos a las fuerzas de seguridad para que tomen conocimiento, presten más atención y adopten medidas que permitan prevenir y desalentar el delito.
De lo contrario, la policía seguirá pensando que este tipo de hechos no son constantes ya que desde que comenzó 2006 sólo tienen conocimiento de que en barrio Sur ocurrieron cuatro hechos de estas características (dos de los cuales fueron esclarecidos) porque pocos hicieron la denuncia.
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