PREPARAN NUEVAS EMISIONES DE DEUDA
La ministra Felisa Miceli recitó ayer ante varios de los más caracterizados ejecutivos de la comunidad local de negocios un catálogo del “nuevo modelo económico”, según lo definió.
En esa lista enumeró la necesidad de preservar reglas macroeconómicas consistentes (entre las que puso como prioridad la solvencia fiscal intertemporal), el mantenimiento de un tipo de cambio “previsible y competitivo”, una política monetaria compatible con el crecimiento (“con tasas de interés acordes con las necesidades de la producción”) y el desendeudamiento, como gusta llamar el Gobierno a la cancelación neta de deuda.
Esa última referencia dio paso a una de las novedades del día: por primera vez se refirió a un programa financiero con objetivos bianuales (2006-2007), que apunta a cambiar deuda de corto plazo por otra de largo plazo. “Seguramente saldremos con próximas colocaciones en muy breve plazo. Estamos siguiendo la evolución del mercado para hallar la mejor oportunidad de salida”, acotó, al ser consultada sobre próximas emisiones tras la reciente colocación del Bonar V, por US$ 500 millones.
Pero el dato en que más repararon los empresarios fue otro. La mención que, sobre el cierre de su mensaje, Miceli leyó sobre los objetivos que el Gobierno y el equipo económico planean tener cumplidos cuando en 2010 se celebre al Bicentenario. “Haber recuperado los niveles de inclusión y equidad que tuvimos hace unas décadas”, dijo, lo que se interpretó como una elíptica admisión del deseo que la actual administración tiene de acceder a un segundo mandato.
Miceli disertó durante un almuerzo que en su honor brindó el Consejo Interamericano de Comercio y Producción (Cicyp), que preside Julio Werthein, ante unos 200 empresarios que la recibieron con respeto, pero sin entusiasmo ni mayores expectativas.
Sin sorpresas
“Sería sorprendente que de aquí surgiera algún anuncio”, señaló a LA NACION antes de comenzar el representante de un laboratorio nacional, consciente de que esa facultad es hoy casi exclusiva del Presidente o de sus ministros más cercanos. Su pálpito se cumplió. Miceli leyó con esmero y poca soltura 13 páginas que le bastaron para ratificar el rumbo de la política económica y refutar críticas, pero no dejó novedades. Así, por ejemplo:
Defendió la suspensión de las exportaciones de carne y la calificó de una medida de excepción. “Cuando pase la emergencia y se garantice la oferta interna de carne a precios razonables, la Argentina va a volver al mercado”, afirmó.
Hizo lo propio con los acuerdos de precios, tras recordar que son “voluntarios”, afirmar que sirvieron para quebrar las expectativas alcistas y recordar que la inflación es sólo “un fenómeno transitorio”.
Quienes la escucharon sólo la premiaron con dos aplausos: el primero -de cortesía- cuando se dirigió al estrado, y el segundo, al finalizar su mensaje. En el medio no hubo interrupciones en señal de aprobación.
Esa distancia, palpable por esa clase de demostraciones, sólo se rompió durante el tradicional “besamanos” que acompaña el ingreso o la partida de los funcionarios de alto rango en este tipo de encuentros, de concurrencia obligatoria para cualquier lobbista.
Tal vez por eso tanto Werthein como su sucesor en la presidencia de la Bolsa porteña Adelmo Gabbi (de afinidad kirchnerista) se convirtieron en verdaderos laderos de la ministra durante el almuerzo hasta lograr que se sintiera cómoda; algo que quedó demostrado cuando la convencieron de que degustara el postre pese a que una de sus secretarias (tiene 3) y su vocero, Silvio Robles, pugnaban por llevársela “porque tiene que ver al hombre”, según deslizaron.
Antes, los organizadores habían cometido un desliz que para la religión kirchnerista podría ser interpretado como un pecado.
Incluyeron en el menú, y como plato principal, un lomo de ternera, que la ministra y el jefe de la AFIP, Alberto Abad, hicieron honor pese a que la faena de este tipo de vacunos (de hasta 280 kilos) quedó prohibida por la Secretaría de Agricultura desde noviembre pasado, cuando obligó a que sólo se comercializaran animales por encima de ese límite, en un intento de incrementar la oferta de carne.
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